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DISCURSO EN EL BANQUETE DE LOS ESTADOS DE LA 133ª CONVENCIÓN  SUPREMA DE CABALLEROS DE COLÓN
REVERENDÍSIMO BASHAR MATTI WARDA, C.SS.R.
ARZOBISPO CALDEO DE ERBIL, IRAK
4 de agosto de 2015

Saludos en Cristo Redentor

Les hablo desde Irak, la tierra de la Antigua Mesopotamia, donde hemos adorado a Dios como cristianos desde que los apóstoles Tomás y Tadeo nos trajeron por primera vez las enseñanzas de Cristo, hace casi 2,000 años. Pero, amigos míos, esta antiquísima comunidad cristiana, desde donde les traigo nuestras bendiciones y saludos más cálidos, atraviesa ahora lo que es quizás su época de mayor peligro. Con los brutales ataques de ISIS en el verano de 2014 contra nuestra fiel ciudad de Mosul, y luego las ciudades cristianas de la Llanura de Nínive, más de 125,000 hermanos nuestros fueron violentamente desplazados por la fuerza. Obligados a huir para salvar su vida, estos cristianos han tenido que abandonar sus casas, sus propiedades, su pasado, e incluso su propio legado. Las iglesias y los lugares sagrados donde la gente había rendido culto durante siglos ahora han sido destruidos y profanados, la santa Cruz ha sido sustituida por la bandera de ISIS. Muchas de estas familias huyeron a la relativa seguridad de la región de Kurdistán de Irak, donde ahora se preguntan cómo pueden seguir con sus vidas. Hermanos y hermanas, estas personas dependen de nosotros, de ustedes y de mí, y ahora les hablo en su representación.

Realmente, los cristianos de Irak enfrentan un futuro difícil y peligroso. Para nosotros es  desgarrador  ver cómo números sin precedentes de fieles dejan sus hogares para enfrentarse a un futuro desconocido y atemorizante como refugiados con pocas esperanza en Turquía, Jordania y Líbano, y que otros también piensan en irse. Como iglesia, no tenemos más opción que rezar por ellos. Ser un desplazado interno, en su propia tierra, es una experiencia extraordinariamente trágica. Aunque nos sentimos profundamente preocupados por la  actual situación política, cultural, económica y de seguridad, como iglesia no podemos convencer a nadie de que se quede o se vaya. Desde un punto de vista práctico, aún no tenemos suficientes trabajos como para alentar a los asalariados a que se queden.

Hasta ahora, más de 5000 familias han abandonado el país desde el verano de 2014. Algunas han sido acogidas en Europa, Estados Unidos o Australia, pero muchas más se encuentran ahora en campamentos de refugiados simplemente esperando que llamen su número. Están en Jordania, Líbano y Turquía, y su futuro está indefinidamente en espera hasta que pasen años, o quizás décadas. Entretanto, sus escasos recursos van disminuyendo hasta que no queda nada, y su existencia está al borde de la desesperación.

Debemos admitir que, como iglesia, no estábamos preparados para la crisis que nos invadió el verano pasado. No se le ocurrió a ninguno de nosotros que, de la noche a la mañana, viviríamos lo que sintieron nuestros antepasados a manos de los turcos hace cien años: la necesidad de huir por nuestra vida.  Estábamos dedicados a nuestras casas y pueblos, ocupados como iglesia y pueblo, con trabajo, en las actividades pastorales, el  catecismo y la promoción de una vida y meta con profundas raíces cristianas. Lo que nos cayó encima ha interrumpido y destruido todo lo que amábamos, excepto nuestra fe.

Pero sabemos que no hemos estado completamente solos, y seguimos esforzándonos todo lo que podemos por luchar contra la desesperación y el mal que la provoca. Por medio del apoyo y las oraciones de las personas de buen corazón como ustedes, hemos tratado de aliviar las necesidades de nuestras familias internamente desplazadas durante esta crisis, y de proporcionarles las necesidades básicas para la subsistencia donde hemos podido encontrarlas. Hemos convertido en refugios los jardines y los edificios públicos, los salones de catecismo, las tiendas de campaña y las estructuras de edificios incompletos, así como casas rentadas donde hemos tenido que colocar entre 20 y 30 personas por casa.

Al darnos cuenta de que la crisis iba a durar un largo tiempo y el invierno se acercaba, tomamos rápidas medidas para rentar casas para refugiados en diferentes secciones de la provincia de Erbil con el fin de colocar a 2000 familias  e instalar 1700 casas con una sola habitación. Ahora, todos los desplazados internos cristianos tienen al menos un alojamiento semi permanente. No es lo ideal, ni mucho menos, pero sin duda es mejor que las tiendas de un principio y los edificios a medio construir que eran lo mejor que podíamos ofrecer a muchos de ellos.

Al tender la mano para ayudarnos, ustedes habían expresado la esperanza de que nos esforzaríamos para conseguirles un alojamiento decente y oportunidades de un trabajo seguro.  Para lograrlo, nos dirigimos a ustedes para pedirles que se construyeran alojamientos de bajo costo, para lo cual su caridad fue sumamente generosa. Seguimos trabajando en ese proyecto para el cual el gobierno de Kurdistán nos ha asignado  un terreno de 27 hectáreas, que nosotros hemos pedido que asignara a la Oficina de de la Fundación Cristiana, con la finalidad de tratar a todos de la misma forma. Aunque prosigue este trabajo, en las circunstancias políticas actuales exige de nosotros la virtud de la paciencia. En el gobierno kurdo hay una gran cantidad de buena voluntad respecto a nosotros, como lo ha expresado el hecho de que el Primer Ministro Nechirvan Barzani celebrara la Navidad con nosotros por solidaridad en diciembre pasado, pero las leyes de la tierra de Irak son una gran complicación. Aunque debemos perseverar, y así lo haremos, debemos ser pacientes con nuestros tiempos, y persistentes en nuestras oraciones.

También hemos abierto dos centros de salud para ofrecer servicios médicos a la comunidad de refugiados. Las Hermanas del Sagrado Corazón de María de la India administran la clínica San José, asistidas por médicos jóvenes que se están capacitando como voluntarios para ofrecer servicios médicos especialmente a quienes sufren enfermedades crónicas. La clínica atiende a unos 2000 pacientes proporcionándoles medicamentos con un costo mensual de $42,000.00 dólares.

Actualmente, también estamos rehabilitando la estructura de un edificio para que sirva como hospital infantil y maternidad. Además, hemos abierto un centro de atención psicológica para atender las necesidades de muchas personas que tienen profundas cicatrices por la crisis. Todos ustedes conocen bien la realidad del síndrome de depresión post traumática tal como lo experimentan sus soldados cuando vuelven de la guerra. Pueden imaginar la forma en que forma el trauma afecta a los civiles, especialmente a los niños, que han visto los horrores de las persecuciones violentas y los conflictos.

Pero no nos hemos centrado sólo en las necesidades físicas y médicas. Con base en nuestra convicción de que  el analfabetismo y la ignorancia constituyen a largo plazo el enemigo más peligroso que enfrentamos aquí en el Medio Oriente, e impulsados por el deseo de curar las heridas de los corazones y las almas de nuestros fieles, hemos estado trabajando para ayudar a nuestros estudiantes a seguir con sus estudios. En verdad, nos resulta difícil ver cómo puede tener sentido nuestro futuro sin acceso a la educación para nuestros jóvenes.  Para remediar esta necesidad, por medio del apoyo de varias agencias, hemos podido construir 8 escuelas donde caben 870 estudiantes de secundaria.

Lo que tiene para nosotros una importancia crucial es que nos hemos lanzado a construir la Universidad Católica de Erbil. Con un gran apoyo del Consejo de Obispos Italianos y de los Obispos Católicos de Australia, llenos de agradecimiento podemos anunciar que las primeras clases en la universidad comenzarán este otoño. Aquí en EE.UU., y en especial en Filadelfia con sus muchas universidades excelentes, todos saben la importancia de las llamadas “Instituciones Ancla” para el bienestar económico y social de las comunidades. Para los cristianos que permanecen en Irak, la importancia de esa universidad va incluso más allá. Aunque la intención es que sea una Institución Ancla económicamente, la universidad católica representa también para nosotros una declaración de fe y un compromiso en contra de la maldad de ISIS y de otros, un medio por el cual podemos decir al mundo que nos negamos a ser marginados, que somos hijos de Dios y éste es nuestro hogar.

Con base en los mejores estándares educativos occidentales y usando el inglés como única lengua de enseñanza, la oportunidad de una educación como la que ofrecerá la Universidad Católica de Erbil habría sido imposible en Mosul, tanto para los católicos como para los musulmanes. Y porque debemos preparar líderes educados y tolerantes para el futuro, vamos a abrir las puertas de la universidad también para los musulmanes, de manera que sepan quiénes somos, cómo es nuestra fe y qué es nuestro amor por Cristo, así como el Suyo por nosotros que somos Sus hijos. Esta forma de evangelismo por el ejemplo tiene profundas raíces en la historia de Irak. Durante muchos años, en nuestro país fueron las universidades y los hospitales católicos los que educaban y capacitaban a los líderes de todo el Medio Oriente. Si hemos de sobrevivir como pueblo, es esencial que desarrollemos la capacidad de recuperar este ejemplo. La Universidad Católica de Erbil se yergue como un acto de fe y esperanza que  es un testimonio de nuestro amor por Cristo y nuestro compromiso cristiano de servicio y amor para nuestros semejantes. Si dentro de 100 años nuestra comunidad cristiana aún sobrevive en Irak, es muy posible que la Universidad Católica sea una de las principales razones de esta supervivencia.  No puedo insistir demasiado en su importancia para nosotros.

Al abrir la Universidad Católica de Erbil, les pido ahora su apoyo para ayudarnos a inscribir los primeros 100 estudiantes desplazados internos con un costo estimado de $15,000 dólares por estudiante que cubrirá la colegiatura de cinco años, el primero de los cuales proporcionará una enseñanza a fondo de las capacidades académicas y la lengua inglesa.

Aunque la Universidad Católica también aceptará estudiantes ajenos a la población desplazada, es vital para nosotros que un porcentaje significativo de nuestros estudiantes esté formado por personas desplazadas. Son estudiantes de familias sin dinero y con poca esperanza. Al darles un lugar en la Universidad Católica, daremos esperanza no sólo a los propios estudiantes, sino también a sus familias. No dudamos que marcará la diferencia en muchos casos entre que la familia decida quedarse en Erbil o huir a un futuro incierto en otro país.

Hermanos y hermanas,

Ustedes fueron de los primeros en tendernos una mano cuando estuvimos en peligro. Estuvieron a nuestro lado, al igual que María nuestra Madre y el Discípulo Amado estuvieron al lado del Crucificado, incluso cuando gran parte del mundo miró hacia otro lado. En el poderoso anuncio que ustedes han producido, y por el cual les doy las gracias, dice a los espectadores que “la falta de respuesta internacional ha sido un escándalo”, y les preguntan “si nosotros no ayudamos, ¿quién lo hará?” Bien, queridos hermanos, sabemos quién nos ha ayudado, sabemos quién nos ha apoyado y sabemos que fueron ustedes. Estoy aquí para darles las gracias  por su caridad, gracias por sus oraciones, gracias por su amor generoso.

Les pedimos que sigan siendo una voz para nuestro sufrimiento, y que se esfuercen por presionar a los responsables para que detengan este mal que busca matarnos, y que continúen apoyándonos para ayudar a que los cristianos de Irak permanezcan y sobrevivan en su tierra ancestral. Que Dios los bendiga y que nuestra Madre María los envuelva a todos con su amor maternal.