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Pasión por el Servicio

2/1/2016

María de Lourdes Ruiz Scaperlanda

El agente de seguros Chad McAuliff, miembro del Consejo Harry L. Harper 6606 en Broken Arrow, Okla., visita a una joven pareja para dialogar sobre sus necesidades de cobertura. (Foto por Miller Photography)

Chad McAuliff no puede dejar de sonreír cuando habla de su trabajo.

Ya sea con una familia joven que apenas empieza, un soltero sin planificación financiera o un matrimonio que se acerca a la jubilación, el agente de ventas No. 1 de Caballeros de Colón disfruta cada reunión como una oportunidad personal para ayudar a las familias a tomar las mejores decisiones financieras.

“Mi trabajo es una enorme bendición”, dijo McAuliff, de 26 años, miembro del Consejo Harry L. Harper 6606 en Broken Arrow, Okla. “Siento una verdadera pasión. Creo que por eso tengo éxito en lo que hago. Nunca soñé que podría trabajar para una organización católica – una empresa buena, ética y moral – y ayudar a los católicos con sus finanzas.”

En una anécdota tras otra, McAuliff describe la alegría que siente cuando puede ayudar a un hermano Caballero a crear un plan positivo y factible. Recordó, por ejemplo, una visita reciente a un nuevo Caballero y su esposa, ambos cerca de su jubilación a los casi 60 años.

“Hablamos de los Caballeros y de la visión del Padre McGivney sobre el cuidado financiero de las familias. Y la esposa admitió que ninguno de los dos sabía que Caballeros de Colón tuviera todos esos programas”, explicó McAuliff.

“Luego me miró y dijo ‘Acabo de quedarme sin trabajo y he estado rezando para que viniera alguien que nos ayudara con nuestra situación financiera. No teníamos idea de lo que íbamos a hacer.’”

McAuliff ayudó al matrimonio a elaborar un plan para que pudieran vivir económicamente hasta que recibieran su Seguro Social, y lo abrazaron llenos de gratitud por un trabajo bien hecho.

La experiencia de McAuliff es un buen ejemplo de la fuerza de ventas profesional de casi 1,400 agentes de seguros de Caballeros de Colón en Estados Unidos y Canadá. Junto con unos 130 agentes generales, estos hombres siguen con orgullo el liderazgo de su fundador, el Venerable Michael McGivney, al atender las necesidades financieras de las familias católicas.

UN PROFESIÓN SATISFACTORIA

Chad McAuliff, nacido en Oklahoma, se unió a Caballeros a los 18 años, en la época en que recibió de la Orden una beca de dos años para asistir a la universidad católica del estado, St. Gregory’s University.

McAuliff conoció a su esposa, Alyssa, durante su primer año en un torneo de boliche en Joplin, Mo., y se dieron cuenta de que vivían a cinco millas de distancia en Broken Arrow, donde aún viven actualmente.

“Mis padres y yo lo llevamos a su casa y olvidó su chamarra en el auto”, recordó Alyssa sonriendo.

“Lo aproveché para invitarla a salir”, añadió Chad, riendo.

Estos jóvenes, miembros activos de la Parroquia de St. Benedict en Broken Arrow, se casaron en 2012. Tienen dos hijos pequeños y esperan el tercero en mayo.

En 2012, McAuliff se convirtió en agente de seguros de Caballeros de Colón y fue nombrado “Novato del Año” por su labor. En 2015, fue el agente de ventas No. 1 de toda la Orden.

Pero para McAuliff, ser agente de ventas no es sólo una buena opción de carrera; es también parte de su vocación de servir y ayudar a los demás miembros y sus familias, vocación que se toma muy en serio.

“Tengo paz interior porque he encontrado lo que estoy llamado a hacer, y es mi responsabilidad ocuparme de estas familias, dijo McAuliff. Cuando me dirijo a una cita, rezo, ‘Por favor, Dios mío, concédeme la fortaleza y la sabiduría para saber cómo cuidar de ellos.’”

En un estado donde los católicos son entre 5 y 6 por ciento de la población, Chad y Alyssa sienten que es una bendición estar rodeados de familias católicas. “Muchos de nuestros amigos son clientes de Chad, dijo Alyssa. Así es cómo hemos conocido a más personas que comparten nuestro compromiso con la fe.”

Además de sus actividades con Caballeros de Colón, la joven pareja sirve a su parroquia como voluntarios del programa del RICA y como promotores de Pre-Cana.

Agradecen la flexibilidad que les brinda trabajar desde su casa. “Tenemos un buen horario que funciona, explicó McAuliff. Yo soy consistente y eficiente, y Alyssa me ayuda a ser organizado y estructurado. Trabajo todo el año y me tomo tiempo libre durante todo el año.”

Más que esto, MCAuliff valora el sólido fundamento católico que brinda a su labor un significado más profundo.

“Los valores de la fe, la comunidad, el servicio… esto es lo que nos hace tan diferentes de otras empresas comerciales, dijo. Siento pasión y un sentido de propósito por lo que hago, y creo que las familias lo perciben cuando me siento con ellas.”

DE HERMANOS CABALLEROS, PARA HERMANOS CABALLEROS

La forma en que su fe y su vida profesional se complementan es una de las razones clave por las que el Agente General Kevin Pierce, de 35 años, dice que su trabajo “realmente marca una diferencia en la vida de muchas familias católicas.”

Al igual que su agente de ventas Chad McAuliff, la agencia de Pierce se encuentra también en el primer lugar de la empresa, honor que Pierce atribuye a sus hombres.

“Si nuestra agencia es la número uno, se debe a que mis hombres deciden ser colectivamente número uno, no yo”, dijo Pierce, miembro del Consejo 6477, en Edmond, Okla. La labor del agente general, explicó, es reclutar, contratar, capacitar y administrar.

“Estoy aquí para apoyarlos, ayudar a capacitarlos, darles consejos y estar aquí para ellos, dijo Pierce. Realmente me preocupo por mi gente. Estoy orgulloso de mis hombres.”

Según Pierce, Chad McAuliff representa lo que él busca en un agente de ventas, es decir, ese “algo especial que yo no puedo enseñar.”

“Yo les puedo enseñar el programa, el proceso, cómo explicar las cosas, cómo hacer que funcionen las cosas, cómo pedir a la gente que dé el primer paso en la adquisición, dijo Pierce. Pero no les puedo enseñar a tener corazón, y no puedo enseñarles la ética de trabajo.”

Pierce, converso y antiguo jugador de fútbol colegial, atribuye su propia profesión con los Caballeros a un pariente que era agente de seguros en Kearney, Neb. “Cada vez que nuestra familia se reunía hablábamos del trabajo, hablábamos de seguros. Así me aprendí de los Caballeros”, dijo Pierce.

Al recordar su carrera, sonrió. “Veo la mano del Padre McGivney en todo esto. Mi fe y mi oración, ése es mi fundamento”, dijo, añadiendo que ante todo es devoto de su familia y su parroquia. “Simplemente no sabemos qué impacto tendrán nuestras acciones dentro de unos años.”

Este impacto potencial, afirmó Pierce, debe afectar las responsabilidades y las decisiones diarias de un agente.

“Les digo a mis agentes que algún día estaremos sentados frente al Padre McGivney”, dijo Pierce, “y él nos preguntará ‘¿Cómo trataste a mis miembros? ¿Cuidaste a las viudas y los huérfanos?’

Vamos por allí viviendo la mentalidad y la visión del Padre McGivney todos los días, lo cual significa mucho más que sólo ir a trabajar para una aseguradora cualquiera, añadió Pierce. Como agentes nos toca hacer que las viudas y los huérfanos estén protegidos. Es nuestro trabajo.”

MOTIVADOS PARA SERVIR

Cada agente tiene una historia o dos que lo impulsan especialmente, a veces es un momento en que marcó la diferencia en medio de una crisis. Pero a veces es una oportunidad que perdió, un ejemplo desgarrador en que un Caballero pospuso la adquisición de un seguro o los planes, con trágicos resultados.

Para Kevin Pierce, esta experiencia sucedió cuando era agente de ventas. Pierce evitó buscar a un hermano Caballero porque este hombre de unos 30 años trabajaba para una agencia de seguros de la competencia. Lo que Pierce no sabía era que el patrón del Caballero le había negado la cobertura. Pierce reconoce que no le dio seguimiento después de la charla inicial. El Caballero murió mientras dormía dos semanas después.

“La imagen de su esposa entrando al funeral con sus dos niños pequeños está grabada en mi memoria para siempre, dijo Pierce, quedamente. Es desgarradora y nunca la olvidaré. Les relato esta historia a mis agentes porque a mí me motiva.”

Esta historia y otras similares motivan a McAuliff a reunirse con sus hermanos Caballeros de manera oportuna.

“Como profesional de las finanzas, siento la responsabilidad de hablar con todos los miembros, porque pueden suceder cosas, dijo McAuliff. Esperamos y rezamos para que no sea así, pero sí suceden cosas que alteran nuestra vida por completo. Siento la urgencia de visitar a todas las familias.”

El aspecto más difícil de su trabajo, dijo McAuliff, es cuando alguien dice “Gracias, pero no gracias”. El reto, explicó, es convencerlos de la necesidad de planear mucho antes de que ocurra una crisis.

“Si comprendieran mejor lo que hacemos, creo firmemente que también podríamos ayudarlos, dijo McAuliff. Lo que yo hago en esta situación es simplemente seguir ofreciendo mi ayuda.

Al ofrecer ayuda a los miembros y sus familias, no es raro que un agente de ventas asuma con sus clientes responsabilidades que rebasan por mucho la venta del seguro.

“Trabajamos para crear una relación. Puede que no seamos parientes, pero para mí los clientes son mi familia”, explicó McAuliff, señalando un caso reciente en que falleció un Caballero. En la casa de la viuda, McAuliff se sentó con ella y examinó sus expedientes financieros.

“Cuando fui a entregar un cheque de beneficio por muerte, ella estaba bañada en lágrimas. Hablamos del cheque y de cómo manejar los fondos y el funeral. Estaba realmente agradecida de que hubiera alguien que se tomara el tiempo para examinar todos los documentos.”

Estas experiencias recuerdan a McAuliff por qué decidió convertirse en agente de seguros, y que Caballeros de Colón puede marcar la diferencia.

MARÍA DE LOURDES RUIZ SCAPERLANDA es una escritora independiente que vive en Norman, Okla.