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Estimado Sr. Anderson,

Para Su Santidad el Papa Francisco es una alegría saber que del 1º al 3 de agosto de 2017 se celebrará la 135ª Convención de los Caballeros de Colón en San Louis, Missouri. Me ha pedido que le exprese sus mejores deseos a todos los presentes, junto con la seguridad de su cercanía en sus oraciones.

El tema de la Convención de este año – Convencidos del Amor de Dios y de su Poder – señala la fuente secreta de toda la vida cristiana y su misión: nuestra convicción de que el amor salvador de Dios, revelado en la muerte y resurrección de su Hijo y derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nos impulsa a compartir la Buena Nueva de la salvación con cada hombre y mujer. Es precisamente esta “convicción” la que subyace en todo nuestro entusiasmo por la evangelización, por la que “Tenemos un tesoro de vida y de amor que es lo que no puede engañar, el mensaje que no puede manipular ni desilusionar.” (Evangelli Gaudium, 265).

Esta misma experiencia del amor y el poder de Dios, vivida en el corazón de la Iglesia, llevó a la fundación de Caballeros de Colón como una unión fraternal y caritativa de trabajadores, esposos y padres laicos católicos. La historia posterior de nuestra Orden demuestra cómo un espíritu de solidaridad y preocupación mutua inspirada por el amor de Dios puede crecer, como la semilla de mostaza en la parábola (cf. Lc 13, 19), hasta ser algo inmensamente grande, que contribuye a la gloria de Dios, la propagación de su Reino y la misión universal de la Iglesia.

“Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar en nuestra contra?” (Rom. 8, 31). La pregunta de San Pablo a los romanos expresaba su firme convicción de que el poder infinito del amor de Dios, revelado en la cruz de Cristo, prevalece sobre toda forma de maldad de este mundo. El Santo Padre ha observado con frecuencia que, en nuestros propios días, se libra una guerra paso a paso, pues una sed escandalosa de poder y dominación, ya sea económica, política o militar lleva a nuestra familia humana a una violencia, una injusticia y un sufrimiento incalculables. Les ha pedido a los cristianos de todo el mundo, realmente convencidos del poder infinito del amor de Dios, que rechacen esta mentalidad y que combatan el crecimiento de una cultura global de la indiferencia que descarta al más pequeño de nuestros hermanos y hermanas. Que los Caballeros, fieles a la visión del Ciervo de Dios el Padre Michael McGivney, en sus familias, sus parroquias y sus Consejos locales, respondan de forma generosa a este desafío, ante todo comprometiéndose de nuevo ellos mismos a su clara vocación laica de esforzarse por la santificación del mundo desde adentro, llevando a cabo sus responsabilidades diarias con el espíritu del Evangelio y revelando a Cristo a otros a través del testimonio de sus vidas (cf. Lumen Gentium, 31). De esta manera, ayudarán a colocar cimientos sólidos para la renovación de la sociedad en general, trabajando para cambiar los corazones y construir la paz, una persona y una comunidad a la vez.

Su Santidad aprecia de forma especial los esfuerzos incesantes de los Caballeros de Colón por defender y promover la santidad del matrimonio y la dignidad y belleza de la vida familiar. En su Exhortación apostólica Amoris Laetita, que hace eco de las preocupaciones expresadas por el Sínodo de los Obispos de 2015, vinculó la vida familiar saludable a la salud de la sociedad en general, y enfatizó la tarea especial de la educación que, en el plan de Dios, se confía a los padres cristianos (cf. Nos. 274-279). En la familia aprendemos que el mundo entero también es nuestro hogar, en el cual estamos llamados a vivir juntos, a aprender la cercanía, cuidado y respeto por otros y a valorar los dones concedidos por Dios que cada uno de nosotros tiene que ofrecer para el bien de todos. El fortalecimiento de buenos valores familiares y una visión renovada de nuestra responsabilidad por la salud moral de la comunidad en general contribuirán a superar la polarización y vulgarización del tejido social que es una fuente creciente de preocupación incluso en las más prosperas de nuestras sociedades.

Finalmente, y de forma muy particular, el Papa Francisco me ha solicitado que exprese su gratitud por el compromiso de los Caballeros para apoyar a nuestros hermanos cristianos en el Medio Oriente en su testimonio a la fidelidad del Señor, en ocasiones vivido mediante un gran costo personal. Ninguno de nosotros puede cerrar los ojos frente al sufrimiento de aquellos a quienes la violencia fratricida y el fanatismo religioso han dejado sin hogar o han forzado a dejar sus tierras. El Fondo de Auxilio para Refugiados de los Caballeros de Colón es un signo elocuente del firme compromiso de su Orden con la solidaridad y la comunión con nuestros hermanos cristianos. El Santo Padre una vez más pide a los Caballeros y a sus familias que oren por los necesitados, por la conversión de los corazones y por el fin de la espiral de violencia, odio e injusticia en esa región.

Con estos sentimientos, Su Santidad encomienda las deliberaciones de la 135ª Convención Suprema a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, y asegura a los Caballeros y sus familias que los recordará especialmente en sus oraciones. Con gran afecto imparte su Bendición Apostólica como una promesa de fuerza y paz en el Señor.

Atentamente,

Cardenal Pietro Parolin
Secretario de Estado

Saludos