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Contar nuestra historia

6/1/2018

por Carl A. Anderson, Caballero Supremo

La caridad y la resiliencia de la Iglesia en Puerto Rico brindan un ejemplo tanto para la forma como para el contenido de nuestras discusiones públicas

Carl A. Anderson

Carl A. Anderson

RECIENTEMENTE viajé a Puerto Rico para agradecer a muchos de nuestros hermanos Caballeros que hicieron una obra tan heroica después del Huracán María, y para evaluar la devastación que aún afecta la vida en la isla y comprender mejor qué futura ayuda puede ofrecer Caballeros de Colón.

También visité el canal de la televisión católica para proporcionar ayuda financiera y ayudar a restaurar sus operaciones. Durante mucho tiempo la Orden ha reconocido que los medios de comunicación católicos son esenciales para crear un mayor sentido de la comunidad entre católicos y para contar nuestra historia, por ejemplo, la de la inmensa obra de muchos sacerdotes, religiosas y laicos en Puerto Rico.

Durante tres días pude visitar San Juan, Fajardo, Humacao, Caguas, Ponce y Arecibo. Acompañado por el Agente General José Lebrón-Sanabria y el Diputado de Estado Miguel Vidal- Lugo, me reuní con agentes generales, Grandes Caballeros, sacerdotes, obispos, hermanas religiosas y estudiantes. Vimos de primera mano los daños causados a iglesias, casas, escuela, carreteras, fábricas y centrales eléctricas.

El primer día el Arzobispo Roberto González Nieves de San Juan me habló acerca de la resiliencia de los pobladores de la isla. Vimos lo que dijo de mil maneras.

Existen muchas imágenes que permanecerán siempre conmigo; los cientos de lonas azules que aún cubren los techos de las casas mientras sobrevolábamos San Juan; la delicada selva troExisten muchas imágenes que permanecerán siempre conmigo; los cientos de lonas azules que aún cubren los techos de las casas mientras sobrevolábamos San Juan; la delicada selva tropical de la isla en muchos lugares despojada de vegetación; un campo entero de paneles solares hecho pedazos.

Pero las escenas más intensas fueron las personas.

En Ponce, visitamos el hogar de las Misioneras de la Caridad para ancianos. Ahí, a medida que el huracán se aproximaba, las hermanas reunieron a los ancianos que vivían solos y a aquellos cuyas familias habían abandonado la isla sin ellos. Ahora, meses después, muchos permanecen bajo los cuidados de las hermanas.

En Arecibo, visitamos una escuela y un hogar para niñas víctimas de abusos; el huracán arrancó el techo de muchas escuelas mientras las Hijas de la Caridad, que mantienen un orfelinato, buscaron refugio con las niñas en la biblioteca de la escuela. Con lágrimas en los ojos, la madre superiora aceptó un cheque de Caballeros de Colón para reparar el techo de la escuela.

En el centro de la resiliencia citada por el arzobispo, se encuentra el valor cotidiano que mes con mes ha seguido venciendo extraordinarios obstáculos; ya sea nuestros hermanos Caballeros preparando alimentos y entregando cientos de ellos y reparando escuelas e iglesias, o hermanas religiosas cuidando a aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos.

Está claro que no podemos depender de los principales medios de comunicación para contar nuestra historia católica. Es una de las razones por las que durante décadas la Orden ha apoyado los recursos de medios como el Centro Televisivo Vaticano y la Radio, EWTN y Televisión Salt & Light.

Hoy, los medios de comunicación católicos — tanto impresos como electrónicos — son esenciales para reconstruir un sentido de comunidad entre los católicos.

Desafortunadamente, a veces el periodismo católico muestra división e incluso enojo. Incluso cuando discrepemos mucho acerca de ciertos temas, aún existe un lugar para la caridad. Nuestro discurso público no debe ser solo respetuoso, sino que debe reflejar que estas discusiones tienen lugar entre seguidores de Cristo, lo que debe hacerlas diferentes.

El Papa Francisco nos ha exhortado a todos nosotros a pensar sobre nuestra Iglesia como una comunidad fraternal — y no existe un mejor lugar para comenzar que en nuestra comunidad de pariodistas, comentaristas y blogueros.

Mientras en la Torre de Londres Santo Tomás Moro esperaba la ejecución, compuso una oración que comienza diciendo, “Dios Todopoderoso, ten misericordia por todos aquellos que me hacen mal y que me dañarán… y salva juntas nuestras almas en el cielo…”

Si Tomás Moro puede ofrecer esta oración para aquellos que lo condenaron injustamente a morir, entonces quizás todos nosotros podemos hacer lo mismo en nuestras discusiones públicas.

¡Vivat Jesus!