Ayuda entre prójimos

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3/1/2009
Donar generosamente parte de nuestro tiempo para ayudar a otros nos prepara un futuro de esperanza.

Carl A. Anderson

Conforme sigue la crisis y los trabajadores de todos los sectores experimentan cada vez más penurias, resulta normal que muchos expresemos un sentimiento de impotencia ante las fuerzas económicas impersonales que parecen estar fuera de nuestro control.

Sin embargo, en medio de la que algunos expertos consideran la peor desaceleración mundial desde la Gran Depresión de 1929, hay algo que todos nosotros podemos hacer para ayudar, incluso antes de que se acepte el paquete de estímulos económicos o que se recupere Wall Street. Podemos ofrecer una mano amiga al prójimo que la necesita, al que vive en nuestra parroquia, a la familia que vive en nuestra calle, al comedor de beneficencia o a la campana de recaudación de ropa de nuestra comunidad. Aunque no tengamos dinero que donar a las obras de caridad, casi todos podemos encontrar unos cuantos minutos al día, o una hora a la semana, para hacer trabajo voluntario.

Así seguiremos las palabras del Papa Benedicto XVI, quien nos dice en su encíclica sobre la caridad, Deus Caritas Est, “El amor – caritas – siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor.”

Si lo que nos empujó a esta crisis fue la codicia – una de las peores facetas de la naturaleza humana – entonces será necesaria una de nuestras mejores facetas – la generosidad – para salir de ella. Nos dicen los Evangelios que seremos juzgados según tratemos al “más pequeno” de nuestros hermanos. No cabe duda de que, ahora que cada vez más trabajadores se unen a las filas de los desempleados, son muchas más las familias que necesitan desesperadamente nuestra ayuda.

Así es, con nuestra fe cristiana y la gran tradición de caridad que han mostrado los Caballeros de Colón desde la fundación de nuestra Orden, podemos hacer que cada día sea un poco mejor para una persona o una familia. Fue este modelo de ayuda entre prójimos el tema de la cumbre sobre el voluntariado que patrocinó Caballeros de Colón en la Ciudad de Nueva York el 27 de febrero. Los dirigentes de una amplia gama de organizaciones de voluntarios se reunieron para enfrentar los problemas inauditos de la actualidad y para anunciar la necesidad de trabajar unidas entre ellas y con el gobierno para atender la angustiosa situación en que se encuentran nuestras comunidades.

Sin embargo, el mensaje de esta importante cumbre quedará en puras palabras si no está respaldado por la actuación de millones de personas, incluyendo a los Caballeros, quienes deberán acercarse a quien necesite ayuda.

Nuestros consejos locales, gracias a su estrecha relación con sus parroquias y comunidades, son famosos por sus proyectos donde todos participan y que están disenados para satisfacer necesidades específicas. Por lo tanto, para responder al llamado al consejos, y reclutar a más hombres con sus familias que se unan a nosotros para contribuir a aliviar las crecientes necesidades que nos rodean.

Debemos también buscar de manera más activa a los que necesitan nuestro apoyo, lo cual significa que los consejos locales deben trabajar todavía más cerca de sus iglesias y parroquias. Imagínense que cada domingo, en las miles de iglesias católicas donde está presente la Orden, se informara a los fieles de los proyectos de servicio de Caballeros de Colón en su área. Se multiplicarían las oportunidades de dar tiempo y talento, se levantaría el ánimo de los que están en apuros y se crearían fuertes vínculos de fe y companerismo.

En Wall Street, las decisiones personales están motivadas por la codicia y el deseo de obtener una ventaja personal irrestricta, que se recordarán en el futuro como las características que marcaron esta crisis económica. A los que vivimos otra realidad, nos toca tomar decisiones personales por el bienestar del prójimo. Trabajemos para que el espíritu del voluntarismo se convierta en la característica que marque la recuperación de nuestra nación, para que nos convirtamos realmente en una nación donde nos ayudamos entre prójimos. Si lo logramos, no sólo habremos preparado el escenario para la recuperación económica, sino que habremos establecido una nueva brújula moral llena de fortaleza para guiar el futuro de nuestra sociedad.

Vivat Jesus!