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133a Convención Suprema de
Caballeros de Colón
Banquete de los Estados
Los cristianos y la guerra en Siria
4 de agosto de 2015

En mi país, Siria, los cristianos están atrapados en medio de una guerra civil y soportan la rabia de una yihad extremista. Y es injusto que el Occidente ignore la persecución que viven estas comunidades cristianas.

Los cristianos sirios están en grave peligro: podemos desaparecer en poco tiempo. Esperamos que los hombres y mujeres de buena voluntad de esta Gran Nación escuchen nuestro llamado y tiendan a sus hermanos en la fe una mano amiga para aliviar sus miserias.

Permítanme que les dé una idea de lo que está ocurriendo en la parte del mundo donde yo vivo:

Durante los últimos cuatro años, se ha hablado mucho de la guerra en Siria. Hemos escuchado sobre las consecuencias estratégicas, las influencias geopolíticas en la región y la violencia que aflige a la población inocente. Aunque no desestimo las consecuencias políticas de lo que sucede en mi país, debo llamar la atención sobre la suerte de los cristianos atrapados en esta turbulencia.

Para la Iglesia, lo más importante es que se restaure la paz. Y que, con paz, se establezca una democracia no confesional y plural, que garantice a todos los sirios los derechos que Dios les ha otorgado de vivir como ciudadanos hechos y derechos en el país donde ellos nacieron y descansan sus ancestros.

Las realidades en mi país y en la región son complejas y se entrelazan con numerosos matices históricos, sociales y religiosos. Permítanme que toque uno de los problemas medulares que atormentan a nuestros fieles y sus pastores en Siria, donde los líderes cristianos llaman constantemente a la reconciliación y la paz, al tiempo que los musulmanes llaman a la yihad y la exclusión, un tipo de apartheid para los que no son musulmanes.

Nuestra gente tiene miedo de salir de su casa, evitan salir de sus ciudades o aldeas, o sólo lo hacen para mudarse a otras regiones donde esperan encontrar un refugio seguro. En zonas peligrosas, como Alepo y las localidades cerca de Turquía, lo que aterroriza a la población, más que la lucha y los bombardeos, son los secuestros, los francotiradores, los coches bomba, los tiroteos y los saqueos…Todo esto culmina en la manifestación de ISIS.

Los cristianos son víctimas de una guerra de destrucción que llevan a cabo ciertos elementos extranjeros. Han promovido la violencia salvaje, inyectado enormes cantidades de dinero para comprar armas y contratar a decenas de miles de combatientes, yihadistas, fundamentalistas, la mayoría extranjeros y mercenarios reclutados en muchos países diferentes.

Yo no sé si Alepo ya ha sido designada como “zona de desastre” por las potencias internacionales. Pero lo que sí sé es que Alepo es realmente una zona de desastre: una zona de desastre humano, material y económico. Los habitantes de esta ciudad grande y hermosa con sus siete mil años de historia, tras cuatro años de una guerra sin sentido, se ven en una situación desesperada. La prosperidad que disfrutó Alepo y que la colocó entre las ciudades más importantes de esta región ya se ha perdido.

Innumerables ataques—el más reciente de los cuales fue el bombardeo del barrio cristiano en el fin de semana de Pascua—han destruido sus Iglesias, sus fábricas y su próspera industria, su infraestructura y sus instituciones sociales y administrativas, su área comercial y sus legendarios zocos, así como sus antiguas casas, sus escuelas y hospitales.

El resultado: Siria ha perdido una de sus principales fuentes de desarrollo económico. Luego, están las incontables frustraciones que ha tenido que soportar la gente de Alepo a causa del sitio, en especial la falta de alimentos, agua, energía y otros suministros esenciales. En una palabra, mi grey ha sufrido y ha sido el blanco inocente de una guerra que es injusta y devastadora.

Desde el inicio de esta guerra insensata, la Iglesia ha llamado a poner fin al conflicto armado y a entablar negociaciones para lograr una solución política a esta crisis; entretanto, más de la mitad de los cristianos han abandonado la ciudad. La Asamblea de los Obispos de Siria no ha dejado de exhortar a los creyentes a que oren, a los combatientes a que depongan las armas y a las naciones a que dejen de apoyar a los beligerantes y ayuden a alcanzar una solución negociada al conflicto.

En toda la región, al emprender la lucha en contra de ISIS, EE.UU. y sus aliados deben estar conscientes de que los cristianos y otras minorías a menudo quedan atrapados en la lucha, sin ningún lugar donde refugiarse, sin alimentos ni asistencia médica. La emergencia requiere que tomen en serio a las poblaciones vulnerables. Hace poco, el desastre azotó a la pacífica y discreta población de la ciudad de Idleb en el norte de Siria, donde ISIS ha ejecutado a cristianos, muchas personas han sido desplazadas y el párroco Padre Ibrahim Farah ha sido secuestrado. Y el 19 de abril, se difundió un video que muestra a ISIS masacrando a 22 cristianos coptos en Libia.

¿Qué horrores ha de cometer ISIS antes de que el mundo se decida a actuar en serio para detener los asesinatos?

Los cristianos deben poder contar con EE.UU. y sus aliados para detener esta guerra presionando a algunos países de la región, exigiendo un cambio de política por parte de sus gobiernos y suspendiendo, de manera definitiva, la ayuda a los terroristas que se encaminan a Siria. Y para asegurar una estabilidad política, es esencial que los líderes cristianos, tanto los laicos como el clero, tengan voz y presencia en la mesa de negociaciones. Los cristianos presentan una visión inspirada por valores democráticos y humanistas como puentes entre Chiitas y Sunitas, y pueden ayudar a desarrollar un sistema político que garantice los derechos de todos sus ciudadanos.

Finalmente, lo que es más importante, los cristianos—como todos los demás pueblos  cuya vida ha sido trastornada por años de combates—necesitan ayuda económica práctica para poder reconstruir su vida, en especial su vida profesional. Si los cristianos no reciben los medios para ganarse la vida, no podrán permanecer en Siria o Irak. La jerarquía que lamenta la emigración masiva poco puede hacer si las Iglesias no proporcionan a su grey medios concretos para reconstruir su vida. Los cristianos de Siria necesitan sentirse seguros  y quieren saber que no los dejarán solos en los días y años que vienen.

Por la gracia de Dios y con ayuda de organizaciones como la de ustedes, hemos podido responder de manera significativa a una buena parte de las necesidades humanitarias de nuestra gente.  Pero lo que realmente necesitaríamos hoy sería su amor y preocupación por nuestra iglesia que sufre y está tratando de vivir y seguir dando testimonio en esta tierra santa donde comenzó la vida cristiana y donde Pablo fue convertido, bautizado, ordenado al sacerdocio y enviado a convertir al mundo. Necesitamos su ayuda continua y su compromiso de nuestro lado, patrocinando nuestra búsqueda y nuestros esfuerzos para poder ver más allá de la crisis actual.

Por eso hago un llamado para que se cree “Construir para Quedarse”, una iniciativa social cristiana que necesita el apoyo de un “Fondo de Solidaridad”. Este fondo permitirá que los trabajadores—carpinteros, plomeros, profesores, abogados, artesanos y otros—se vuelvan a establecer profesionalmente,  adquieran el equipo y los suministros que requieren para empezar de nuevo, pare reconstruir la ciudad de Alepo y sus propias vidas.

Si esta iniciativa funciona en Alepo, se puede aplicar el mismo modelo en toda Siria y más allá. Cuando Dios nos otorgue paz y estabilidad, este programa reunirá a muchas personas y voluntarios para construir el futuro de nuestra comunidad. Esta iniciativa volverá a hacer de Alepo el vibrante centro comercial de Siria y el Medio Oriente en general. El apoyo de nuestros hermanos cristianos de Occidente es muy necesario. ¿Están dispuestos a escuchar nuestro llamado desesperado? Estaremos eternamente agradecidos si lo hacen.

Sin embargo, debe hacerse algo de inmediato, porque si la guerra continúa y no se restaura la paz en las calles y en nuestros corazones, puede perderse cualquier esperanza, para todos los sirios, tanto los cristianos como los musulmanes.

Si se prolonga la guerra civil en Siria, la violencia y el caos se apoderarán inevitablemente de los países vecinos. Podrán imaginar las crueles imágenes que nos esperan con las trágicas consecuencias para la presencia cristiana en Siria y los países circunvecinos.

Estoy convencido de que la primera tarea de los cristianos de todas partes es luchar por la paz en nuestra tierra y en nuestra región. Ésta es mi tarea como sucesor de los Apóstoles, mantener viva a la Iglesia en la tierra donde nació, una tierra santificada por la sangre de incontables mártires, en el pasado y en el presente.

Mi ferviente plegaria es que mis hermanos los obispos de EE.UU. y del mundo entero—que son también sucesores de los apóstoles tanto como yo—se unan a mí para aceptar esta responsabilidad compartida y hacer de “la suerte de los cristianos perseguidos en el Medio Oriente” una verdadera prioridad, y no tratarla meramente como una causa entre otras muchas. Es que el sufrimiento de mi gente es una herida en todo el Cuerpo de Cristo.

Sabemos que es una tarea difícil, pero nosotros los cristianos también sabemos que Aquel en quien hemos puesto nuestra confianza es fiel y nunca abandona a los Suyos: El que vino para quedarse con Su pueblo, nunca lo dejará para que se las arregle solo.


4 de agosto de 2015

Jean-Clément Jeanbart