En Recuerdo de Juan Pablo II

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Entrevista de Totus Tuus con Carl Anderson, Caballero Supremo de Caballeros de Colón y Vicepresidente del Instituto Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia

 

Totus Tuus: La defensa de la verdad integral sobre la familia basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer se ha vuelto particularmente urgente en este día y esta época. La proclamación del designio de Dios en relación con el matrimonio y la familia ya era un aspecto especial del ministerio sacerdotal de Karol Wojtyla aun antes de que se convirtiera en una de las principales preocupaciones de su ministerio petrino. ¿Podría Usted explicarnos las características esenciales del designio divino para el matrimonio y la familia?

Anderson: En este aspecto, Juan Pablo II fue realmente profético. Él escribió en Familiaris Consortio que “Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor”. Porque fuimos creados a imagen de este amoroso Dios Trino, fuimos creados con la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión. Esta vocación de amor se experimenta y enseña en primer lugar en la familia. El cristiano percibe que tanto el matrimonio como la familia reflejan de manera humana la comunión de amor del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. De esta manera, la vocación de amor y comunión está escrita en los aspectos más concretos de la existencia humana. Podemos decir que al hacer posible la realización de la vocación de amor, la comunión personal que es posible dentro del matrimonio y la familia se convierte en un modelo para medir todas las formas de asociación humana. Por supuesto, Juan Pablo II defendió la integridad moral del matrimonio, la familia y la procreación humana con gran valentía y también con gran caridad. La verdad es que Dios envió a su Hijo al mundo, no para condenar a este mundo, sino para salvarlo, no para privarnos de felicidad, sino para darnos abundancia de vida. Así, la forma de vida de Cristo para la familia da vida, no la quita. Es una forma de vida que tiene su fuente en Cristo cuyo amor no tenía condiciones ni limitaciones. Esto es lo que resalta en la enseñanza de Juan Pablo II.

Totus Tuus: “Amar el amor humano: El Legado de Juan Pablo II sobre el Matrimonio y la Familia” fue el tema del 25 Congreso Internacional del Instituto Pontificio Juan Pablo II de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. Como vicepresidente de la sede de Washington del Instituto y como Caballero Supremo de Caballeros de Colón, ¿en qué forma transmite Usted este rico legado?

Anderson:“Amar el amor humano” es una descripción totalmente acertada del legado de Juan Pablo II, ya que quizá en nuestros tiempos no ha habido mejor defensor del amor humano. Sabía que sin amor, la vida del ser humano resulta ininteligible, y que cada persona posee una dignidad tan enorme, que sólo la respuesta del amor es digna de la persona humana. Tuve el privilegio de encontrarme por primera vez con Juan Pablo II en 1981, de comenzar a dar clases en el Instituto en 1983 y de servir como vicepresidente de la sede de Washington a partir de 1988. El Instituto está dedicado a la comprensión y transmisión del concepto cristiano de la persona humana a la luz de la revelación de Cristo sobre el amor de Dios en el contexto del matrimonio y la familia.  Nuestros graduados ayudan a guiar la formación y educación de los sacerdotes, y toman el liderazgo en la labor pastoral de las diócesis y parroquias, así como en profesiones como el derecho y la medicina. Las enseñanzas de Juan Pablo II en esta área son tan ricas y complejas que será necesario dedicar décadas de estudios en teología tanto especulativa como pastoral para comprenderlas a fondo. En Caballeros de Colón, que es una organización con más de 1.7 millones de hombres, nuestro enfoque es más directo: nos esforzamos por fortalecer las familias católicas y las comunidades parroquiales por medio de obras de caridad, unidad y fraternidad. Consideramos el legado pastoral de Juan Pablo II sobre el matrimonio y la familia como la clave profética que nos dará comunidades católicas más sólidas en el futuro. Su mensaje es para nosotros el corazón de una nueva evangelización en la cual el papel de la familia y el laicado es esencial para el bienestar futuro de la Iglesia. Él seguirá siendo un padre y guía espiritual durante muchos años.

Totus Tuus: En Cruzando el Umbral de la Esperanza, Juan Pablo II escribe lo siguiente: “Si se ama el amor humano, nace también la viva necesidad de dedicar todas las fuerzas a la búsqueda de un ‘amor hermoso’. Porque el amor es hermoso.” Profesor Anderson, ¿cuál ha sido, y sigue siendo, su experiencia de un “amor hermoso”?

Pope John Paul II and Carl Anderson

Anderson: Si toda persona tiene dentro de sí una vocación de amor, este amor es inseparable de la dignidad de cada uno, y por lo tanto el único amor digno de la persona humana es el amor verdadero. Todos sabemos que esto es cierto en el fondo del corazón porque todos buscamos un amor que sea verdadero, todos buscamos el amor verdadero o, como lo dice Juan Pablo II, el amor “que es hermoso”. Éste es el amor del que escribe San Pablo, “El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás.” (1Cor 13, 7-8). Sabemos que la fuente de ese amor solo puede encontrarse en Jesucristo. Sin embargo, podemos experimentar el “amor hermoso” reflejado en la experiencia del matrimonio y la familia, y ésta ha sido mi experiencia del “amor hermoso”, primero en la familia que me vio nacer y luego en la familia en la que nacieron mis hijos. Quizás por eso San Pablo escribe también alabando al Padre “de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra” (Ef 3,14), ya que en la familia es donde primero nos es revelado el “amor hermoso”.

Totus Tuus: El 28 de junio de 2005, su esposa Dorian y Usted participaron en la Ceremonia de Apertura de la Causa para la Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II. También tuvo la oportunidad de ser recibido en varias ocasiones en audiencia privada por Juan Pablo II. ¿Qué recuerda en particular de estos encuentros?

Anderson: Un tiempo antes, Dorian y yo habíamos estado juntos en la Plaza de San Pedro para la Misa de exequias por Juan Pablo II. Vimos esos hermosos estandartes que proclamaban “Santo Subito”, y en ese día nos unimos a esta plegaria; así que teníamos que estar en Roma en el año de 2005 para participar junto con tantos amigos a la Ceremonia de Apertura de la Causa de Juan Pablo II. Los encuentros privados con Juan Pablo II eran siempre extraordinarios a causa de su gran interés por todo lo que sucedía; quería saber las últimas noticias sobre el desarrollo de cada situación, sobre lo que se podía hacer para ayudar y en especial sobre lo que él, como papa, podía hacer. Sin embargo, sus conversaciones a menudo incluían preguntas sobre personas a las que conocía: si estaban bien, cómo se encontraba su familia, cómo iba su trabajo. Era pastor de la Iglesia universal y también pastor de personas y familias. Una ocasión memorable fue cuando bendijo un cuadro especial de la Divina Misericordia que luego usamos para realizar una peregrinación por todas las sedes de Caballeros de Colón.  Tenía grandes deseos de difundir su devoción por el mundo entero y queríamos estar más unidos con él en su plegaria. En una de nuestras últimas visitas, el Santo Padre tenía grandes dificultades para hablar, así que nuestra conversación fue más que nada un monólogo. Nos despedimos y recibimos su bendición. Cuando llegué a la puerta de su estudio, me di la vuelta para enviarle una última señal de despedida, y estaba allí sentado, haciendo una y otra vez la señal de la cruz. Ni siquiera la enfermedad podía apagar su deseo de comunicarse con los demás. Esto no fue más que una pequeña indicación de lo que el mundo vería durante los últimos días de su vida.

Se acerca la Navidad. En su Carta a las Familias, Juan Pablo II escribió “si Cristo ‘manifiesta plenamente el hombre al propio hombre’, lo hace empezando por la familia en la que eligió nacer y crecer”. Profesor, quisiera concluir preguntándole cómo celebra la Navidad y si quiere enviar un saludo especial a nuestros lectores.

La Navidad, por supuesto, es la época del hogar y la familia. Cuando vivíamos en el área de Washington, D.C., íbamos con nuestros hijos a una “mini” peregrinación a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción para la Misa de Nochebuena. Nos gusta llenar la casa con símbolos navideños. La decoramos durante el Adviento con nacimientos que hemos encontrado durante nuestras visitas a diferentes países, incluyendo Italia, Irlanda, Canadá, Francia, México, Zaire… y el más reciente será el de Polonia. Decoramos el árbol de Navidad con adornos que hemos traído de nuestros viajes y también nos gusta escuchar música navideña, en especial himnos tradicionales de todo el mundo. La Navidad es también la época de la hospitalidad, y hacemos un espacio para aquellos que no tengan a su familia cerca.

En cuanto al saludo navideño, quisiera recordar las palabras de Juan Pablo II que compartí con mis hermanos Caballeros de Colón hace unos años: “¡Rodeemos el lugar donde Dios fue hecho hombre con una vasta corona de corazones! ¡Formemos un círculo y una corte sobre esta Virgen, que Le dio vida humana en la noche del Nacimiento de Dios! ¡Formemos una corte en torno a la Sagrada Familia!”