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| Al Smith |
Kansas, un estado siempre fiel al Partido Republicano, recibió al candidato demócrata con muchedumbres aun mayores, mientras el tren continuaba su marcha hacia el sur en la calurosa tarde: más de 1,000 personas en Belleville y Clay Center, 4,000 en Manhattan. Al caer la noche, el tren llegó a Topeka, hogar del candidato a la vicepresidencia del partido opositor. Los espectadores se subían a los costados del vagón de campaña y el gobernador Smith recorría el andén en la claridad fantasmal de las luces de bengala, saludando con su sombrero y estrechando todas las manos que podía alcanzar. En días como éste, era fácil creer que tenía verdaderas posibilidades de ganar. Los votantes de una nación mayormente protestante podrían llegar a dejar a un lado el temor y el prejuicio y elegir a un católico como su líder.
Kevin Coyne es autor de numerosos artículos de revistas y libros incluyendo Marching Home: To War and Back with the Men of One American Town [Marchando a casa: A la guerra y de regreso con los hombre de un pueblo americano] (Viking Penguin, 2003). Coyne, profesor de periodismo en la Universidad de Columbia, está escribiendo una historia de los Caballeros de Colón para publicarse en 2007.
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El tren salió de Topeka y viajó durante la noche hacia Oklahoma. Allí, Smith debía pronunciar un discurso importante para demostrar a los agricultores de la vasta zona central de la nación que un hombre nacido en las atestadas calles de un barrio de inmigrantes de Manhattan podía comprender sus problemas. En las últimas horas antes del amanecer, cuando el tren había cruzado la línea del estado y Smith estaba durmiendo, algunos pasajeros se asomaron por las ventanas y percibieron a la distancia una luz: una cruz ardía en un campo, como venenosa bienvenida por parte de un grupo particularmente activo en Oklahoma, el Ku Klux Klan.
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