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Los Caballeros se reúnen en ciudad histórica

Los Caballeros se reúnen en ciudad histórica

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St. Louis abrió su historia y sus atracciones a los Caballeros de Colón de todo el mundo, que se reunieron en la ciudad junto al río Mississippi para la 135ª. Convención Suprema. Con visitas programadas al Gateway Arch, el Museo de Arte de St. Louis, las catedrales antigua y nueva de la arquidiócesis, la Cervecería Anheuser-Busch, y los barcos que navegan por el Mississippi, los delegados y sus familias tenían mucho qué ver y hacer, mientras se preparaban para la inauguración oficial de la convención, el martes 1° de agosto.

El famoso arco, que se eleva a 630 pies sobre el parque Jefferson National Expansion Memorial, era la atracción principal. Sin embargo, en el placentero camino del centro de convenciones al Arco, los visitantes encontraban algunas de las otras características sobresalientes del centro de la ciudad. El antiguo Palacio de Justicia, a la sombra del Arco, fue el escenario de algunos de los más dramáticos eventos de la nación, incluyendo el tribunal donde Dred Scott y su esposa Harriet, fueron los primeros en demandar pidiendo su libertad en 1846.

Todos los escolares conocen la decisión de 1857 de la Suprema Corte de E.E.U.U. sobre Dred Scott v. Sanford, la cual declaró que los esclavos no eran ciudadanos y no tenían derechos, pero pocos saben en dónde se originó el caso. En una habitación del segundo piso del macizo edificio del Palacio de Justicia con su clásica cúpula, una corte de St. Louis dictaminó que Dred Scott y su esposa fueran libres bajo la ley Missouri. En apelación, la Suprema Corte de Missouri anuló esa histórica decisión, y entonces la Suprema Corte de E.E.U.U., dirigida por el Juez Roger Taney, confirmó esa injusta sentencia en una decisión que ayudó a establecer el escenario para la Guerra Civil.

La Corte, que se considera ahora como un punto de referencia, bajo la dirección del Servicio del Parque Nacional, también presenta exhibiciones sobre la historia de St. Louis, el punto central de la expansión de la nación hacia el Oeste. En lo alto de la cúpula del edificio, en una pintura apenas visible desde la planta baja, hay un tributo de interés para los Caballeros de Colón: un retrato descolorido del patrono de la Orden, entre otras pinturas que decoran el interior de la estructura. Pintado en 1880 por Ettore Miragoli, el retrato de Cristóbal Colón es acompañado por las imágenes de John Adams, Ulysses S. Grant y Abraham Lincoln.

Los Caballeros, que se detuvieron en la Basílica de St. Louis, rey de Francia (conocida como la Catedral Antigua) en el camino hacia el Arco, vieron otra conexión con la Orden. La placa de la fachada que resume la historia de las iglesias del sitio fue colocada por los Caballeros de Colón locales en 1916, y remplazada por una nueva en 1982.

Los Caballeros se reúnen en ciudad histórica

El arco, catalogado como la estructura de acero inoxidable más grande del mundo, es un tributo sólido y espléndido al papel de San Luis en la historia de la nación y un símbolo de esperanza para su futuro. Es una forma perfecta, una media esfera que sugiere lo que se ha logrado y lo que todavía queda por hacer en Estados Unidos.

El arco también tiene una conexión poco conocida con los Caballeros de Colón.

Los planes para el arco iniciaron en los años treinta, pero el concurso para el diseño no se puso en operación sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial. En 1947, el contrato se otorgó a Eero Saarinen, un finlandés-estadounidense, pero las controversias políticas y legales detuvieron el proyecto. La construcción empezó en 1963 y se terminó dos años después. Allí es donde entra la conexión con C de C. El irlandés-estadounidense Kevin Roche ayudó a completar el arco. Era un arquitecto galardonado, quien más tarde diseñó la sede internacional de Caballeros de Colón, en New Haven, Connecticut, que fue terminada en 1969.

El viaje a la cima del arco es único y lleno de diversión. Los visitantes se agachan para entrar en uno de los carros de un tranvía cerrado. Con cinco asientos en cada uno de los nueve carros, solamente 45 personas pueden subir en cada turno. El ascenso tarda cerca de cuatro minutos (el descenso tarda tres), y los pasajeros suben lenta y torpemente una serie de escalones hasta el mirador, que es curvo como la forma del arco.

Las ventanas son estrechas pero ofrecen una vista impresionante del Mississippi, mirando hacia el este y centro de San Luis, incluyendo el Estadio Busch de los Cardenales, hacia el oeste. Es un monumento poco común en que se siente profundamente una parte de la forma natural de la tierra y del horizonte. La forma y la función se unen perfectamente y los visitantes tienen una verdadera sensación de asombro al estar dentro de una estructura de un diseño tan brillante.