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Supervivencia y solidaridad

6/1/2019

por Carl A. Anderson, Caballero Supremo

Deben tomarse más medidas para acabar con la persecución de los cristianos en numerosos lugares del mundo

Carl A. Anderson

Carl A. Anderson

“DÍGANLES QUE MUERO por ser cristiano”, dijo el Beato Isidoro Bakanja poco antes de ser asesinado en 1909. Isidoro, nacido en el Congo Belga, fue bautizado cuando era joven. Rezaba el rosario con frecuencia y portaba un escapulario con orgullo. Los capataces de la plantación donde trabajaba Isidoro exigieron que renunciara a su bautismo, por temor a que si sus trabajadores nativos se convirtieran en “hermanos” en Cristo, tuvieran que cambiar las condiciones brutalmente duras de la vida en la plantación. Cuando Isidoro se negó, fue azotado a muerte.

Tuve el privilegio de asistir a la beatificación de Isidoro Bakanja en el Vaticano en 1994, y siempre recordaré la emoción con la que habló de él San Juan Pablo II.

Pensé en la vida y muerte del Beato Isidoro al leer noticias de un nuevo informe sobre la persecución de los cristianos en el mundo entero. Este informe, preparado para el Ministerio Exterior del Gobierno Británico, concluía que la persecución de los cristianos en ciertas partes del mundo “se acerca a niveles de genocidio”.

El Secretario de Relaciones Exteriores Británico Jeremy Hunt piensa que la llamada “corrección política” tiene en parte la culpa por esta omisión de enfrentar la crisis. “Existe una absurda preocupación de que sea algo colonialista, dijo, hablar sobre una religión que estuvo asociada con los poderes colonialistas.”

“Lo que hemos olvidado, continuó, es que los cristianos que están siendo perseguidos son algunos de los pueblos más pobres del planeta.”

Se necesita una mejor comprensión de la situación económica y política de los cristianos en todo el mundo. Con demasiada frecuencia, una pobreza desesperada y marginalización se unen con la ausencia de poder político y siglos de antiguas tradiciones de discriminación tanto en la ley como en la práctica.

Estas circunstancias hacen que numerosos cristianos de todo el Medio Oriente sean blancos fáciles para los extremistas y es fácil ignorar a las víctimas.

Por eso durante mi viaje reciente a Irak me reuní con el primer ministro de la Autoridad Regional de Kurdistán y al regresar hablé con el Vicepresidente Mike Pence. Estas conversaciones fueron alentadoras, pero queda mucho por hacer.

Mi viaje a Irak fue una oportunidad para ver de primera mano la situación de los cristianos desplazados allí, la forma en que sus comunidades luchan por sobrevivir y cómo podría ser el camino a un futuro sustentable.

En un excelente análisis de la situación actual de Irak, la revista América (19 de abril) planteó la pregunta más fundamental: “¿Puede sobrevivir el cristianismo en el norte de Irak después de ISIS?”

La respuesta, por supuesto, es que es demasiado pronto para decirlo. Pero si el cristianismo no sobrevive allí, no será porque los cristianos irakíes del último siglo no hayan sacrificado su vida para mantener la presencia cristiana. Y muchos de los que permanecen allí lo han sacrificado todo excepto su vida.

Si el cristianismo no sobrevive en Irak — y en otros lugares de la región — puede ser el resultado del silencio y la negligencia de sus hermanos de Occidente.

Estos cristianos que sufren merecen nuestra constante solidaridad.

Como lo señala el artículo de América, el Arzobispo Bashar Warda de Erbil ha lanzado varias iniciativas de desarrollo (muchas de ellas con nuestro apoyo económico) que podrían significar no solo que los cristianos “únicamente sobrevivan”, sino que realmente puedan “prosperar” en Irak.

Existe una guía básica para la sustentabilidad de la comunidad cristiana, pero requiere un apoyo material y económico continuo.

Y no solo en el Medio Oriente.

Como lo demuestran los recientes ataques con bombas a la Iglesia de Sri Lanka, demasiados cristianos del mundo hacen eco de las palabras de Isidoro Bakanja: “Muero por ser Cristiano”.

Estas atrocidades deben terminar.

No se debe permitir nunca más el genocidio de los cristianos, y es necesario ayudar a que sobrevivan las comunidades cristianas de lugares como Irak.

¡Vivat Jesus!