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Guiar a la gente a la Puerta de la Fe

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11/1/2012

El Año de la Fe exhorta a los católicos a profundizar sus convicciones y a participar en la nueva evangelización

por el Padre Geno Sylva

Synod of Bishops

Los peregrinos llenan la Plaza de San Pedro en el Vaticano el 7 de octubre cuando el Papa Benedicto XVI celebra la Misa inaugural del sínodo de los obispos sobre la nueva evangelización. En la fachada se ven tapices de San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen, a los que el Papa declaró Doctores de la Iglesia.

¡No existe una experiencia igual en todo el mundo! Encontrarse en la inmensa extensión de la Plaza de San Pedro, hablar y reír entre los visitantes que han venido a la Ciudad Eterna desde todos los rincones de la tierra. Poseen diferentes culturas y tradiciones religiosas, sin embargo, todos esperan la oportunidad de ingresar a este lugar santo, cuyos portales son siempre acogedores. Entonces, un silencio se apodera de los visitantes mientras se abren las puertas macizas y son guiados al interior de la belleza y santidad de esta grandiosa basílica.

Al igual que Roma atrae a estos peregrinos, lo divino atrae a toda la gente. Aún cuando el mundo moderno adopte el relativismo, del que el Papa Benedicto XVI señaló que “no reconoce nada como definitivo”, y el secularismo, del que dice que implora al hombre “a construir su vida sin Dios”, la gente aún busca la fe. En palabras del Beato Juan Pablo II, “no deja de subsistir una sed de absoluto, un deseo del bien, un hambre de la verdad, una necesidad de realización de la persona”. Dichos anhelos son nuestra esperanza, aún cuando el deseo de ver el rostro de Dios a menudo quede insatisfecho en medio del clamor ensordecedor de aquellos que “predican” la autonomía individual y completa. Con Cristo como su conductor, la obra de la nueva evangelización busca restaurar al mundo la armonía y al hacerlo, abordar el deseo por Dios que yace en el corazón de todo ser humano.

ABRID LAS NUEVAS PUERTAS
En una carta pastoral de 2008, el Obispo Arthur J. Serratelli de Paterson, n.J., resumió de forma clara y concisa la evangelización como “llevar el Evangelio a toda persona y a toda situación”. Esta misión de la evangelización ha sido el constante mandato de Cristo a su Iglesia (cfr. mt 28, 19-20). En tiempos actuales, algunas personas han sugerido que la Iglesia solo fortificó su misión esencial de la evangelización debido a la disminución del número de creyentes y a una creciente apatía hacia Dios. Al contrario, la Iglesia evangeliza porque Cristo mandó que lo hagamos sin importar la situación presente.

Ha habido muchas épocas durante las que la Iglesia ha tenido que enfrentar desafíos culturales que intentan alejar a los fieles de la verdad. Afortunadamente, estos esfuerzos han logrado conducir hacia Cristo a la gente, que está dispuesta a defender el depósito de fe.

En nuestra propia época, el Papa Juan Pablo II respondió al mandato de Cristo reconociendo que a finales del Siglo XX el mundo experimentaba cambios sin precedentes. Al hablar a los Obispos Latinoamericanos en 1983 dijo que más que a una reevangelización, debemos comprometernos a emprender “una nueva evangelización, con nueva devoción, métodos y expresión”.

Esta nueva evangelización debe incluir la “reavivación del don de Dios” en el corazón de mucha gente para quien la sal del Evangelio ha perdido su sabor (2 Tm 1,6, cfr mt 5,13). Juan Pablo II encendió esta chispa durante la homilía del comienzo de su pontificado en 1978 en la que retó a todos los creyentes: “¡no temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!... ¡no tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo Él lo conoce!” El Papa Benedicto XVI repitió estas mismas palabras 27 años después en su primera homilía como pontífice. En ella, anunció claramente que la obra de la nueva evangelización, la oportunidad de ser como Cristo y de guiar a los demás “hacia el lugar de vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios”, continuaría.

Y ha continuado. Recientemente el Santo Padre promovió la nueva evangelización a través de una convocatoria de un sínodo de obispos intitulado “La nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe Cristiana”. Del 7 al 28 de octubre, los obispos que representan a cada conferencia episcopal del mundo y de diversos departamentos de la Curia Romana se reunieron con el Papa Benedicto XVI para sugerir y proseguir sus propósitos pastorales. El centro de su debate fue una “nueva forma de proclamar el Evangelio, especialmente para aquellos que viven en la actual situación que se ve afectada por una creciente tendencia de secularización”. Con el fin de incorporar a toda la Iglesia al proceso de revitalización de los fieles, hace un año el Papa Benedicto publicó una carta apostólica intitulada Porta Fidei (La Puerta de la Fe), en la que anunció que del 11 de octubre de 2012 al 24 de noviembre de 2013 se observaría un Año de la Fe especial. El día de la apertura del Año de la Fe conmemoró el 50º aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano Segundo y el 20º aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. La carta apostólica del Papa iniciaba con estas palabras: “La ‘puerta de la fe’ (Hechos 14,27), que introduce en la vida la comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros”. Pero las preguntas persisten: ¿Quién guiará a otros a la puerta de la fe? ¿Cómo invitarán a la gente, dejándole saber que no tiene que esperar y sufrir en fila bajo el opresivo calor del relativismo y el secularismo? Respondiendo a estas preguntas podemos discernir nuestro papel como evangelistas y poder apreciar la gran oportunidad que nos ofrece el Año de la Fe.

GUÍAS HACIA CRISTO
La fe proviene de la gracia y del Espíritu Santo. Sin embargo, creer es también un verdadero acto humano y, como tal, posee dimensiones personales y relacionales. ¿Es de extrañarse que el Papa Benedicto XVI usara el término “guía” para anunciar el Año de la Fe? Guiar significa acompañar, dirigir, introducir y conducir. Cada sinónimo implica una relación, una interacción. De este modo, como evangelistas, debemos caminar juntos.

En su reciente libro, La Nueva Evangelización, el Obispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la nueva Evangelización y de la secretaría de organización para el Año de la Fe, escribió que los creyentes son incapaces de “viajar solos”. Dijo que “somos católicos por naturaleza, es decir, abiertos a todo y deseando estar junto a cada persona para ofrecerle la compañía de la fe. Deseamos hablarles a todos, incluso si sabemos que no todos desean dialogar con nosotros. Todos hemos sido invitados a tocar a cada puerta, incluso si sabemos que muchas permanecen cerradas”. Sin embargo, como guías nunca debemos olvidar que hacemos invitaciones a la fe, dando testimonio y proponiendo, no imponiendo. Aquí radica la importante distinción entre la evangelización y el proselitismo.

El Año de la Fe nos brinda tanto la motivación como la estructura para pulir el arte de ser guías hacia Cristo, de ser invitaciones vivientes a la fe. En este año es fundamental un enfoque renovado de la Profesión de la Fe, invitando a particulares y familias a hacer del Credo de nicea nuestra oración diaria. Los Caballeros de Colón pueden aprovechar esta oportunidad para orar el Credo con su familia diariamente y durante las reuniones de consejo, dejando quizás tiempo para analizar una parte de la plegaria y su significado. Lo más importante es que debemos orar el Credo en misa con una atención renovada a las verdades que proclama y dejando tiempo para que Dios nos otorgue la gracia de vivir la fe de manera auténtica. ¡Solo entonces se aceptarán nuestras invitaciones a la fe!

En el último capítulo de su libro, el Arzobispo Fisichella comparte una historia medieval que captura el objetivo del Año de la Fe y, de hecho, la verdadera esencia de lo que significa ser católico: “Un poeta pasaba cerca de una obra en construcción y vio a tres obreros ocupados en su trabajo, eran canteros. Se volvió hacia el primero y le dijo: ‘¿Qué haces, amigo?’. Este hombre, bastante indiferente, le contestó: ‘Estoy cortando piedra’. Fue un poco más lejos y vio al segundo y le hizo la misma pregunta, y este hombre respondió sorprendido: ‘Estoy participando en la construcción de una columna’. Un poco más adelante el peregrino vio al tercer hombre y le hizo la misma pregunta; la respuesta, llena de entusiasmo, fue: ‘Estoy construyendo una catedral’. El antiguo significado no ha cambiado por la nueva obra que estamos llamados a construir. Hay muchos obreros llamados a la viña del Señor para lograr la nueva evangelización; todos ellos tendrán alguna razón para explicar su compromiso”.

Por medio de estas explicaciones — dichas en palabras y en actos — cada uno de nosotros levanta la cabeza, abre los antiguos dinteles, abre las antiguas puertas y guía a la gente al Rey de la Gloria (cfr. Salmos 24,9). ¡no existe nada igual en todo el mundo!♦

EL PADRE GENO SYLVA es funcionario del Pontificio Consejo para la Promoción de la nueva Evangelización y miembro del Consejo msgr. Joseph R. Brestel 5920 en Hawthorne, N.J.