Caballaros de Colón

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Cómo encontrar la felicidad

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6/30/2010

Este mes, Columbia presenta un artículo sobre Cómo encontrar la felicidad de Christopher Kaczor, profesor de filosofía de la Universidad Loyola de Marymount. Día con día, hagamos lo que hagamos, todos buscamos el mismo objetivo, el que compartimos con todas las personas de la tierra.

Todos deseamos ser felices. Diariamente, sin importar lo que hagamos, buscamos este objetivo, es el mismo que compartimos con todas las demás personas del planeta. Pero, ¿qué es exactamente la felicidad? ¿y cómo podemos encontrarla?

En su libro La ciencia de la felicidad (Ed. Ciao, 2008), Sonja Lyubomirsky examina cientos de estudios empíricos en los que los científicos buscaban descubrir la respuesta a estas preguntas. Escribe que los “estudios muestran que el 50 por ciento de las diferencias individuales en la felicidad están determinadas por los genes, 10 por ciento por las circunstancias de la vida y 40 por ciento por otras actividades intencionales”.

Resulta que algunas personas son más optimistas, joviales y alegres por naturaleza. Por lo tanto, no debemos sentirnos mal si tenemos un temperamento menos alegre que otros. Al mismo tiempo, ciertas circunstancias de la vida — la buena fortuna, el buen clima, una promoción en el trabajo — tienen un efecto relativamente poco impor- tante en nuestro nivel de felicidad a largo plazo. Cambiar nuestras circunstancias solo afectaría ligeramente nuestro punto de vista, puesto que nos adaptamos rápidamente a nuestras nuevas circunstancias. Sin embargo, aunque no podemos alterar los antecedentes genéticos de nuestra felicidad, y los cambios en nuestras circunstancias no repercuten a largo plazo en nuestra felicidad, sí podemos cambiar de manera drástica nuestras actividades intencionales, es decir, nuestros objetivos en la vida. Puede hacernos más felices participar en actividades centradas en objetivos significativos que fortalezcan nuestras relaciones con los demás. Sin importar nuestras circunstancias, si elegimos nuestras prioridades sabiamente, podemos ser felices.

LA DISTRIBUCIÓN DE LOS ‘NIVELES’ DE FELICIDAD Back to Top
Basándose en el trabajo de Santo Tomás de Aquino, en su libro Healing the Culture (Sanando la Cultura) (Ignatius, 2000) el Padre Jesuita Robert J. Spitzer distingue cuatro niveles de felicidad. El primer nivel de la felicidad es el placer corporal obtenido por medio de la bebida, la comida, las drogas o el sexo. El segundo nivel de la felicidad se relaciona con las ventajas competitivas en términos de dinero, fama, poder, popularidad u otros bienes materiales. El tercer nivel de la felicidad se relaciona con amar y servir a otras personas. El cuarto nivel de felicidad se encuentra en amar y servir a Dios. A pesar de que podemos desear todos los niveles de felicidad, no todos los niveles proporcionan la misma satisfacción permanente.

En la vida, a menudo nos enfrentamos con una elección entre un nivel de felicidad y otro. Por el éxito atlético en lugar de los placeres corporales, que podría encontrar en el abuso de las drogas o el alcohol.

Puedo obtener más placer del primer nivel si el lunes me levanto tarde, pero tendría que sacrificar el segundo nivel de felicidad porque no podría ganar dinero en el trabajo. O bien, podría obtener más de cierto tipo de felicidad estafándoles a otros su dinero, pero estaría sacrificando un nivel más alto de felicidad porque ser injusto con los demás es lo opuesto a ayudarlos. Como siempre tenemos que elegir una actividad sobre otra, tiene sentido pensar qué tipo de actividades nos llevarán realmente a la felicidad permanente.

El primer nivel de felicidad — el placer de los sentidos — tiene diversas ventajas. Es fácil de obtener, llega con bastante rapidez y puede ser intenso. Sin embargo, este primer nivel de felicidad se va casi tan rápidamente como llega. Además, creamos cierta tolerancia necesita más para lograr el mismo grado de satisfacción. Desafortunadamente, muchos de estos placeres pueden llevar a adicciones de diversos tipos y la esclavitud de las adicciones es lo opuesto a la verdadera felicidad. Finalmente, este nivel bajo de felicidad es superficial de alguna forma. Todos lo deseamos, pero también deseamos lograr algo más significativo y más importante en la vida.

El siguiente nivel de felicidad brinda mayor sentido y significado que el primero. Implica no solo competir con el vecino, sino también superarlo, en dinero, fama, popularidad o en nivel social. Celebramos estos logros como cultura: el estudiante más brillante, el atleta estrella, el millonario. Pero, ¿nos llevará este éxito a la felicidad permanente?

Tomemos el dinero como objetivo del segundo nivel. Más dinero puede hacernos significativamente más felices si somos pobres. Si no hacemos tres comidas diarias y dormimos bajo un puente, el dinero extra puede hacer una gran diferencia en la felicidad. Sin embargo, en su libro La búsqueda de la felicidad (William Morrow & Co., 1992), el psicólogo David Myers muestra que cuando una persona escapa de la pobreza extrema, cantidades extra de dinero no incrementan su felicidad de manera significativa. En otras palabras, gana $ 500,000 dólares, es probable que exista poca diferencia en la felicidad que reportan o en los niveles de depresión.

¿Por qué las cantidades adicionales de dinero no nos hacen más felices de manera permanente? Las investigaciones indican que posiblemente nos acostumbramos a todo nivel de éxito económico que logremos y entonces empezamos a buscar niveles más altos de opulencia. Tendemos a compararnos con los más ricos que nosotros en lugar de hacerlo con los muchos que viven en la pobreza. La mayoría de las personas de clase media hoy disfrutan de lujos y comodidades desconocidos incluso por los reyes medievales.

Pero quizás tener no solo más dinero, sino mucho más dinero, nos llevaría a niveles más altos de felicidad. Una vez más, la investigación empírica no sostiene este punto de vista. Quienes ganan la lotería — una vez que pasa la impresión — dicen no sentirse más felices que antes de ganar. Los 500 ejecutivos de Fortune poseen niveles de felicidad promedio, y 37 por ciento de los empresarios más ricos son de Aquino hace más de siete siglos, deseamos muchas cosas que ninguna cantidad de dinero puede comprar y no podemos encontrar la verdadera felicidad en más fama, poder o “victoria” de ningún tipo.

EL DESCUBRIMIENTO DEL AMOR y LA GRATITUD Back to Top

Ni el éxito mundano ni los placeres corporales, como comer, tienen nada de malo en sí. El problema es más bien cuando pensamos que son los objetivos más importantes en la vida. Incluso aunque tuviéramos todo el dinero del mundo, todo el placer corporal que pudiéramos aceptar y todo el éxito mundano posible, no podemos ser felices sin la verdadera amistad y el verdadero amor. Según las enseñanzas de Aristóteles, la felicidad es una actividad acorde con la virtud. Para que seamos felices de manera objetiva necesitamos participar en actividades que estén de acuerdo con la virtud, especialmente con la virtud de la caridad. Sin elegir niveles altos de felicidad, incluso si subjetivamente nos sentimos bien (momentáneamente), no logramos objetivamente ser felices.

Los niveles altos de felicidad — el amor por el prójimo y el amor por Dios — van juntos. Los dos grandes mandamientos de Jesús lo dejan bien claro: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu... Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37-39). Si verdaderamente amamos a Dios, también amaremos a la gente porque está hecha a su imagen y semejanza. no podemos amar verdaderamente a Dios sin amar también a nuestro prójimo. Ciertamente, las enseñanzas de Jesús nos señalan niveles más altos de felicidad señalándonos este amor: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado” (Jn 13, 34).

Comentando a Aristóteles, quien argumentaba que la necesidad humana necesariamente incluía la amistad, Santo Tomás de Aquino agregó que podemos ser amigos no solo de otros seres humanos, sino también de Dios. Las investigaciones psicológicas confirman esta antigua sabiduría. La gente más feliz tiene un magnífico trabajo que sirve a otros (actividad de acuerdo con la virtud) y posee sólidas relaciones de amor con su familia, sus amigos y con Dios. En promedio, la gente que practica su fe reporta mayor felicidad que aquellos que no la practican. Las enseñanzas religiosas comunes, como la práctica de la Acción de Gracias, perdonar a quienes nos ofenden y obedecer los Diez Mandamientos refuerzan el bienestar y fortalecen la amistad, lo que conduce a una mayor felicidad.

Entonces, ¿qué podemos hacer para ser felices? He aquí varias sugerencias concretas. Primero, al terminar cada día, escriba tres cosas positivas, grandes o pequeñas, que haya vivido. Pueden relacionarse con cualquiera de los cuatro niveles de felicidad. (Comí una hamburguesa buenísima, finalmente obtuve la promoción, ayudé a mi hijo con su tarea, al orar me sentí cerca de Dios). Los psicólogos han estudiado esta práctica llamada el ejercicio de las “tres cosas buenas” que nos dan alegría. San Ignacio de Loyola descubrió este secreto hace siglos en su “examen” jesuita diario, que empieza reconociendo las bendiciones que Dios nos ha dado cada día.

Después, escriba una carta de agradecimiento a alguien en su vida. Describa lo que ha hecho y lo que significa para usted. Puede ser su madre o su padre, un antiguo maestro o entrenador, un sacerdote o guía espiritual. De ser posible, reúnase con la persona y poderosamente la felicidad tanto de quien escribe la carta como de quien la recibe.

Una sugerencia final es profundizar en nuestro más alto nivel de felicidad creciendo en nuestra intimidad con Dios. Intente leer diariamente un pasaje del Evangelio,rezar el Rosario o hacer una visita al Sagrado Sacramento para tener una conversación con el Señor de corazón a corazón. La oración es como el ejercicio: no importa el tipo de oración, solo importa que sea constante.

En la Summa Theologica, Santo Eucaristía — que literalmente significa “acción de gracias” — es una invitación constante para dar gracias a Dios por las bendiciones de nuestra vida.

Todos deseamos ser más felices, y todos podemos serlo. no debe esperar la gran promoción o la noche del sábado. La principal misión de Jesús es ayudarnos a lograr nuestra verdadera felicidad: “yo he venido para que las ovejas tengan más Vida, y la tengan en abundancia” crecer en el amor del prójimo y de Dios.