Douglas Brinkley y Julie M. Fenster le hablan al público durante la firma de autográfos que tuvo lugar el pasado 11 de enero.
Julie Fenster es coautora con Douglas Brinkley de Sacerdote Parroquial: Padre Michael McGivney y el Catolicismo Americano, publicado en enero por William Morrow, una división de HarperCollins ($24.95 EE.UU. / $32.95 CAN). Fenster, autora galardoneada e historiadora, ha escrito varios libros y artículos publicados en las revistas American Heritage y American History, entre otras publicaciones. Ella es también la narradora de la versión en audio del libro Sacerdote Parroquial.
Fenster y Brinkley han recreado la vida diaria de Padre McGivney en su nueva biografía conmovedora. Han escrito una crónica no sólo de su vida sino de la América del siglo 19. La pasión de Padre McGivney por su vocación, por su familia y los jóvenes, y por los Caballeros de Colón es captada en Sacerdote Parroquial.
En esta entrevista, Fenster comparte observaciones adicionales sobre el Padre McGivney, qué le atrajo a ella y a Brinkley a este tema, y lo que ella espera que los lectores aprendan despues de haber leido Sacerdote Parroquial.
COLUMBIA: Sus libros anteriores cubren una amplia gama de temas — batallas históricas, pioneros y descubrimientos médicos, finanzas, viajes.¿Qué le atrajo a escribir sobre este sacerdote parroquial estadounidense poco conocido del siglo 19?
FENSTER: No importa el tema general, mis libros surgen de la historia social, preguntándome cómo vivía la gente. Supongo que eso es sólo una forma de decir que soy muy curiosa cuando se trata de la gente en la historia. No me llama tanto la atención la gente actual, quizás debido a que ya sé lo que significa vivir en el 2006. Quiero saber cómo era vivir en otra época.
Sí, vivo en el 2006, sin embargo, y como todos los demás, me sentí muy enojada por el escándalo en torno a los sacerdotes pedófilos. Solía hablar sobre esto ocasionalmente con Doug Brinkley, un gran historiador y amigo, y ambos resentíamos el hecho de que la reputación de todos los sacerdotes estaba bastante comprometida por el comportamiento infame de una minoría de ellos. Se podría decir que Doug y yo teníamos cierta ira por el daño que algunos sacerdotes destructores le hacían a todos los sacerdotes.
De cualquier forma, un día Doug y yo escuchamos sobre el esfuerzo de proponer a un sacerdote llamado Michael McGivney para la santidad. Pensamos que él debería incluirse en nuestra lista de posibles temas para un libro: un recordatorio de lo que puede ser un sacerdote. Mientras más conocíamos sobre Padre McGivney, más comprometidos nos sentíamos con el proyecto. El buen humor era natural en él y era una persona divertida, pero estaba dedicado a la dignidad de su llamado. Si nosotros nos sentíamos tan fascinados por él, llegamos a la conclusión de que otros también lo estarían.
¿Cómo usted y el coautor Douglas Brinkley se sobrepusieron al reto de escribir una biografía sobre una persona muy pública que había dejado poco en términos de sus escritos personales, tales como cartas o un diario.¿Fue eso más fácil en algunos aspectos?
En una ocasión me reí con el Padre Gabriel O’Donnell, el postulador de la causa de santidad del Padre McGivney, de que en algún lugar de este planeta debe haber una caja repleta de cartas, diarios y notas de Padre McGivney. Él y yo nos la imaginábamos con detalles perfectos. Lo único es que no existe hasta donde sé. Padre McGivney, o más específicamente sus hermanos y hermanas, no preservaron muchos de sus papeles. Uno podría pensar que eso haría bastante difícil escribir una biografía sobre él. Pero no es así en realidad. Siempre que una se intriga con un personaje histórico, nunca hay suficiente material que se haya conservado. … Aunque el Padre McGivney sólo dejó como una docena de cartas, un diario y sólo algunos otros escritos, Doug y yo encontramos que él se dejaba ver en esos artículos y que de ahí podíamos partir. Admito, sin embargo, que prácticamente todo lo que escribió McGivney está citado en su totalidad en Sacerdote Parroquial. ¡No nos dimos el lujo de eliminar nada!
Usted y Brinkley proveen tan ricos detalles y perspectivas interesantes respecto a la Iglesia y la vida cotidiana en el siglo 19. El libro es tan revelador sobre tales cosas como la familia, la vida parroquial y de la ciudad, así como del Padre McGivney. ¿Fue su intención relatar esta historia más amplia a la vez que la historia de la vida de este hombre?
El Padre McGivney vivió para los demás. Ésa es su historia. Por esa razón, el plan desde el comienzo fue reconstruir tanto de su mundo como fuera posible. Encontramos, en cualquier caso, que McGivney vivió en una época apremiante. Tuvo suerte de servir en Connecticut, un lugar abierto a nuevas ideas y de mucha ebullición en ese entonces. La luz eléctrica y el teléfono estaban cambiando la vida para todos, incluyéndolo la de él. Más que eso, en América y otros países que se estaban urbanizando e industrializando, el papel del hombre dentro de la familia estaba evolucionando rápidamente durante la década del 1880. El Padre McGivney, por el trabajo que realizaba en su parroquia, estaba consciente de ese cambio a veces confuso, y esto constituyó una de sus motivaciones para fundar Caballeros de Colón.
¿Hubo algunos episodios o sucesos en su vida que usted y Brinkley consideraron que fueron especialmente reveladores sobre el Padre McGivney — cosas que verdaderamente captaron para ustedes lo que él era y para lo que vivió su vida?
Padre McGivney vivió con un sentido de balance, que es muy digno de tomar en consideración. Sabía justo dónde pertenecía todo lo que estaba a su alcance, en relación con todo lo que le rodeaba. A la vez que continuaba su vida, el sentido de paz que poseía — tanto dentro de sí como fuera de él — probablemente se mantenía equilibrado en ese buen balance. En ese sentido, el Padre McGivney era mucho más carismático de lo que él mismo quería admitir. Estoy fascinado por las numerosas veces que él le dio su espalda a adquirir mayor poder, incluso cuando se le entregaba. En corroboración de eso, hubo numerosos episodios, pero especialmenteuno que ocurrió durante una campaña presidencial en la que uno de los representantes de los candidatos pronunció un discurso flagrantemente anticatólico. Localmente, los que realizaban la campaña de ambos lados estaban congregados en los alrededores de la iglesia del Padre McGivney luego de los servicios dominicales, un hombre llegó corriendo agitadamente donde Padre McGivney, exigiendo saber por qué el sacerdote no había usado su influencia para decirle a los feligreses que votaran en contra del candidato anticatólico. El Padre McGivney no retrocedió, aun cuando otros contuvieron al hombre. Le había dicho a la congregación que pensaba que cada persona debía votar sin la influencia indebida de otros. Cuando la situación se tornó en un asunto serio — eso lo incluyó a él también. Muchas otras personas no habrian podido resistir la oportunidad de engrandecerse. Padre McGivney quería darle poder a la gente que lo rodeaba, no controlarla. En vista de eso, el hecho de que él no era famoso era sólo otra parte de su gloria.
Esta biografía es el primer estudio a fondo de la vida del Padre McGivney y obviamente le interesará a los Caballeros. Pero ¿qué dirí usted son sus puntos de atracción para los católicos en general, y para la gente interesada en la América del siglo 19?
Doug insiste en que algún día Padre McGivney estará inscrito en el índice de cada libro de historia americana. Eso es cierto, me parece. La afluencia de los católicos a finales del siglo 19 fue un aspecto enormemente significativo de la historia americana. El tema con frecuencia se cubre desde el punto de vista del prejuicio que surgió contra ellos. Sacerdote Parroquial proviene de la otra dirección, mostrando el esfuerzo que realizó el Padre McGivney para ayudar a los católicos a asegurar su lugar en América. …
Finalmente, el libro sí tiene un tema paralelo en el papel del esposo y padre en la sociedad industrializada del siglo 19. ¿En qué consistía la hombría en la era después de los pioneros? El libro examina constantemente la necesidad de cada hombre en esa época de encontrar formas de establecer su papel y comprender sus responsabilidades, especialmente dentro de la familia. Éstas son preguntas que deberían resonar como verdaderas tanto para los católicos como para los no católicos.
¿Tuvo la impresión o llegó a la conclusión de que el Padre McGivney era un sacerdote parroquial singular?
En efecto, Doug y yo fácilmente podríamos escribir biografías de varios sacerdotes que tuvieron algo que ver con el Padre McGivney, y quienes se presentan en Sacerdote Parroquial. En casi cualquier grupo de sacerdotes, de igual forma, habrá extraordinarios hombres de ideas, de energía y, por supuesto, de fe. Resulta que el Padre McGivney representa lo mejor a la vez que lo más frágil en todos. Tenía una pureza de propósito, combinado con una personalidad atractiva, con su entusiasmo por el béisbol y el teatro aficionado y los jóvenes y los ancianos y los padres y los hijos y — bueno, ya usted tiene una idea.
En términos de su estilo personal, el Padre McGivney estaba notablemente adelantado a su época. Podía jugar béisbol y reírse con sus feligreses jóvenes — en otras palabras, tenía una forma de mezclarse en las vidas seculares de los feligreses sin abandonar sus responsabilidades espirituales hacia ellos; todo lo contrario, me parece. Juzgándolo por sus acciones, él no quería que la gente dejara sus vidas religiosas en la iglesia — muchos hombres del clero de todas las creencias predican eso, pero el Padre McGivney tenía una forma elegante de probar que las enseñanzas católicas podían ser parte de todo, en todo momento.
Me parece que era muy moderno — o por lo menos usted lo representa en sus relaciones con la gente muy parecido a un sacerdote que uno quisiera conocer hoy. ¿Hubo algunos episodios o sucesos en su vida que sencillamente no se usaron en el borrador final?
Usted acaba de expresar por qué Padre McGivney es tan importante, más allá de fundar los Caballeros. Él es, como usted dijo, “un sacerdote que uno quisiera conocer hoy”. Quienes han leído el libro o escuchado la versión narrada han dicho que él se ha quedado con ellos como una personalidad notable y una fuente de fortaleza. Nosotros no tomamos eso como un reflejo del libro en sí, sino como una señal de que el espíritu de Padre McGivney es muy real y relevante. No dejamos fuera nada, y buscamos en material original extenso y en reportajes de la época para cualquier detalle de su vida.
Hay varios santos y beatos norteamericanos que son contemporáneos del Padre McGivney: Santa Catalina Drexel, Santa Francisca Javier Cabrini, San Juan Nepomuceno Neumann, Beato André Bessette, y otros. ¿Estudiaron usted y Doug Brinkley las vidas de ellos para ver si había algunas semejanzas en sus vocaciones, llamados al servicio, formas de llegar a la gente, etc.?
Sí tratamos de familiarizarnos con la gente que podría ser considerada pares del Padre McGivney, ya fuera en términos del tiempo en que él vivió o su llamado como sacerdote parroquial. Muchos de los sacerdotes sobre quienes se ha hecho extensa investigación caen en una de dos categorías. Eran constructores, como Madre Cabrini o Padre Nelson Baker de Buffalo (quien asistió a la universidad en Niagara con McGivney). O eran líderes de la Iglesia, como el Obispo Neumann o el Cardenal James Gibbons (quien era como 18 años mayor que Michael McGivney, pero quien tuvo una carrera inicial similar y fue quien lo ordenó). No había, sin embargo, mucho material sobre simples sacerdotes parroquiales, porque ellos por lo general no reciben mucha atención. Uno que encontramos ilustrativo fue el Padre Jacques Millet, un sacerdote parroquial francés del siglo 19.
Usted y Doug Brinkley concluyen que el Padre McGivney fue un sacerdote del mundo moderno. ¿Puede elaborar sobre este punto?
Hasta una generación antes de su época, los sacerdotes estaban bastante aislados de la sociedad en general, dentro de sus propios círculos parroquiales. Padre McGivney fue un poco más relajado respecto al mundo en que vivía. No muchos otros sacerdotes, aun en su época, eran tan activos o tan accesibles. Más que la mayoría de sus compañeros sacerdotes en el siglo 19, él veía el mundo como lo veían sus feligreses, no meramente desde el punto de vista de un sacerdote. Eso le permitió a Padre McGivney fundar Caballeros como un grupo laico sancionado por la Iglesia. Fue revolucionario en ese entonces para que la Iglesia aceptara bajo su cobija a cualquier grupo que no tuviera a un sacerdote como su líder. La flexibilidad de Padre McGivney en ver los asuntos del mundo desde ambos puntos de vista — Iglesia y laicado — creció hasta formar parte de la Iglesia Católica Romana.
Usted escribió el libro durante un momento en que el sacerdocio católico estaba siendo escudriñado debido al escándalo de los abusos sexuales del clero.
¿Quiere escuchar algo verdaderamente deprimente? Durante todo el tiempo en que estaba trabajando en el libro y cuando le decía a la gente en conversación casual que mi proyecto más reciente trataba sobre un sacerdote, invariablemente — invariablemente — me preguntaban si él estaba envuelto en cosas frívolas, o algo parecido. No me tomó mucho tiempo sentirme ofendida, dentro de mí, por esos comentarios, tan insultantes como parecían serlo. Yo no puedo garantizar la situación moral de cada sacerdote en el Connecticut del siglo 19, pero es claro que, tan extrema como era la necesidad de sacerdotes en esos días de fuerte inmigración católica, el cernimiento de sacerdotes potenciales respecto a asuntos de carácter se tomaba muy en serio. La actitud entonces era que, con el prejuicio anticatólico casi a ras de tierra en América, la Iglesia no podía darse el lujo de dejar que pasaran algunas manzanas podridas y causaran un escándalo público. Los tiempos recientes han mostrado cuán apropiada era esa posición moral. Padre McGivney formó parte de esa tradición en el sentido de que su educación al sacerdocio tomó casi diez años y él estuvo bajo escrutinio continuo. Así era como se hacía en ese entonces.
El hecho de que hay alrededor de 1.7 millones de Caballeros en diversos países, de que hay más de media docena de Caballeros que son santos o beatos, que Caballeros se mantiene fuerte casi 125 años luego de su fundación — qué le dice eso en última instancia respecto a la visión de Padre McGivney y su continua relevancia para el mundo y la Iglesia?
El Padre McGivney tenía una brillante comprensión de la familia, y de cada persona que la componía. Esa la esencia de muchas de las cosas que él hizo. Tal como lo diseñó, Caballeros de Colón le dio las herramientas a los hombres, tanto económicas como espirituales, para hacer de sus vidas algo mejor, en particular como líderes en sus familias. Al darles una comprensión de su relevancia, la influencia de Padre McGivney sobrepasaba a los católicos y llegaba hasta los hombres de otras creencias. … Él dejaba a cada persona se sintiera mejor, se sintiera un poco más fuerte, que pudiera ver un poco más allá.
Tim S. Hickey es editor de Columbia.
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