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Los legisladores del llamado Estado de la Constitución declararon la guerra a la Primera Enmienda. No se equivoquen, el mal concebido proyecto de ley No. 1098 sobre el que tanto han escuchado es un ataque dirigido exclusivamente a la Iglesia Católica.
Despojaría a nuestros obispos y sacerdotes de la capacidad de administrar las diócesis y las parroquias.
Este proyecto de ley arrebataría la autoridad a pastores, obispos y diócesis sobre los asuntos de la Iglesia y en su lugar otorgaría el control a una serie de consejos de administración, excluyendo explícitamente del derecho de voto a obispos y pastores.
De hecho, este proyecto de ley declara que no podemos confiar en nuestros sacerdotes y obispos. Es un insulto para todos los sacerdotes del estado de Connecticut.
Hoy estamos aquí para decir que nuestros sacerdotes y obispos deben ser tratados con respeto. Estamos aquí para decir que debe tratarse con respeto a toda persona con creencias religiosas en Connecticut.
El proyecto de ley fue redactado y enviado de prisa ante el comité sin ni siquiera haber tenido la cortesía de llamar a ninguno de los obispos católicos de Connecticut.
¡Merecemos más que eso!
Bajo leyes como ésta, no sería exagerado decir que la Iglesia Católica ya no sería católica.
Los consejos de administración independientes de sus obispos podrían crear parroquias más particulares que universales. Algunas religiones prefieren un arreglo así, pero el punto es que toda religión debe tener libertad de elección.
Por esta razón, con este proyecto de ley lo que está en riesgo es precisamente el libre ejercicio de la religión.
Aunque hoy nos sorprenda este ataque, no carece de precedentes. Muchos estados, incluyendo Connecticut, mantuvieron alguna vez leyes anticatólicas que escandalizan nuestra concepción moderna de la libertad religiosa.
En el Siglo XIX en Connecticut se prohibía legalmente a los católicos ocupar cargos públicos o poseer tierras. De hecho, después de la ratificación de la Constitución de Estados Unidos, le llevó cerca de tres décadas al Estado de la Constitución garantizar para los católicos una libertad religiosa parecida a la Primera Enmienda.
Aún así los ataques continuaron. Los Know-Nothings a menudo trataron de restringir las acciones de la Iglesia Católica. Uno de sus instrumentos favoritos era el trusteeism (poder en manos de los consejos de administración), precisamente lo que el proyecto de ley 1098 podría imponer.
Nunca se ha dudado que el trusteeism ordenado por el gobierno fuera simplemente un instrumento para imponer límites severos e inconstitucionales a la Iglesia Católica.
Aunque se afirma que el propósito de este proyecto de ley es evitar la mala administración de las finanzas de las parroquias, sus promotores ignoran dos hechos: los incidentes de mala administración no solo son realmente excepcionales, sino que la Iglesia Católica ha adoptado medidas eficientes para prevenir que se repitan dichas situaciones.
Así que el proyecto de ley no solo es anticonstitucional, sino también innecesario.
Los promotores del proyecto de ley podrían tomar en cuenta el veredicto de la historia sobre los Know-Nothings cuyas tácticas han adoptado hoy pues estos políticos de Connecticut no solo están del lado equivocado de la Primera Enmienda, sino del lado equivocado de la historia.
Han pasado más de 150 años desde que un estado estuvo lo suficientemente equivocado como para proponer dicha legislación, y por buenas razones.
En 1855, en el estado de Nueva York, los Know-Nothings se anotaron una victoria con la aprobación del proyecto de ley Putman en la legislatura de dicho estado. El proyecto de ley imponía el trusteeism en la Iglesia Católica y creó serios problemas legales para su administración. También presentó la misma ficción que el actual proyecto de ley: los sacerdotes y los obispos deberían concentrarse únicamente en los asuntos de la fe.
El proyecto de ley fue rechazado en 1863.
Pero el proyecto de ley 1098 retrocede en el tiempo más de 150 años. No debemos volver al periodo más oscuro para la libertad religiosa en la historia de nuestro país, un periodo marcado por el fanatismo y la intolerancia. Los promotores de dicho proyecto pueden no conocer la historia, ¡pero nosotros sí la conocemos y ellos también deberían conocerla!
La lección del Siglo XIX es que el poder para imponer estructuras que otorguen o retiren la autoridad a los líderes de la Iglesia a criterio de los funcionarios del gobierno es el poder de intimidar y finalmente de destruir.
Como dijo el Obispo Hughes de Nueva York en 1842: Todo culto en este país
tiene el derecho de regular, de acuerdo con sus propias reglas, los asuntos de disciplina eclesiástica que incumban a su gobierno. Si se niega este derecho, se destruye la libertad religiosa.
Si hoy un estado puede tan fácilmente hacer caso omiso de la Primera Enmienda y decirle a una iglesia cómo debe organizarse y operar, mañana puede fácilmente hacer lo mismo con otra religión.
Quienes vivimos en Connecticut debemos ser muy conscientes de las libertades de nuestra Primera Enmienda.
Consideren lo siguiente: Retrocediendo a 1801, un grupo de 26 iglesias de Connecticut, conocido como Danbury Baptist Association, escribió al Presidente Thomas Jefferson pidiéndole ayuda para impugnar una ley del estado que imponía la Iglesia Congregacional como la iglesia del estado de Connecticut. Su carta tiene una relación directa con el tema que enfrentamos hoy con el proyecto de ley 1098. En su carta, el Presidente Jefferson dijo:
Creo como ustedes que la religión es un asunto únicamente entre el hombre y su Dios, y él no tiene que rendirle cuentas a nadie más por su fe o su culto
Contemplo con reverencia soberana este acto de todo el pueblo norteamericano que declaró que su legislatura no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión o prohibiendo el libre ejercicio de dichas actividades, construyendo así un muro de separación entre la Iglesia y el Estado.
El Presidente Jefferson consideraba que nuestra Primera Enmienda era una: expresión de la voluntad suprema de la nación en beneficio de los derechos de conciencia.
¡Hacemos un llamado a los legisladores de Connecticut para unirse a Jefferson y proteger a nuestra Iglesia Católica y a toda iglesia de Connecticut!
El proyecto de ley no tiene oportunidad contra una impugnación de la corte por su constitucionalidad. Pero incluso la presentación de este proyecto de ley envía un peligroso mensaje a todos los líderes religiosos que congelará la libertad de la religión y de libre expresión, ya que los líderes religiosos se verán obligados a pensar si lo que digan los someterá a la interferencia y a la intimidación del gobierno.
Cuán irónico es que los legisladores del Estado de la Constitución hayan propuesto esta medida arcaica.
Para terminar, quisiera comentar sobre todos los argumentos que alegan este proyecto de ley es una respuesta a las preocupaciones del laicado. Como líder de Caballeros de Colón, la mayor organización de laicos en Estados Unidos y Connecticut, permítanme decirles lo que nos preocupa:
Nos preocupa que se trate con respeto a nuestros obispos y sacerdotes;
Nos preocupa que esta legislatura proceda con justicia y reflexión y sin precipitar su juicio;
Nos preocupa que se proteja la libertad religiosa de nuestra Primera Enmienda.
Y que Dios, quien nos dio la libertad, bendiga al Estado de Connecticut y a las deliberaciones de esta Legislatura.
Gracias.
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