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La Divina Misericordia y Su Familia

4/1/2016

por el Arzobispo William E. Lori, Capellán Suprem

Arraigadas en los sacramentos, las familias están llamadas a ser agentes de misericordia en sus hogares y en el mundo

Arzobispo William E. Lori

CUANDO USTED y su familia llegaron a su parroquia para la Misa de domingo de Pascua, puede haber notado que el estacionamiento estaba más lleno que de costumbre. De hecho, la iglesia probablemente estaba llena a rebosar. Cuando yo celebro la Misa de domingo de Pascua, siempre estoy feliz de ver que tanta gente llena las bancas. Sin embargo, en muchas parroquias, especialmente en el Norte de América, las multitudes desaparecen el domingo siguiente. Tradicionalmente ha sido llamado “domingo de baja”, ¡Y no pocos pastores lo han bautizado como domingo “de baja asistencia”!

Desde que el Papa Juan Pablo II canonizara a Santa Faustina Kowalska en abril de 2000, el segundo domingo de Pascua se ha dado a conocer como domingo de la Divina Misericordia, y es una maravillosa clave para la celebración extendida de la Pascua en la Iglesia. Durante Semana Santa y en domingo de Pascua, la Iglesia recuerda y en cierto sentido revive la victoria del Señor sobre el pecado y la muerte. Pascua es una celebración del amor misericordioso del Señor; un amor que es sensible y personal, y aun así es un amor tan fuerte que triunfa sobre el pecado y la muerte.

MISERICORDIA EN NUESTRO TIEMPO

Después del domingo de Pascua, no queremos simplemente regresar al “funcionamiento habitual”, viviendo como si el Señor no hubiera venido al mundo, viviendo como si Él no hubiera muerto por nuestros pecados, viviendo como si Él no se elevara triunfante, dándonos la posibilidad de encontrar misericordia, perdón, la restauración de la verdadera alegría en nuestras vidas.

En una era en que la asistencia a Misa está en declive, las familias de Caballeros de Colón deberían adoptar como prioridad participar en Misa cada domingo y alentar a nuestras familias extendidas a participar también en la Misa de domingo. Es fácil imaginar al Padre McGivney diciendo a los feligreses en la iglesia de St. Mary que los extrañaba si no iban a Misa. Desde su lugar en la Eternidad el Padre McGivney debería vernos a todos nosotros en la iglesia cada domingo.

Qué fácil es olvidar incluso los mayores regalos de Dios, y ninguno es mayor que su Hijo, quien es la “Misericordia Encarnada”. O como el Papa Francisco lo dijo al anunciar el Año de la Misericordia, Jesucristo es “el rosto de la misericordia del Padre”.

En Polonia, en la década de 1930, a la Hermana Faustina Kowalska se le concedieron extraordinarias revelaciones concernientes a la misericordia de Dios. Ella recibió este mensaje de la Divina Misericordia en un tiempo en que el mundo estaba acosado por las guerras y gobiernos totalitarios. Este mensaje no es menos crucial en nuestros tiempos conflictivos, entre amenazas de terrorismo, persecución religiosa y un secularismo sin misericordia.

Pienso en lo preocupados que deben de estar mis Hermanos Caballeros cuando ven a sus hijos y nietos crecer en un mundo así, que a pesar de sus muchas bendiciones también se ha convertido en un lugar más áspero y menos civil. En las palabras del difunto Cardenal Francis George, vivimos en un mundo que “permite todo y no perdona nada”. Qué importante es que todos nosotros, incluyendo las familias de Caballeros de Colón, aprovechemos el poder de la misericordia de Dios, mientras buscamos vivir los principios de la Orden y construir nuestro mundo quebrantado en una verdadera Civilización de Amor.

LA FAMILIA: UNA ESCUELA DE AMOR

Al igual que la Iglesia existe para compartir la entrega de Dios y su amor misericordioso, así también la iglesia doméstica, la familia, está llamada a compartir la entrega de Dios y su amor misericordioso. Esposos y esposas conocen, por experiencia, cuán importante es compartir el amor de Dios el uno con el otro, y también con sus hijos. La familia es una escuela de amor, una escuela donde la gente joven aprende cómo dar de sí mismo a otros y donde ellos aprenden cómo ser perdonados y perdonar a su vez.

Sin duda tal formación en amor y misericordia es más fácil de decir que de hacer. El Papa Francisco identificó con precisión los retos que los jóvenes enfrentan al aprender el arte de darse a sí mismos a través del amor, que sabe cómo perdonar y ser perdonado. Hablando de la belleza y bondad de la vocación del matrimonio, el Santo Padre dijo a los jóvenes “En una cultura de relativismo y de lo efímero, muchos predican la importancia de ‘disfrutar’ el momento. Ellos dicen que no vale la pena hacer un compromiso para toda la vida, tomar una decisión definitiva, ‘para siempre’, porque no sabemos lo que el mañana traerá. Yo les pido que, en lugar de eso, sean revolucionarios… rebélense contra esta cultura que todo lo ve como temporal y que, en última instancia, cree que ustedes son incapaces de una responsabilidad; que cree que ustedes son incapaces del amor verdadero”.

Todo esto nos hace retroceder a lo que celebramos en Pascua y el domingo de la Divina Misericordia. Como en cada domingo, celebramos en la santa Misa el triunfo de la misericordia de Dios. Pero esta época es también un tiempo en que muchas más personas reciben el sacramento de la penitencia, toman parte en la adoración y bendición del Santísimo Sacramento, y rezan juntas la Coronilla de la Divina Misericordia. Además de asistir a Misa cada domingo, las familias tienen la oportunidad de experimentar tales devociones fuera de la Misa. Considerando la oportunidad de encontrarse con la presencia sacramental de Cristo de estas formas, muchos jóvenes le abrirán sus corazones.

Aquí hay un momento de gracia para experimentar el amor misericordioso de Dios, el verdadero amor que los padres están llamados a transmitir a sus hijos. ¡Hago oración para que usted y su familia se regocijen en el poder del amor misericordioso de Dios y se conviertan en agentes de Su misericordia en nuestro mundo!