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Parte IV: hacen valer su derecho
Cómo ser católico en América: ése fue el tema que
inspiró y dio vida a la organización que fundó el Padre
McGivney en el sótano de la Iglesia de St. Mary hace
125 años. Estaba representado por el nombre que escogieron
los 75 hombres que asistieron a la primera
reunión oficial en una nevada noche de febrero en New
Haven. Al llamarse a sí mismos “Caballeros de Colón”,
creaban un vínculo indeleble entre su iglesia y su país,
haciendo valer su propio derecho en el Nuevo Mundo.
Al invocar el nombre del explorador italiano, destacaban
un hecho sencillo, riguroso, inexpugnable: esta
nación predominantemente protestante podría discriminar
abiertamente a los inmigrantes católicos e
impugnar su lealtad, difamar insolentemente a la
Iglesia y al Papa, hacer todo lo posible para que los
católicos se sintieran rechazados, pero, en realidad, era
una nación que celebraba como su descubridor a un
católico.
Y los descendientes católicos de Colón, dijo uno de
los miembros originales, “pueden reclamar todos los derechos y privilegios que ganó
por este descubrimiento un hombre
de nuestra fe”.
Para 1885, la Orden había pagado
su primer beneficio por muerte
y había acumulado suficientes
miembros para que 1,000
Caballeros desfilaran por el centro
de New Haven, guiados por un
carruaje en el que iba el Padre
McGivney. “Este desfile honra a la
raza irlandesa”, dijo el antiguo
gobernador de Connecticut al ver
pasar a los participantes. El periódico
Hartford Telegram estuvo
de acuerdo: “Aún hay personas de
mente estrecha en Nueva Inglaterra
que se imaginan que los
irlandeses son vagos, incultos y
hasta viciosos”, expresó en un editorial,
pero el desfile probó que
“los representantes de la segunda
generación en este país son intensamente
americanos en sus instintos,
y están abriéndose paso para
alcanzar puestos prominentes en
el comercio, la industria y en sus
profesiones”.
By the mid-1890s, the Order was spreading beyond Connecticut, and fighting back hard as the Nativist movement gained strength during a four-year economic depression.
Para mediados de la década de
1890, los Caballeros se habían
extendido más allá de
Connecticut, y se defendían enérgicamente
mientras el movimiento nativista adquiría fuerza
durante una depresión económica
de cuatro años. “Con verdadero
patriotismo americano”, escribió
Thomas Cummings, editor de
The Columbiad y organizador
nacional de la Orden, “exigen de
sus miembros respeto por el ser
humano y libertad para el individuo,
en particular esa libertad que
es la esencia de toda libertad y que
fue implantada en este continente
por primera vez por católicos
romanos, es decir: Libertad para
adorar a Dios de acuerdo con la
conciencia de cada quien”.
Cuando América fue a la guerra
contra España en 1898, la
Iglesia Católica se opuso, pero los
Caballeros hicieron lo que consideraron
su deber nacional y la
respaldaron. “Con la declaración
de guerra todas las opiniones personales
respecto a la sabiduría de esta decisión quedaron en el olvido”,
informó un Diputado de
Estado, “y cientos de católicos,
imbuidos de las enseñanzas de
nuestra Santa Iglesia, que insta a
estar siempre listos para sacrificar
todo por la fe y la patria, se
ofrecieron para luchar, y si fuera
necesario, morir en defensa de la
causa de nuestro país”.
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