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Observaciones de Clausura
Reverendísimo William E. Lori
Capellán Supremo
Filadelfia, PA
 6 de agosto de 2015

Introducción

Archbishop William Lori

Dicen que cuando nos divertimos el tiempo pasa rápidamente. Debo estarme divirtiendo mucho como Capellán Supremo, porque me cuesta mucho creer que han pasado diez años desde que comencé a servir en este cargo como su Capellán. Mi primera Convención como Capellán Supremo fue en Chicago, y aunque había asistido a convenciones anteriores como sacerdote y como obispo, debo decir que mi primera Convención como Capellán fue una verdadera experiencia de aprendizaje. No tenía idea de cuánto trabajo duro y preparación se requieren para el éxito de una Convención y no apreciaba plenamente lo grandiosas que son realmente estas Convenciones. Es una maravillosa experiencia estar juntos como Caballeros de Colón.

Como algunos de ustedes recordarán, después de la Convención de Chicago la Orden llevó a cabo un Congreso Eucarístico que concluimos llevando el Santísimo Sacramento en Solemne Procesión por Grant Park. Tuve el privilegio de portar el Santísimo Sacramento en un gran ostensorio – fue realmente una expresión conmovedora de nuestra fe en el Señor Eucarístico – y las raíces eucarísticas de nuestros principios de caridad, unidad, fraternidad y patriotismo. Pero era un día caluroso y soleado y el ostensorio era pesado, así que cuando se publicó mi fotografía en la portada de Columbia, mi papá quería saber si tenía dolor de espalda y mamá quería saber si el sol me deslumbraba. "Bill, querido", dijo ella, "¡debes sonreír más!".

Les aseguro que todos deberíamos estar sonriendo por el éxito de esta 133a Convención Suprema y por el acertado liderazgo que nuestro Digno Caballero Supremo, Carl Anderson, brinda a nuestra amada Orden. ¡Nunca podemos expresar lo suficiente nuestro agradecimiento!

La Cuna de la Libertad

Durante esta convención nos hemos enfocado en el tema "Dotados por Nuestro Creador de Vida y Libertad" y nos encontramos exactamente en el lugar correcto para enfocarnos en ese tema aquí, en Filadelfia, el lugar de nacimiento de la Libertad Estadounidense.

Somos hombres de fe que amamos a nuestra Iglesia y amamos nuestra tierra natal. En una época en la que muchos no ven la importancia de la fe y la religión en su vida, ustedes eligieron ser católicos activos, practicantes, y han fortalecido su fe siendo miembros de los Caballeros. En una época en la que nuestras libertades fundamentales se ven amenazadas, especialmente nuestra primera libertad, la libertad religiosa, muchos de ustedes y muchos de los miembros de nuestra familia han luchado para defender dichas libertades, incluso algunos de sus seres amadas han pagado el precio más alto por la libertad. ¡Se los agradezco sinceramente, hermanos Caballeros!

Casi todos dicen que viven tiempos difíciles. Mi abuelo solía hablar acerca de la Depresión, mi papá hablaba, con sus reservas, acerca de la acción que vio durante la Segunda Guerra Mundial, y llegó mi generación en las décadas de 1960 y 1970. Toda década presenta nuevos desafíos, pero durante estos días juntos, creo que hemos tomado conciencia de que en esta época existen amenazas contra la existencia del don de la vida y la libertad con el que el Creador nos dotó.

Dotados de Libertad

Al leer esta semana la Guía Oficial de Visitantes en mi habitación de hotel, captó mi atención un titular que decía, "Amor Fraternal: Celebre a la Familia y la Espiritualidad en Filadelfia, una Ciudad fundada en la Libertad Religiosa". ¿Quién sabía que el Arzobispo Chaput escribe para la Cámara de Comercio de Filadelfia?

Toda ciudad digna de este nombre está fundada en la libertad religiosa. Toda ciudad digna de este nombre aprecia a la familia y la espiritualidad. No es fortuito que ahora el Papa Francisco venga a esta ciudad a hablar sobre la libertad religiosa y a celebrar el matrimonio y a la familia en el plan de Dios. Una vez más, ninguna organización brindará mayor apoyo que Caballeros de Colón para que la preparación de esta histórica visita siga adelante.

Sin embargo, vivimos en una época en que esta libertad de la que nos dotó el Creador no sólo se está poniendo en entredicho – está en peligro de ser extinguida – salvo que nunca es posible extinguir totalmente los dones de Dios. Durante estos días juntos hemos escuchado acerca de las persecuciones religiosas que parecen ocurrir en lugares lejanos, pero en estos días de terrorismo mundial, estos lugares lejanos están en nuestro umbral y estos inocentes creyentes que son martirizados son nuestros hermanos. Justo antes de nuestra convención, la Suprema Corte decidió, por una mayoría de un voto, invalidar la definición de matrimonio que Dios inscribió en el corazón humano, la definición del matrimonio como aquel entre un hombre y una mujer que es fundamental para su plan de salvación y por ende el bien de la Iglesia y el bien de la sociedad. Es tan alarmante que no debemos concluir esta convención sin ser claros acerca de lo que muchos proponentes del llamado matrimonio entre personas del mismo sexo querrán después: quieren descalificar los ministerios católicos para competir por las subvenciones del gobierno, especialmente las caridades católicas en todo Estados Unidos, y quieren eliminar la exención de impuestos de la Iglesia, un paso que perjudicaría económicamente los ministerios de educación y servicio a los pobres de la Iglesia. La opinión mayoritaria de la Suprema Corte dijo que somos libres de defender en nuestras iglesias el matrimonio entre un hombre y una mujer, pero no dijo nada acerca de la libertad de actuar por nuestra sincera y firme convicción y nuestras creencias fuera de la Iglesia. A menos que cedamos ante una mayoría de uno, seremos castigados. Llegan a nuestros oídos las palabras del Santo Padre: "La piedra angular de esta libertad es la libertad religiosa, entendida no simplemente como la libertad de rendir culto como uno decida, sino también para las personas y las instituciones, la libertad de hablar y actuar de acuerdo con aquello que establece su conciencia". Estamos aquí para decir que estamos dotados por nuestro Creador tanto de vida como de libertad.

Nuestra Respuesta

¿Cuál es nuestra respuesta a estos desafíos? Hermanos, somos Caballeros, Caballeros de Colón. Nuestra respuesta nunca puede ser embarcarnos en una ilusión. Nuestra respuesta nunca puede ser imaginar que posiblemente la situación cambiará y que regresarán los días felices. Tampoco podemos ser tímidos, o irreflexivos, o indiferentes, sin importar cuán persistentes y violentos puedan ser los ataques de nuestros oponentes. No, como Caballeros debemos ir valientemente a la raíz del problema.

La raíz del problema no son los políticos, ni las redes sociales, ni los medios noticiosos, ni incluso la vulgarización general de la cultura. Estos factores contribuyen a la situación en la que nos encontramos, pero la raíz de estos desafíos es mucho más profunda y podemos hacer algo al respecto.

La raíz de estos problemas se encuentra en la tibieza de la fe…en aquellos creyentes que aún no han abierto su corazón a Cristo y aún no le han permitido transformarlos en sus discípulos. Es a lo que el Papa Francisco nos llama una y otra vez. Nos llama no simplemente a ser católicos practicantes o a ser simplemente seguidores de Jesús, sino a ser discípulos misioneros, hombres que conocen y aman al Señor y su fe y que diariamente emprenden la misión de difundir la luz de la fe en medio de la oscuridad. Sabemos que el discipulado misionero da el buen fruto del Evangelio. Cuatro, casi cinco décadas de dedicada oración provida y duro trabajo están dando frutos a medida que cada vez más personas en la sociedad comienzan a reconocer la humanidad de un niño nonato. Es necesario el mismo tipo de dedicada oración provida y duro trabajo para convencer a una nueva generación de la verdad acerca del matrimonio y de la necesidad de proteger de la eutanasia la vida de los enfermos y de los vulnerables.

Lo mismo ocurre con la libertad religiosa. En nuestros países no habría tantos desafíos si más personas amaran más a Dios , si lo amaran lo suficiente para levantarse y asistir a Misa el domingo por la mañana, lo amaran lo suficiente para hacer de su hogar una verdadera iglesia doméstica, lo amaran lo suficiente para transmitir la fe a sus hijos y a los hijos de sus hijos . Los ataques contra la libertad religiosa son posibles políticamente porque los líderes de opinión ven un debilitamiento en el compromiso con la religión organizada. Mientras crecía, casi el 75% de los católicos asistían a Misa cada domingo y ahora en muchos lugares de Estados Unidos sólo el 20% asisten cada domingo. Si la fe religiosa no es importante para nuestros hermanos creyentes, entonces nuestros políticos y jueces no estarán dispuestos a correr el riesgo de proteger incluso una libertad tan fundamental como la libertad religiosa. La raíz de nuestros desafíos está relacionada antes que nada con la evangelización.

Supongamos que todo Caballero de Colón y su familia van a Misa cada fin de semana. Qué diferencia haría en nuestras diversas jurisdicciones. Nuestras Convenciones de Estado son oportunidades maravillosas para evangelizarnos a nosotros mismos, junto con nuestra familia y para comprometernos nuevamente con la fe, ¡es lo que vivimos aquí esta semana! Y en nuestras reuniones de Consejo – hemos reflexionado cuidadosamente acerca de ellas – no podemos embarcarnos simplemente en el trabajo como de costumbre. Por el contrario, debemos hacer de nuestros Consejos lugares en los que los hombres puedan crecer en su vida espiritual, comprender los problemas que enfrentan en la vida real y encontrar el apoyo necesario para vivir la fe, y vivirla de manera virtuosa y vigorosa. Mientras más se perciba a nuestros Consejos locales como lugares de crecimiento espiritual, más crecerán y florecerán. Así que, aunque haya siempre asuntos que tratar y proyectos que realizar – que siguen siendo muy importantes y muy necesarios – el Consejo debe ser fiel a la visión original de Padre McGivney, de que Caballeros de Colón es un camino para que los hombres se comprometan con su fe y estén en la primera línea de la fuerza de evangelización en la sociedad.

Año Santo Extraordinario de Misericordia

Supongamos que todo Caballero de Colón y su familia van a Misa cada fin de semana. Qué diferencia haría en nuestras diversas jurisdicciones. Nuestras Convenciones de Estado son oportunidades maravillosas para evangelizarnos a nosotros mismos, junto con nuestra familia y para comprometernos nuevamente con la fe, ¡es lo que vivimos aquí esta semana! Y en nuestras reuniones de Consejo – hemos reflexionado cuidadosamente acerca de ellas – no podemos embarcarnos simplemente en el trabajo como de costumbre. Por el contrario, debemos hacer de nuestros Consejos lugares en los que los hombres puedan crecer en su vida espiritual, comprender los problemas que enfrentan en la vida real y encontrar el apoyo necesario para vivir la fe, y vivirla de manera virtuosa y vigorosa. Mientras más se perciba a nuestros Consejos locales como lugares de crecimiento espiritual, más crecerán y florecerán. Así que, aunque haya siempre asuntos que tratar y proyectos que realizar – que siguen siendo muy importantes y muy necesarios – el Consejo debe ser fiel a la visión original de Padre McGivney, de que Caballeros de Colón es un camino para que los hombres se comprometan con su fe y estén en la primera línea de la fuerza de evangelización en la sociedad.

Como saben, el Papa Francisco decretó que el próximo año será un Año Santo especial dedicado a la misericordia de Dios. La misericordia es la clave de la evangelización y la evangelización es clave para proteger los dones de Dios de vida y libertad. Cuando las personas hacen a un lado sus caricaturas de Dios como vengativo e indiferente, cuando ven en la Iglesia la imagen de Jesús que a su vez es el rostro de las misericordias del Padre, esto a menudo toca una fibra en su corazón y les da la libertad que necesitan para admitir su necesidad del perdón y el amor a los que llegamos mediante la fe en el Dios del amor.

El año próximo planeo usar mi columna mensual en Columbia para desarrollar el tema de la misericordia de acuerdo con las enseñanzas del Papa Francisco para que podamos convertirnos en misioneros de la misericordia a la que aspira el espíritu humano. El Cardenal George fue un gran amigo de la Orden y un verdadero profeta. Una vez dijo, ‘El mundo lo permite todo y no permite nada. Dios y la Iglesia no lo permiten todo, pero lo perdonan todo’. Nuestra cultura permisiva es de hecho una cultura intolerante. La respuesta a ello es la misericordia, la misericordia de Dios y la forma en que manifestamos la misericordia de Dios es buscándola nosotros mismos. ¿Cuál sería el impacto si durante el Año Santo de Misericordia, aproximadamente 2 millones de Caballeros y sus familias recuperaran el hábito de ir a confesarse por lo menos una vez al mes? ¿Cuál sería el impacto si nos esforzáramos por reconciliar de manera fraternal todos los desacuerdos y rivalidades entre nosotros lo antes posible? O bien, ¿si vinculáramos la caridad en la que participamos con la misericordia que recibimos de la generosidad de Dios?

Conclusión

Hermanos: Servir como su capellán me brinda muchas bendiciones como sacerdote y obispo. Les agradezco el privilegio de hacerlo. Cada mañana le doy gracias a Dios por la edificación de esta Orden en la vida de su Iglesia, una Orden cuya importancia y relevancia crecen día con día. Le doy gracias al Señor por el Padre McGivney, quien fue ordenado sacerdote en esta Basílica Catedral de la Asunción en Baltimore, a sólo unos pasos de mi hogar. Y le doy gracias a Dios por cada uno de ustedes pidiendo que el Señor los bendiga, bendiga a sus familias, bendiga su trabajo diario y los bendiga por vivir los principios del Evangelio de caridad, unidad, fraternidad y patriotismo.

¡Que Dios los bendiga y gracias por escucharme!

¡Vivat Jesus!