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Sustituyen las Resoluciones 1,19, 28, 53, 139, 161,

188, 208, 232, 251, 263, 304, 313, 330 y 349

APOYANDO UNA CULTURA DEL MATRIMONIO

      CONSIDERANDO QUE, el matrimonio es una institución natural basada en valores humanos antiguos que ha sido reconocida a través del tiempo como una institución legal y religiosa única  con profundas raíces; y

      CONSIDERANDO QUE, el matrimonio refleja el complemento biológico natural entre un hombre y una mujer, que forma parte del tejido social y religioso de toda sociedad y cultura importante; y

      CONSIDERANDO QUE, el matrimonio es una institución natural que precede al estado, por tanto el estado está obligado a reconocerla, respetarla y protegerla; y

      CONSIDERANDO QUE, la Iglesia Católica, basada en las Escrituras y la tradición Judeo-Cristiana, enseña que el matrimonio es un enlace fiel, exclusivo y para toda la vida, entre un hombre y una mujer, unidos en una asociación íntima de vida y amor; y

     CONSIDERANDO QUE, el matrimonio asegura la realización mutua de los esposos, así como la procreación y educación de los hijos; y

     CONSIDERANDO QUE, este vínculo mutuo proporciona el ambiente más favorable para proteger los derechos y los intereses vitales de los hijos; y

     CONSIDERANDO QUE, en su primera encíclica Lumen Fidei, el Papa Francisco describió la unión de un hombre y una mujer en matrimonio como “un signo y la presencia del propio amor de Dios, y del reconocimiento y aceptación de la bondad de la diferencia sexual, mediante la cual los esposos pueden convertirse en una sola carne y son capaces de dar a luz a una nueva vida, manifestación de la bondad, la sabiduría y el plan de amor del Creador”; y

     CONSIDERANDO QUE, el Papa Francisco, cuando habla del tema del matrimonio y la familia, ha dicho “Los hijos tienen el derecho de crecer en una familia con un padre y una madre capaces de crear un ambiente adecuado al desarrollo del niño y su madurez emocional”; y

     CONSIDERANDO QUE, la naturaleza auténtica del matrimonio está amenazada por el fallo de la Suprema Corte del 26 de junio de 2015, en Obergefell v. Hodges, el cual abatió todas las leyes estatales que definen el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer; y

     CONSIDERANDO QUE, el Arzobispo Joseph Kurtz, Presidente de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos, emitió una declaración sobre este fallo, que se reproduce aquí en su totalidad:

Independientemente de lo que una estrecha mayoría de la Suprema Corte de Estados Unidos pueda declarar en este momento de la historia, la naturaleza de la persona humana y del matrimonio permanece inalterada e inmutable.  Así como Roe v. Wade no resolvió la cuestión del aborto hace más de cuarenta años, Obergefell v. Hodges no decide la cuestión del matrimonio el día de hoy. Ninguna de estas decisiones está fundamentada en la verdad, y como resultado, ambas fracasarán finalmente. Hoy la Corte se equivocó otra vez. Es profundamente inmoral e injusto que el gobierno declare que dos personas del mismo sexo puedan constituir un matrimonio.
El significado único del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer está inscrito en nuestros cuerpos como masculino y femenino. La protección de este significado es una dimensión esencial de la “ecología integral” que el Papa Francisco nos ha llamado a promover. Imponer una nueva definición del matrimonio en todo el país es un error trágico que daña el bien común y a los más vulnerables entre nosotros, especialmente los niños. La ley tiene la obligación de apoyar el derecho básico de todo niño a ser criado, de ser posible, por su madre y padre unidos en matrimonio, en un hogar estable.

Jesucristo, con gran amor, nos enseñó sin ambigüedad, que desde el principio el matrimonio es la unión permanente de un hombre y una mujer. Como obispos católicos, nosotros seguimos a Nuestro Señor y continuaremos enseñando y actuando de acuerdo a esta verdad.

Exhorto a los católicos a avanzar con fe, esperanza y caridad: fe en la verdad inmutable sobre el matrimonio, enraizada en la inalterable naturaleza de la persona humana y confirmada por revelación divina; esperanza de que una vez más estas verdades prevalecerán en nuestra sociedad, no por su lógica solamente, sino por su gran belleza y servicio manifiesto al bien común; y caridad para nuestro prójimo, aún aquel que nos odia o nos castigaría por nuestra fe y convicciones morales.

Finalmente, hago un llamado a todas las personas de buena voluntad para que se nos unan para proclamar la bondad, la verdad y la belleza del matrimonio correctamente entendido durante milenios, y pido a todos los que están en una posición de poder y autoridad que respeten la libertad otorgada por Dios para buscar, vivir y dar testimonio de la verdad.

     POR LO TANTO, SE RESUELVE, que por este medio adoptamos en su totalidad la declaración de la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos; y

     SE RESUELVE TAMBIÉN, que permaneceremos firmes en nuestros esfuerzos para promover la concepción de la Iglesia sobre el matrimonio como la unión fiel, exclusiva y permanente de un hombre con una mujer unidos en una asociación íntima de vida y amor; y

     SE RESUELVE TAMBIÉN, que oramos para que el Espíritu Santo ilumine a los funcionarios electos al adoptar las leyes, y a los jueces al tomar decisiones judiciales que afirmen a la familia y la naturaleza auténtica del matrimonio; y

     SE RESUELVE TAMBIÉN, que nos unimos a los obispos de Canadá, de Estados Unidos y del mundo entero, en sus esfuerzos por lograr la protección legal a niveles tanto nacional, como provincial y local para la definición del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer, con la exclusión de todas las demás.