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Parte III: Los Orígenes de los Caballeros de Colón
Durante la Guerra Civil, muchos de los protestantes nacidos en los Estados Unidos se hacían la misma pregunta sobre la oleada de inmigrantes católicos, en su gran mayoría irlandeses, que llegaban del otro lado del Atlántico: Sencillamente, ¿qué tan americanos – americanos verdaderos, puros, genuinos – eran ellos?
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| Padre Michael J. McGivney |
Algunos hombres de New Haven pensaban que habían respondido a eso de una vez por todas al unirse al Ejército de la Unión y servir junto a miles de otros inmigrantes irlandeses. Tan profundo era el vínculo que formaron entre ellos mientras luchaban por su nueva nación, que se mantuvieron unidos luego de regresar a sus hogares. Sus reuniones regulares se convirtieron en un grupo fraternal que tomó su nombre, los Caballeros Rojos (Red Knights), por el color de las frazadas que habían llevado en sus mochilas. Y cuando a un joven cura de la iglesia de St. Mary se le ocurrió iniciar una organización católica fraternal, encontró muchas de sus ideas sobre su forma y propósito, así como muchos de sus primeros líderes, en este grupo de patriotas católicos.
El mismo Padre Michael J. McGivney era hijo de inmigrantes. Como a muchos otros americanos de primera y segunda generación, le preocupaba qué papel desempeñaría la fe que su familia había traído del Viejo Mundo en un mundo nuevo que con frecuencia la mira ba con suspicacia, y hasta con desprecio. La Iglesia, sin duda, proporcionaba un apoyo espiritual, pero ¿qué valor práctico adicional podría ofrecer? ¿Cómo podría evitar que los hombres se fueran alejando de su fe y cayendo en rituales de sociedades secretas que competían con ella y que eran tan populares? ¿Cómo podría ayudar a las familias que, al igual que la suya, cuando el padre moría demasiado joven, caían a los niveles más bajos de la escala social, víctimas del trabajo duro y de angustias insoportables? ¿Cómo podría ayudar a los católicos al mismo tiempo que se convertían en mejores americanos?
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