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Los Caballeros de Colón y el Papa Juan Pablo II

El Caballero Supremo Anderson visita al Papa Juan Pablo II
El Caballero Supremo Anderson visita al Papa Juan Pablo II

Hay pocos papas en los 2.000 años de historia de la Iglesia Católica que hayan tenido un impacto tan decisivo en la Iglesia y el mundo en general como el hombre que ahora podemos llamar con propiedad Juan Pablo el Grande. Los 1,7 millones de miembros de los Caballeros de Colón, que han tenido el privilegio de apoyarlo de tantas formas en los últimos 27 años, lloramos su fallecimiento mientras recordamos la contribución de este extraordinario y santo hombre.

Juan Pablo, el sucesor de Pedro como cabeza de la iglesia universal, la convirtió en una iglesia verdaderamente mundial, viajando prácticamente a cada nación de la tierra y alcanzando a los cinco mil millones de personas del mundo de formas que no tienen precedentes. Nos enorgullecemos de haber estado a su lado, en sus viajes alrededor del mundo y como la organización que posibilitó su uso de la moderna tecnología de telecomunicaciones para llegar literalmente a miles de millones de personas.

La valentía de Juan Pablo – como un joven que sufrió bajo la ocupación nazi, como sacerdote y obispo enfrentando la tiranía comunista, como víctima de un intento de asesinato y finalmente como quien nos enseñó la importancia de soportar el dolor y sufrir en unión con el sufrimiento de Cristo– es una inspiración para todos nosotros.

Su tremendo esfuerzo por llegar a personas de cada creencia religiosa asumió y dio vida a una de las enseñanzas más importantes del Concilio Vaticano II. Y sus enseñanzas sobre la dignidad de la persona humana y el carácter sagrado de la vida humana son contribuciones invalorables para el mundo moderno mientras consideramos las formas en que debemos dejar atrás para siempre las matanzas y destrucción del siglo XX. Fue verdaderamente el Príncipe de la Paz, cuyo compromiso con la causa de la paz no tiene parangón en nuestro tiempo.

Lo echaremos de menos muchísimo. Pero la Iglesia Católica -- y el mundo -- se beneficiarán de su legado por varias generaciones.