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| Cardinal William J. Levada le una carta con un mensaje del Papa Benedeto saludando a los participantes de la convención. |
En las sociedades que se vuelven cada más seculares y tecnológicas, los Caballeros de Colón, junto con todos los católicos, deben dar testimonio de que solo la palabra de Dios puede otorgar una “renovación de vida” que satisfaga el corazón humano, dijo el Cardenal William Levada en su homilía del miércoles.
El Cardenal Levada, invitado especial a la Convención Suprema de Caballeros de Colón, es Prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe en el Vaticano. Fue Arzobispo de San Francisco, y Benedicto XVI lo eligió para sustituirlo como Prefecto de la Congregación en 2005.
El celebrante principal de la Misa, que se ofreció en el Memorial de la Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor, fue el Cardenal Theodore McCarrick, Arzobispo Emérito de Washington, D.C.
El Cardenal Levada dijo que la Ciudad de Dios, la “Nueva Jerusalén” que descenderá del cielo al final de los tiempos como prometen las Escrituras, no está construida por manos humanas. “La Nueva Jerusalén no se alza hacia el cielo desde la tierra; esta ciudad sería Babel, no Jerusalén,” señaló. “Desciende del cielo hacia nosotros ... pero no construimos el cielo en la tierra; simplemente preparamos el sitio para dar la bienvenida a la Nueva Jerusalén que nos viene de Dios.”
Sugirió algo que, dice él, se aplica particularmente a los católicos norteamericanos. A pesar de las numerosas bendiciones y la riqueza material de Estados Unidos, señaló, “en ocasiones esta abundancia puede hacer que las personas sean ciegas a nuestra total dependencia de Dios, y a la necesidad de tratar de cumplir con su voluntad en primer lugar y siempre.”
Al dar testimonio de las realidades espirituales y las verdades difíciles de aceptar, los católicos pueden convertirse en blanco dentro de la cultura. “Es el costo del discipulado,” dijo el Cardenal Levada. “Como católicos, en especial en Estados Unidos, podemos y debemos trabajar con toda la gente de buena voluntad, sin importar sus creencias religiosas, para mejorar la suerte de otros.” Pero esta cooperación no debe acallar la voz de los católicos que proclaman que solo Dios puede satisfacer el corazón humano, concluyó.
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