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Mantener la Esperanza en Iraq

4/1/2019

por Carl A. Anderson, Caballero Supremo

La violencia a manos de militantes del Estado Islámico puede haber disminuido, pero nuestro apoyo a cristianos sufrientes sigue siendo crucial

Carl A. Anderson

Carl A. Anderson

“SIN LOS CABALLEROS de Colón, nuestra comunidad cristiana no hubiera sobrevivido”. Esto es lo que escuché una y otra vez cuando visité Iraq en marzo, reuniéndome con sobrevivientes del genocidio, refugiados, personal médico, educadores y obispos, así como funcionarios gubernamentales de EE.UU y Kurdos.

Vine a Iraq a invitación del arzobispo católico de Caldea de Erbil, Bashar Warda — miembro de la Orden y un buen amigo.

El día anterior a viajar a Iraq, tuve el privilegio de una audiencia privada con el Papa Francisco. Hablamos de los esfuerzos de los Caballeros para ayudar a los cristianos perseguidos en esa región — un tema que está muy cerca de su corazón. Él nos alentó a continuar diciéndonos, “Un Medio Oriente sin cristianos no es Medio Oriente”.

Mi viaje a Iraq nos brindó la única y concreta oportunidad de expresar nuestra solidaridad con estos cristianos que han sufrido tanto, para evaluar la efectividad de nuestro apoyo anterior y para entender las necesidades futuras.

Era igual de importante transmitir a los funcionarios del gobierno kurdo que los cristianos no están solos; tienen importantes aliados.

Me animó el escuchar del primer ministro del gobierno regional de Kurdistán el compromiso de su administración para proteger cristianos. Sin ese compromiso y seguridad efectiva, los cristianos encararían un futuro incierto.

Me animó el escuchar del primer ministro del gobierno regional de Kurdistán el compromiso de su administración para proteger cristianos. Sin ese compromiso y seguridad efectiva, los cristianos encararían un futuro incierto.

Desde el 2014, hemos gastado más de $20 millones para ayudar a los cristianos perseguidos y a otras personas objeto de genocidio en el Medio Oriente. Nuestro apoyo ha ayudado a proporcionar alimentos, vivienda, educación y atención médica a decenas de miles de personas desplazadas. También se reconstruyó el pueblo de Karamles después de su liberación de ISIS.

Nosotros fuimos la fuerza impulsora detrás de la declaración de 2016 del secretario de estado John Kerry de que ISIS había cometido genocidio contra minorías religiosas. Después trabajamos de cerca con el Vicepresidente Mike Pence para actualizar la política a fin de que las comunidades minoritarias perseguidas ya no fueran pasadas por alto por la ayuda del gobierno de EE.UU.

Como parte de estos esfuerzos, testifiqué en numerosas ocasiones en audiencias en el congreso, y mi testimonio se convirtió en la base de la ley de alivio y responsabilidad del genocidio de Iraq y Siria. El Congreso aprobó por unanimidad el proyecto de ley debido en gran medida a los esfuerzos del Representante Chris Smith (R-N.J.) y la Representante Anna Eshoo (D-Calif.). La ley, que se firmó por el presidente en diciembre, provee fondos directos a los grupos objeto de genocidio.

Pero queda mucho trabajo que el gobierno no puede hacer. Es por esto que aceptamos un innovador memorándum de entendimiento con USAID para construir una nueva asociación entre el sector privado y el gubernamental para ayudar a estas minorías que sufren.

El violento genocidio de cristianos por ISIS ha sido detenido, pero no debemos permitir que logren su despreciable meta por indiferencia.

Recordaré muchas cosas acerca de mi viaje a Iraq, tales como orar con los cristianos que siguen sufriendo desplazados de Mosul, una de las ciudades cristianas más antiguas del mundo, y escuchar a los miembros de la iglesia hablar de la deteriorada situación de los cristianos confiados a su cuidado.

Hay también imágenes esperanzadoras: la apertura de la Casa McGivney para proporcionar departamentos a familias jóvenes y cuidar a los mayores; la construcción de un nuevo hospital católico; y la actividad de la recién establecida Universidad Católica de Erbil.

Estas iniciativas de vivienda, educación y cuidados médicos están construyendo una infraestructura para sostener la vida cristiana.

En un nivel más personal, atesoraré la pintura que recibí de un joven niño Yazidi ayudado en la clínica médica que financiamos. Muestra un gran sol brillando sobre una iglesia, una mezquita y un templo Yazidi, con un gran emblema de Caballeros de Colón en primer plano. Otra memoria que no se desvanecerá es el orar con jóvenes niños escolares de la parroquia de los apóstoles San Pedro y San Pablo con los rosarios que les entregué como un regalo del Papa Francisco.

Hay muchas razones por las que los Caballeros de Colón están tan comprometidos con nuestros hermanos y hermanas perseguidos. Tal vez es tan simple como esto: Queremos un mundo donde los niños puedan hacer sus pinturas con colores brillantes y puedan recitar sus oraciones juntos y en paz.

¡Vivat Jesus!