Text Size:
  • A
  • A
  • A

La oración construye la iglesia doméstica

La 135° Convención Suprema de Caballeros de Colón dio inicio en el corazón de Estados Unidos con una demostración del carácter internacional de la Orden y la naturaleza universal de la iglesia. Más de 2,000 Caballeros y sus familias de todas partes del planeta se reunieron en el centro de Estados Unidos en la zona central de San Luis, Misuri, para la misa inaugural, mientras cardenales, obispos, sacerdotes y decanos de varios países y tradiciones litúrgicas entraban en procesión al gran salón de convenciones. Para reflejar la naturaleza sagrada de la ocasión, el área que rodeaba el altar se decoró con pantallas digitales que proyectaban imágenes de mosaicos de la Catedral Basílica de la ciudad de San Luis.

El celebrante y homilista principal para la misa del martes, 1 de agosto, fue el Arzobispo Robert Carlson de St. Louis. Para concelebrar hubo 10 cardenales, 70 arzobispos y obispos, y más de 100 sacerdotes. El Arzobispo Carlson ha sido miembro de Caballeros de Colón durante 46 años, y pertenece al Consejo 10490 de Obispos en San Luis.

Comenzó su homilía haciendo una conexión entre el fundador de Caballeros de Colón, el Venerable Padre Michael McGivney, y San Alfonso María de Ligorio, cuyas festividades se mencionaron en la misa. El arzobispo mencionó que en 1871, cuando el joven Michael McGivney era un seminarista estudiando para el sacerdocio, el Papa Pío IX declaró a San Alfonso como un Doctor de la Iglesia debido a la espectacular habilidad que tenía el santo del siglo XVIII para enseñar la fe católica.   

“Sin duda, una ocasión como esta se habría mencionado en un seminario”, dijo el Arzobispo Carlson. “De hecho, estamos seguros de que el joven seminarista de Waterbury, el hombre que una década después fundaría Caballeros de Colón, se benefició de reflexionar sobre la vida extraordinaria y enseñar acerca del más reciente doctor de la iglesia”. Entre los artículos que se saben que utilizó el Padre McGivney está una copia de 1875 del Manual de los Confesores de San Alfonso Ligorio, dijo el arzobispo. Agregó, “la vida y los escritos de San Alfonso siguen sirviendo de inspiración para los miembros de esta gran organización fundada por el Padre McGivney”.

Al igual que San Alfonso y el Padre McGivney, todos los cristianos “reciben el llamado a vidas de ferviente proclamación del reino de Dios”, dijo el arzobispo. “Cada cristiano, y de cierta manera, ustedes damas y Caballeros, han sido enviados para ser la luz del mundo. San Alfonso fue luz en Italia del siglo XVIII. El Padre McGivney fue luz en Nueva Inglaterra del siglo XIX, al buscar atraer a las personas de New Haven y de fuera hacia un amor más profundo de Dios y del prójimo. Y a ustedes se les llama para ser luz” en el siglo XXI, le dijo a la congregación. “Necesitamos católicos fervientes, hombres y mujeres encendidos con el amor de Cristo y el deseo de almas”.

El arzobispo, resaltó la necesidad de rezar diariamente e invitó a los Caballeros y a los consejos a participar en la iniciativa de Construyendo la Iglesia Doméstica al tiempo que Fortalecemos nuestra Parroquia de la Orden.

“Sin la oración, no seremos capaces de cumplir con la misión que Dios nos ha otorgado”, dijo. “Sin la oración, Caballeros de Colón no rendirá frutos. Sin la oración, no podremos y no encontraremos la vida que Jesús tanto desea darnos”.

La oración, prosiguió, “es tan importante y es el núcleo de la vida de la iglesia doméstica, la célula más fundamental de la sociedad y de la iglesia. La nueva iniciativa que se lanzó en 2015 para construir la iglesia doméstica está llena de potencial y ya ha dado grandes frutos alrededor del país. A medida que siguen con esta labor esencial, siempre debe basarse y nutrirse en la oración, tanto individual como comunal”.

La música para la misa corrió a cargo del coro de la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington, D.C., que cada año viaja a la Convención Suprema. Entre lo destacado musicalmente estuvo el Aleluya para el Evangelio que fue compuesto para la visita apostólica en 1999 del Papa Juan Pablo II a la arquidiócesis de San Luis, que aún se considera un punto culminante en la historia de la ciudad.