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El don de la vida

1/1/2018

por Carl A. Anderson, Caballero Supremo

Las enseñanzas de Humanae Vitae y los adelantos en la ciencia de la fertilidad pueden ayudarnos a construir una cultura de la vida

Carl A. Anderson

Carl A. Anderson

A medida que nos preparamos para celebrar el 45° aniversario de la decisión del caso Roe v. Wade por parte de la Suprema Corte de EE.UU., nos viene a la mente otro aniversario. El mes de julio se cumplirán 50 años de Humanae Vitae, la encíclica de 1968 del Papa Beato Paulo VI sobre la regulación de la natalidad.

Los legados de ambos están relacionados con los extraordinarios adelantos científicos que abrieron nuevos métodos tecnológicos para controlar la transmisión de la vida humana.

Cuando la Suprema Corte revisó el caso Roe en la decisión de 1992 de la Paternidad Planeada contra Casey, 5 de 4 personas sostuvieron que Roe no podría ser revocada ya que durante dos décadas, las personas tomaron decisiones acerca de su vida y relaciones “confiando en la disponibilidad del aborto en caso de que la contracepción fallara”.

El Papa Paulo tuvo una respuesta muy diferente para dichos desafíos — una de ellas se describió como “personalismo cristiano”. En Humanae Vitae, escribió lo siguiente acerca del amor conyugal: “de forma que los esposos se conviertan en un solo corazón y en una sola alma y juntos alcancen su perfección humana. Es un amor total. … Quien ama de verdad a su propio consorte, no lo ama solo por lo que de él recibe, sino por sí mismo” (9).

Humanae Vitae proclama que toda persona es digna de ser amada y respetada por sí misma y que posee una integridad que es inviolable. Hoy, dicha proclamación es más necesaria que nunca antes, ya que los experimentos científicos en áreas como la inteligencia artificial, la robótica y la manipulación genética traspasan los límites pasados incluso de los escritores más imaginativos de ciencia ficción.

En su encíclica Laudato Sí’, el Papa Francisco escribió: “La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación” (155).

La ciencia y la tecnología nos enfrentarán a nuevas preguntas acerca del significado de ser humanos. Así, las respuestas serán cada vez más difíciles a medida que se difumina la línea entre la realidad y la realidad virtual.

Hoy, al igual que en 1968, Humanae Vitae forma parte importante de la respuesta de la Iglesia. Lamentablemente, algunos aprovecharán la ocasión del aniversario para reavivar antiguas controversias, pero dicho enfoque perderá su valor perdurable.

San Juan Pablo II promovió Humanae Vitae, aunque consideraba que se requería de enseñanzas más amplias para lograr mayor aceptación. Es una de las razones por las que desarrolló una “teología del cuerpo”, y por las que le dedicó tanto tiempo.

Pero ya en 1968, defensores de la planificación familiar natural, como mis amigos los Doctores John y Evelyn Billings, acogieron Humanae Vitae y apoyaron sus enseñanzas con un método natural de gestión de la fertilidad que hoy se conoce como el Método de Ovulación Billings.

El año pasado, la Unión Europea certificó una nueva aplicación móvil que emplea un algoritmo desarrollado por un físico galardonado con el Premio Nobel para medir la temperatura del cuerpo de la mujer con el fin de predecir con precisión la ovulación. De acuerdo con una fuente noticiosa inglesa, la aplicación, conocida como Ciclos Naturales, “puede marcar el final de las medidas de control de la natalidad intrusivas y hormonales”.

Dicho resultado no podía llegar en un momento más oportuno. La Organización Mundial de la Salud clasificó como cancerígenos del Grupo 1 los anticonceptivos orales compuestos por estrógenos y progesterona. Lo anterior significa que se conocen como cancerígenos para las mujeres, lo que aumenta su riesgo de cáncer hepático, cervical y mamario.

Los métodos de planificación familiar natural exhortan a las mujeres a comprender mejor los delicados procesos naturales de su cuerpo. Las exhortan a una mejor comunicación y respeto entre parejas.

Quizás esta nueva “ciencia” del cuerpo permitirá a una nueva generación de conyugues católicos vivir una auténtica teología del cuerpo en su matrimonio y ayudará al mundo a redescubrir la dignidad de la vida humana y del amor.

¡Vivat Jesus!