Caballaros de Colón

Lectura

Un hogar para sanar

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12/31/2012

 

El Centro Padre Michael McGivney brinda apoyo físico, emocional y espiritual a madres necesitadas. 

por Terese Bower McIlvain

Una joven y su bebé en The Well of Mercy, un Centro Father McGivney de Esperanza y Curación.

En una antigua zona residencial en el lado norte de Chicago, a una cuadra de una activa calle comercial, se encuentra un modesto edificio de tabique. Las antiguas construcciones y la cercana iglesia católica le dan a la zona una tranquila dignidad, y lo que no se percibe desde el exterior de este viejo edificio, queda inmediatamente claro al entrar. El Centro Padre Michael McGivney para Esperanza y Salud, The Well of Mercy, puede necesitar mucha renovación, pero espiritualmente, el centro está lleno de alegría tangible. La pintura descascarada, el gastado piso de linóleo, los pasillos con poca iluminación y la mezcla de mobiliario, no corresponden a la dedicación del personal para brindar un hogar amoroso para las residentes.

El edificio, un antiguo convento, es ahora un hogar para mujeres que eligieron la vida para sus hijos nonatos a pesar de que sentían que no tenían una posibilidad real de elegir. Muchas de estas mujeres han vivido sin hogar, con abuso o abandono, y hasta que encontraron un hogar aquí, no tenían idea de cómo iban a mantenerse a ellas mismas, y mucho menos a un hijo.

“Por primera vez no me siento apurada o preocupada. Puedo pensar más allá de hoy y ver un futuro brillante para mí y para mi bebé”, dijo “K”, una residente que tiene nueve meses de embarazo y vive en el centro desde septiembre de 2012. “Necesito el apoyo emocional y el amor que recibo aquí tanto como necesito un techo sobre mi cabeza. Esto no es un refugio, es realmente un hogar. Podría ingresar a un programa del estado para obtener un apartamento ahora mismo, pero seguiría luchando con los mismos problemas emocionales que antes. Aquí, por primera vez, estoy aprendiendo a tener confianza.”

CUIDADOS COMPASIVOS
Con la ayuda del centro, K se inscribió a clases universitarias en línea, algo que nunca pensó que haría. Lo que hizo posible su transformación — y la transformación de muchas otras mujeres — inició en febrero de 2010, cuando Mary Zeien usó los ahorros de toda su vida para fundar The Well of Mercy. Zeien, quien fue víctima de abuso doméstico, pasó cerca de 40 años preparándose para abrir el centro, sintiendo siempre un profundo llamado a ayudar a otras mujeres y a sus hijos. Cuando alquiló el edificio, invirtió cada centavo que tenía y pasó muchos meses limpiándolo y amueblándolo con la ayuda de voluntarios antes de mudarse a uno de los desvencijados apartamentos del último piso en mayo de 2010. Una semana después, tuvo a su primera residente.

Mientras tanto, una nueva organización sin fines de lucro llamada Centro Padre Michael McGivney para Esperanza y Salud buscaba un centro que brindara apoyo material y espiritual a mujeres con embarazos difíciles. La organización fue fundada por miembros del Grupo en Pro del Padre Michael J. McGivney de la zona de Chicago, que se dedica a promover la vida, misión y causa de la canonización del fundador de Caballeros de Colón.

“Buscamos un lugar durante unos tres años antes de encontrar The Well of Mercy”, dijo Theresa Pietruszynski, Presidente de la Junta de Directores. “Había muchos edificios prometedores que necesitaban renovaciones muy costosas, o nos decían que un centro así ‘atraería elementos negativos al vecindario’”.

El Centro McGivney unió sus fuerzas con Zeien y The Well of Mercy en julio de 2012. Hasta ese momento, Zeien tuvo que trabajar como asistente social a tiempo completo en un hospicio para pagar las facturas del centro.

“La ayuda del Centro McGivney fue una bendición”, dijo Zeien. “Su ayuda ha hecho un mundo de diferencia para la cantidad de bien que podemos hacer aquí”.

The Well of Mercy fue rebautizado en agradecimiento a la nueva colaboración y servirá como modelo para otros centros que el Centro McGivney espera construir en todo Illinois, uno en cada una de las otras cinco diócesis.

Larry Theirault, ex presidente del Centro McGivney y actual miembro de la junta, dijo: “Esto es precisamente lo que significa ser Caballero. El Padre McGivney tenía mucho amor y compasión por las viudas y los niños, y sentimos que estamos volviendo a nuestras raíces como Caballeros”.

Gracias a la cooperación de Mary Zeien y de la junta del Centro McGivney, hoy viven en la casa 11 mujeres junto con sus 13 hijos. Aunque las mujeres pueden quedarse en el centro por muchos años, durante este tiempo deben ahorrar el 70 por ciento de sus ingresos, y el centro les promete ayudarlas a amueblar su apartamento cuando llegue el momento de mudarse. El personal se esfuerza para no solo dar a las mujeres y a sus hijos un lugar para vivir en su época de necesidad, sino también para prepararlas para vivir una vida mejor cuando se vayan.

“La gente no entiende que el aborto no resuelve nada para estas mujeres; después siguen siendo pobres, perturbadas emocionalmente, vulnerables al abuso que las llevó en primer lugar a un embarazo en crisis”, dijo Pietruszynski. “No solo las ayudamos a tener a sus hermosos bebés, sino que las ayudamos a ver la belleza con la que Dios las dotó de manera natural. Es un honor ayudar a estas mujeres a verse a ellas mismas de la misma forma en que Cristo las ve”.

NUTRIR EL CUERPO Y EL ALMA
Una de las cosas que hace único al Centro Padre Michael McGivney para Esperanza y Salud es su énfasis en el crecimiento espiritual. Muchos refugios son soluciones a corto plazo para residentes que entran y salen rápidamente. Algunos tienen programas a más largo plazo, pero normalmente se enfocan en el crecimiento económico y emocional.

En el Centro McGivney se brinda a las mujeres un amplio apoyo espiritual, emocional, físico, educativo y económico. Cada semana reciben terapia individual y de grupo, asesoría espiritual y apoyo para lograr sus objetivos educativos y sus carreras. También toman cursos sobre el parto, la crianza de los hijos, el desarrollo del niño, la vida saludable y temas teológicos relacionados con la castidad. Aunque a las residentes no se les permite salir con un hombre mientras viven en el centro, mediante estos cursos se les enseña qué buscar en un futuro esposo.

“Trabajar aquí ha sido una experiencia fascinante”, dijo Jamila Lang, una de las trabajadoras sociales internas del centro. “Mi periodo de prácticas anterior fue en un refugio establecido desde hace mucho, pero para mí éste es mucho más educativo. Aprendemos mucho, pero todo se hace con mucho amor por las residentes”.

Las residentes también participan en estudios de la Biblia, realizan tareas y trabajan en la boutique del centro. Se enseña a las mujeres hacer a mano pan gourmet, y su amor mutuo es evidente con las risas y conversaciones que comparten mientras trabajan. Este pan se vende para recaudar fondos para las cuentas de ahorro de las mujeres.

El Centro McGivney se gestiona en base a principios católicos, pero las residentes provienen de una gran variedad de antecedentes de fe. Se espera que los domingos asistan al servicio religioso de su elección.

“Si remediamos todo en sus vidas, pero no las ayudamos a conectarse con su Padre Celestial, realmente no lo hemos remediado todo”, dijo Zeien. “Nuestro sueño para ellas es que conozcan la voluntad de Dios para su vida, que obviamente incluirá aspectos fundamentales como cuidarse bien a ellas mismas y a sus hijos, pero también mucho más de lo que podemos imaginar.

Las mujeres también tienen la oportunidad de concluir su educación o trabajar por una carrera profesional, pero se les exhorta a equilibrar sus actividades con mucho tiempo de crianza con sus hijos.

“Una parte importante de romper el ciclo de violencia y abandono que estas mujeres han sufrido es darles un ambiente relajado y seguro en el que puedan forjar vínculos sólidos con sus hijos”, explicó Theirault. “Tienen que esforzarse para volverse independientes mediante la escuela y el trabajo, pero no nos gusta verlas tan ocupadas que no puedan enfocarse en sus hijos. Para muchas de estas mujeres, ésta podría ser la primera vez que han tenido un hogar estable”.

Gracias a la visión de Mary Zeien, el generoso apoyo de la junta del Centro McGivney y el trabajo de innumerables voluntarios, el The Well of Mercy del Centro Padre Michael McGivney de Esperanza y Salud se ha convertido en un santuario para estas mujeres y niños, así como en un testimonio para todos del poder de la caridad cristiana.

TERESE BOWER MCILVAIN escribe desde Lake Bluff, Illinois.