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Destaca en el Banquete de los Estados el llamado por los cristianos perseguidos

Al citar el mensaje del Papa Francisco a la convención, mismo que fue leído durante la sesión de trabajo de la tarde, el Caballero Supremo dijo, “Sabemos que nuestro Santo Padre está ‘profundamente agradecido por los esfuerzos de los Caballeros para crear conciencia de esta grave tragedia humanitaria’”. El Papa Francisco llamó “genocidio” a esta situación, agregó el Caballero Supremo.

El Arzobispo Warda comenzó su discurso diciendo, “Les hablo desde la tierra de la Antigua Mesopotamia, donde hemos rendido culto como cristianos desde que los Apóstoles Tomás y Tadeo nos trajeron las enseñanzas de Cristo hace casi 2,000 años”.

Dijo que desde que comenzó en serio la persecución en el verano de 2014, unas 5,000 familias han huido de su hogar. Se han establecido como refugiados en su Arquidiócesis de Erbil, que lucha para brindarles vivienda, alimento, medicamentos y educación con la ayuda de agencias católicas y del gobierno local.

Dirigiéndose a los Caballeros y a sus familias, el Arzobispo Warda dijo, “Hermanos y hermanas, en momentos de peligro ustedes fueron de los primeros en tendernos una mano que salva vidas. Se mantuvieron a nuestro lado, como lo hicieron la Madre María y el Amado Discípulo al lado del Cristo crucificado, incluso cuando la mayor parte del mundo nos dio la espalda. …Les pedimos que sigan siendo una voz para nuestro sufrimiento”.

El Arzobispo Jeanbart dijo que la antigua ciudad de Alepo, que durante siglos ha sido el centro del comercio entre Oriente y Occidente, ha sido reducida a ruinas y los cristianos han sufrido la peor devastación. La Iglesia ha llamado de manera consistente a la paz y al proceso de un acuerdo negociado para dar fin a esta guerra que ha durado ya cuatro años, dijo.

El Arzobispo Jeanbart dijo, “Con la gracia de Dios y con la ayuda de organizaciones como la suya”, la Iglesia Católica en Alepo ha podido “responder de manera significativa a las necesidades humanitarias de nuestro pueblo. Pero lo que realmente necesitamos es su amor y preocupación por nuestra Iglesia que sufre y que intenta vivir y dar testimonio en esta tierra santa donde comenzó la vida cristiana y donde Pablo el Apóstol fue convertido, bautizado y ordenado al sacerdocio y enviado a convertir al mundo. …Se necesita urgentemente el apoyo de nuestros hermanos y hermanas cristianos de Occidente. ¿Están dispuestos a escuchar nuestro llamado desesperado? Si lo hacen les estaremos eternamente agradecidos”.