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El Mensaje Eterno de Nuestro Fundador

Se debe proteger la visión del Padre McGivney para entregarla a las nuevas generaciones.

Por el Padre Dominico Gabriel B. O'Donnell

En los 125 años transcurridos desde que el Padre Michael J. McGivney fundó los Caballeros de Colón, el mundo ha cambiado radicalmente. Algunas cosas para bien y otras para mal. ¡ ¿El Padre McGivney habría hecho las cosas de otra forma, si hubiera fundado los Caballeros de Colón en el 2007? ¿Reconocería a los Caballeros de hoy como suyos? ¿Estaría contento con los cambios que ha realizado la Orden y las nuevas responsabilidades que ha asumido a través de los años? Éstas son preguntas que debemos considerar al reflexionar sobre nuestro futuro, en este año del aniversario.

Vedades Eternas

En su mensaje del 1º de enero para la Jornada Mundial de Oración por la Paz, el Papa Benedicto XVI rogó para que 2007 sea un año de paz. Debemos trabajar cada día para establecer la paz en nuestro mundo, dijo el Papa. “Se promueve la Paz respetando a la persona”, añadió, porque en la persona humana es donde se encuentra el fundamento de la paz. No puede haber paz entre las naciones hasta que haya paz en nuestros corazones, paz en nuestras familias, paz en nuestras comunidades y paz en nuestras ciudades. Para crear un mundo de paz cada uno de nosotros debe afirmar el valor y la dignidad de cada persona y de cada vida humana.

A la luz de las enseñanzas del Papa, podemos estar seguros de que por más cosas que hubiera hecho de otra forma hoy en día el Padre McGivney, no dejaríamos de reconocer la misma sociedad fraternal ¿Por qué? Porque sólo se puede establecer, ante todo, con la premisa de que cada persona tiene dignidad y derechos que la sitúan en un lugar especial de la creación. La visión del Padre McGivney, proteger y fortalecer a las familias cristianas, estaba basada en una verdad eterna: promover el respeto a la persona lleva a todo lo que es bueno para la familia y de la sociedad.

La intolerancia anticatólica y el desamparo de las familias de los trabajadores conmovían profundamente al Padre McGivney. Veía estas injusticias como un insulto a lo que significa ser una persona humana plena. La visión del Padre McGivney para los Caballeros de Colón se basó en su convicción de que los católicos tenemos una dignidad inherente, que florecerá de manera plena sólo cuando los católicos crezcan en santidad, por medio de su vocación de esposos, padres de familia responsables y protectores.


Hombres ‘de Acción’

El Padre McGivney fue un hombre de paz, que se comunicaba con facilidad con todas las personas, porque se consideraba como una criatura con el mismo valor y la misma talla que los demás. Nunca se mostró arrogante por tener una mejor educación o por ser sacerdote. Era un hombre entre hombres y un ser humano como todos.

El Padre McGivney quiso que sus Caballeros de Colón ante todo fueran algo, y no sólo que hicieran algo. En ese entonces, y también hoy, los Caballeros de Colón debían ser miembros de una fraternidad en donde se respeta y se reconoce su dignidad. Las ceremonias y tradiciones de la Orden lo demuestran. Vestir formalmente cuando la ocasión lo requiere y usar el traje ceremonial o las insignias del Cuarto Grado muestran la importancia de una persona según su cargo y su dignidad. El uso de los títulos fraternales y los signos del ceremonial es una forma de reconocer que el individuo al que se dirige es alguien importante. Todas nuestras tradiciones expresan nuestro reconocimiento a la persona, a su dignidad y sus derechos.

El programa de seguros de la Orden es ante todo un reconocimiento de que hay que cuidar de cada persona, tanto en la vida como en la muerte. Se trata con reverencia y respeto el cuerpo, aun cuando es colocado en la tierra para su paso final hacia la eternidad. El Padre McGivney deseaba que cada nuevo miembro viera el programa de seguros de la Orden como parte integral de su forma de ser Caballero de Colón.

A los Caballeros de Colón se nos conoce como hombres “de acción”. Cuando los miembros cooperan entre ellos en algún proyecto para ayudar a otros, reconocen de manera implícita el valor del otro. Los miembros se ayudan mutuamente para pintar el salón de una parroquia o para preparar un desayuno de primera comunión. Con muchas manos se logran programas para alimentar a los desposeídos o para proporcionar sillas de ruedas a los discapacitados. Cada vez que organizamos y compartimos la responsabilidad de todos los proyectos del consejo, se reafirma la belleza y la dignidad de nuestros hermanos.

Para el Padre McGivney, las reuniones sociales, los bailes, los banquetes y paseos de los primeros Caballeros de Colón eran para afirmar: “Ustedes son importantes. Ustedes son dignos de lo mejor que se les pueda proporcionar”; por esa razón dedicó muchas horas a planear eventos para el entretenimiento de los Caballeros de Colón y sus familias.

Hombres de Oración Y Acción

¿De dónde obtuvo el Padre McGivney esa sabiduría? ¿Cómo pudo anticipar el énfasis que daría la Iglesia al papel de los laicos y que salió a la luz con las enseñanzas del Concilio Vaticano Segundo, casi 100 años después de su muerte? ¿Cómo es que expresó en términos prácticos lo que el Papa Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI, después de más de un siglo, enseñarían en una lengua más teológica y espiritual? La única respuesta es que la sabiduría del Padre McGivney fue un don de Dios. Fue iluminado por el Espíritu Santo para fundar una organización fraternal de católicos, que el mismo Espíritu Santo protegería y guiaría hacia el siglo XXI y hacia el futuro.

La relación del Padre McGivney con Jesucristo fue la base de su sabiduría y visión. Fue en la sagrada humanidad de Cristo, especialmente en su devoción al Sagrado Corazón, donde el Padre McGivney alcanzó a reconocer la santidad de la vida humana y la dignidad de la persona humana. El misterio de la Encarnación le reveló la naturaleza de la persona humana, el hombre en su camino hacia Dios.

The mystery of the Incarnation revealed to him the nature of the human person, man on his way to God.

La oración es una gran maestra. Quien dedica tiempo a estar con Dios en la oración diaria, aprende acerca de sí mismo, acerca de Dios y de lo que Dios espera de cada uno. Muchos pasamos nuestro tiempo de oración hablando a Dios acerca de nuestros pecados y defectos. Para quien ya ha aprendido el camino que lleva a la virtud y aleja del pecado, la oración lleva a un nivel más profundo de comunicación con Dios. Nos volvemos más receptivos a lo que desea enseñarnos y comunicarnos. La vida de oración del Padre McGivney le enseñó acerca de la persona humana.

Por ser un hombre de Dios y un hombre de oración, el Padre McGivney percibía las necesidades de aquellos que estaban a su alrededor. Su reacción fue aliviar la carga de los demás. Mientras atendía sus necesidades espirituales y materiales, les recordaba su dignidad. De hecho, él fue más allá de las “necesidades”. Estaba convencido de que la diversión y el entretenimiento pueden proporcionar un “respiro” a aquellos que sufren y trabajan duro. Este profundo sentido de la belleza de la persona humana lo impulsó a fundar los Caballeros de Colón. Por su humanidad y su fe católica, sus Caballeros reafirmarían mutuamente su dignidad y valor como personas, y ayudarían a los más necesitados..

Vista así, la misión actual de los Caballeros de Colón es muy seria. El urgente llamado a la nueva evangelización parece casi diseñado para nosotros. Nuestra Orden se encuentra en una situación perfecta para servir a la Iglesia y llevar el mensaje del Evangelio y la visión del Padre McGivney a todos los rincones del mundo secular.

Hijos del Padre McGivney

Lo que el Padre McGivney comenzó en 1882 se ha adaptado al mundo y a la Iglesia en estos 125 años. Su mensaje es un mensaje eterno acerca de la dignidad de la persona humana y de la santidad de la familia cristiana. Nuestro santo fundador confió en aquellos primeros Caballeros de Colón, ya que eran sus compañeros y amigos. Les confió su legado para que lo transmitieran a las generaciones futuras. No quiso interferir. Tuvo confianza en la bondad de sus Caballeros de Colón y en la inspiración del Espíritu Santo.

¿Reconocería el Padre McGivney, después de 125 años, a sus Caballeros de Colón? Definitivamente sí. Hoy, como en 1882, todas nuestras actividades reafirman la dignidad de la persona humana y la santidad de la familia. Nuestra prioridad es ofrecer a más hombres católicos, adultos y jóvenes, la riqueza espiritual que tenemos como hijos del Padre McGivney.

El Padre McGivney vivió en un tiempo de cambios y de transición. No tenía miedo a las innovaciones. Rápidamente se adaptó a las nuevas formas de transporte y comunicación, y fue partidario de la modernización de los servicios de la parroquia. Los cambios que se han hecho durante todas estas décadas de existencia de la Orden no representarían para él ningún problema, con tal de que se hubiera preservado y continuado su visión.

El interés primordial de la Orden por la familia y la defensa de la vida humana en todas sus etapas, el renovado énfasis en la colaboración con los párrocos, la consagración de la Orden a María, madre de Cristo, son todas iniciativas que el Padre McGivney reconocería como suyas. La expansión de los seguros de Caballeros de Colón y nuestra renovada devoción al Santísimo Sacramento en la oración y adoración eucarística son simplemente extensiones de la visión del Padre McGivney de 1882 al 2007. El Padre McGivney nos insistiría en que debemos estar con el Vicario de Cristo en la tierra, para seguir siendo los pioneros de la nueva evangelización. Desde su lugar en la eternidad nos guía hacia nuestros próximos 125 años.

El Padre O’Donnell sostiene la documentación de la causa de santidad de Padre McGivney antes de ser enviada al Vaticano en marzo de 2000. También aparecen el entonces Caballero Supremo Virgil C. Dechant y el entonces Capellán Supremo Obispo Thomas V. Daily.



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