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Un legado de protección

12/1/2014

Justin Bell

Tres generaciones de agentes de Seguros de Caballeros de Colón, incluyendo al Agente General Joseph P. DiCalogero (primera fila al centro) y su padre, el ex Agente General Joseph B. DiCalogero (adelante a la derecha). En la fotografía también aparecen los agentes de seguros Jeffrey Denehy (adelante a la izquierda) y (última fila de izquierda a derecha) Joseph DiCalogero Jr., John DiCalogero, Matthew DiCalogero, Timothy Coskren y Robert DiCalogero. (Foto por Bryce Vickmark)

Al inicio de su carrera como agente de Seguros de Caballeros de Colón, Joseph P. DiCalogero visitó a Pasquale y Lorraine Bruno en Melrose, Mass., y les sugirió firmemente que comenzaran a ahorrar para los próximos años. Con siete hijos que criar, la pareja se había enfocado en suministrar los gastos universitarios y no había pensado realmente acerca de su propio futuro financiero.

Hoy, con más de 80 años, los Bruno agradecen haber escuchado la opinión de su agente.

“En lo que a nosotros respecta, hacemos lo que nos diga que hagamos”, dijo Pasquale, quien ahora se encuentra en una situación financiera en la que no tiene que trabajar si no desea hacerlo — aun cuando destina un par de días a la semana a una tienda de alimentos que antes le perteneció.

DiCalogero, de 56 años, miembro del Consejo Reading 1031 (Mass.), sirvió en Caballeros de Colón como agente de seguros durante 20 años antes de trabajar los últimos 15 años como agente general. Al ayudar a numerosas familias de Nueva Inglaterra como los Bruno para que tomaran decisiones financieras importantes, DiCalogero sabe que sigue las huellas de muchos otros agentes dedicados, incluyendo a su padre, Joseph B. DiCalogero. De hecho, tres de los hijos de Joseph B. — Joseph P., John y Robert — así como su yerno Tim Coskren, se volvieron agentes de Caballeros de Colón. Del mismo modo, Joseph P. ha iniciado una tercera generación de agentes: sus hijos, Joseph J. y Matthew, así como su sobrino, Jeff Denehy.

Para los DiCalogero los Seguros de Caballeros de Colón son un verdadero negocio familiar — y no sólo porque tantos de ellos sean agentes. Los DiCalogero están plenamente conscientes de que el Venerable Michael McGivney estableció Caballeros de Colón en 1882 en aras de la seguridad financiera de las familias de sus miembros.

La visión del Padre McGivney sigue inspirando su trabajo. Para los DiCalogero, “Seguros para hermanos Caballeros, por hermanos Caballeros con los hermanos Caballeros en mente” no es un lema corporativo, se trata de un lema familiar y de un orgulloso legado que sigue creciendo.

A LARGO PLAZO

A los 88 años de edad Joseph B. DiCalogero aún puede decir de memoria las diferencias entre dos pólizas de seguro de los años 1950 y explicar con claridad por qué la oferta de los Caballeros es mejor.

“El seguro no sólo era menos costoso, sino que tenía mayor valor”, dijo.

Nacido en 1926 de padres sicilianos inmigrante, Joseph B. creció en North End, un barrio de Boston que describe como 99 por ciento italiano en esa época.

Después de servir en la Marina de EE.UU. a finales de la Segunda Guerra Mundial, volvió a Boston y asistió a la escuela de negocios. Se unió a Caballeros de Colón en 1949 y un año después comenzó a trabajar para la industria de seguros comerciales.

Muy pronto Joseph B. comenzó a participar más con los Caballeros y a los 26 años de edad sirvió como Gran Caballero del Consejo Ausonia 1513 en North End de Boston. En 1955 se casó con Marion, su esposa, y dos años después comenzó una carrera de casi cuatro décadas con Caballeros de Colón.

“Caballeros de Colón no fue mi primer empleador, pero sabía que sería el último”, dijo Joseph B.

Comenzando como agente de seguros, trabajó como el primer supervisor regional en la sede de Caballeros de Colón en New Haven, Conn., y más tarde se retiró como agente general el 31 de diciembre de 1994.

Su hijo Joseph P., recuerda que prácticamente creció con los Seguros de Caballeros de Colón. Desde los 8 años de edad él y sus hermanas ayudaban a su padre llenando de 8,000 a 10,000 sobres para el correo del verano.

“Sabíamos que esto llegaría cada verano y lo odiábamos”, dijo Joseph riendo.

Desde el hogar familiar en Norwood, un suburbio del sur de Boston, a menudo se encontraba viajando con su padre a las reuniones del consejo y parroquias cargando un proyector para las presentaciones. Cuando era estudiante del segundo grado asistió a la primera conferencia de Seguros de Caballeros de Colón que tuvo lugar en las afueras de New Haven.

Como agente general, el mayor de los DiCalogero conducía a menudo dos horas de trayecto a Springfield en un viejo Buick con 200,000 millas. Un mes después de que el eje del Buick se rompiera en su calle en Norwood compró un billete de lotería ganador. ¿El premio? Un auto.

“Dígame que no se trata del Padre McGivney cuidándome las espaldas”, dijo Joseph P. al recordar el incidente.

También recordó un día cuando tenía 18 años en que su papá le dijo que subiera al auto pero no le dijo a dónde iban. Resulta que iban al Consejo Norwood 252, donde el adolescente participó en una ejemplificación del Primer Grado.

Después de estudiar Negocios en la Universidad Estatal de Salem, unirse a su padre en el comercio de seguros de Caballeros de Colón para Joseph P. no fue una decisión complicada. Vio el éxito del que gozaba su padre y se dijo que lo intentaría por un tiempo mientras fuera aún joven y estuviera soltero.

Treinta y cinco años después Caballeros de Colón ha sido la única carrera que Joseph P. haya conocido.

No pasó mucho tiempo antes de que Joseph P. se casara con Lauren, su novia de secundaria. Hacía tiempo que estaba familiarizada con la Orden ya que su padre también era miembro e incluso compartió tareas de llenar sobres.

Como agente de seguros Joseph P. podía trabajar fuera de casa, cenar con Lauren, su esposa, y sus hijos antes de emprender las citas de la tarde. Como propietario de una franquicia con comisión, podía manejar su propia agenda, lo que le dejaba tiempo para actividades extracurriculares, como entrenar a jóvenes deportistas.

“Por ello creo que los agentes de seguros tienen el mejor trabajo del mundo, si puedes manejarlo”, dijo.

Lauren DiCalogero también apreció el desarrollo de la comunidad entre las familias de los agentes.

Es mucho más que una compañía para la que trabajas. Haces buena amistad con la gente, se apoyan unos a otros”, dijo, mencionando viajes y el cuidado de los niños mutuamente.

MANTENIENDO LA VISIÓN

Actualmente Joseph P. dirige a 22 agentes de seguros que sirven a los Caballeros en Vermont, New Hampshire y un tercero de Massachusrtts — una zona que cuenta con 170 consejos y aproximadamente 23,000 miembros.

Sin embargo, cuando los hijos de Joseph P. mostraron interés en convertirse en agentes de C de C con él, los instó a tener otros trabajos primero.

“Quería que vieran cómo era fuera de Caballeros de Colón”, dijo.

Joseph P. también deseaba asegurarse de que la iniciativa de trabajar para Caballeros de Colón viniera de sus hijos y no al contrario. Sabía que a los agentes de seguros de Caballeros de Colón se les paga sobre comisión y que para tener éxito deben estar automotivados y ser disciplinados.

Joseph J. de 26 años, miembro del Consejo Valencia 80 en Milford, Mass., dijo que su padre deseaba que obtuviera experiencia en el teléfono con las ventas internas y que “se llenara de valor para sentarse ante las personas” en las ventas externas. Hizo ambas cosas en el terreno de las tarjetas de crédito antes de subir a bordo con los Caballeros.

Asimismo, Matthew, el hermano mayor de 29 años de edad, miembro del Consejo Methew 4027 (Mass.), describió su movimiento a la venta de seguros para los Caballeros como una “fuerza gravitatoria” después de graduarse en la escuela de negocios y trabajar en el sector bancario. Al poco tiempo de comenzar a trabajar con los Caballeros en 2013 se casó con Morgan, su esposa, y aprecia que su carrera provea para una familia.

Aunque Joseph B. DiCalogero ha estado retirado oficialmente de Seguros de Caballeros de Colón durante casi 20 años, él y Marion, su esposa, siguen participando. Por ejemplo, ayudaron a sus nietos agentes llenando 23 bandejas de sobres — más de 3,000 — para su correo del mes de agosto.

“Se cerró el círculo”, dijo Joseph P.

Protegiendo el futuro financiero de las familias de Caballeros de Colón los DiCalogero saben que ellos y otros agentes de seguros de C de C participan en un legado mayor.

Comenzó de manera sencilla cuando el Padre McGivney, un joven párroco de la Iglesia de St. Mary en New Haven concibió una fraternidad fundada en la caridad para proteger a los vulnerables.

“Creo que es fenomenal cómo su visión es nuestra visión”, dijo Joseph P.

Probablemente el Padre McGivney no podía imaginarse lo extensa que se volvería la sociedad de beneficios fraternales, dijo Joseph P. Hoy, una compañía de Fortune 1000, la Orden está en camino de superar los $100 mil millones de dólares de seguros vigentes en 2015 y no existe compañía de seguros mejor calificada en Norteamérica.

“Creo que es asombroso y seguirá creciendo y creciendo”, dijo Joseph P.

“Aun así, somos el secreto mejor guardado en la industria”, agregó. “La gente debería saber más acerca de los Caballeros de Colón y lo qué hacemos. Olvidemos los seguros por un instante. Sólo el año pasado donamos $170 millones de dólares a obras de caridad y brindamos 130 millones de horas hombre voluntarias. Es increíble”.

La Orden tiene “una gran historia que contar”, dijo Joseph P. “Pero debemos atraer a más personas para contar la historia”.

Cliente durante mucho tiempo, Rich O’Connell obtuvo su primera póliza de seguro de C de C cuando su padre adquirió una con Joseph B. a principios de los años 1960. Desde entonces O’Connell ha adquirido muchas pólizas más a lo largo de los años a través de los DiCalogeros y un momento crucial fue cuando inició su propio negocio de ingeniería civil.

Haciendo compras conoció a un agente de seguros de otra compañía. Cuando el agente le preguntó qué seguro tenía en ese momento, O’Connell contestó que con Caballeros de Colón. La reunión se interrumpió cuando el agente comenzó a guardar sus materiales.

“No puedo hacerlo mejor que esos chicos”, dijo el agente, de acuerdo con O’Connell.

Es difícil no imaginar al Padre McGivney no sonreír ante eso.

JUSTIN BELL es corresponsal del National Catholic Register, trabaja para Escuelas Públicas de Boston y para la Parroquia St. Mary of the Annunciation en Danvers, Mass. Es miembro del Consejo Denver 539 (Colo.).