Desafío mensual del Capellán Supremo

Enero 2019

Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió,  y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: «Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia». (Evangelio del 13 de enero, Lucas 3:21-22)

Reflexionemos, ¿realmente nos vemos como hijos amados en quienes nuestro Padre Celestial está complacido? Para ser honesto, la mayoría de los hombres, incluido este arzobispo, pasamos por momentos en los que no parecemos sentir que nuestro padre está muy contento. Tal vez nos vemos como hombres autónomos que no le deben nada a nuestro padre. Quizás no experimentamos el amor de nuestro padre, y la sola idea de ser amado resulta ridícula. A lo mejor,  en lugar de las palabras reales de Jesús, escuchamos: «Este es mi hijo desobediente, del quien estoy muy decepcionado». Sin embargo, sabemos que somos bautizados en Cristo y compartimos su identidad como el hijo amado. Ser hijos amados es la base de nuestra identidad. El hecho concreto es que nuestro Padre celestial esté muy complacido con nosotros.

Reto del Capellán Supremo Arzobispo William E. Lori:

Este mes los reto a que escuchen al Padre Celestial diciendo estas palabras, de manera personal, a cada uno de nosotros, «ustedes son mis hijos amados», y reflexionemos sobre nuestra identidad en él. Les recomiendo que lo hagan, si es posible, en adoración. En segundo lugar, los reto a pasar tiempo con alguien que los ame incondicionalmente. Pregúnteles porqué. Sus respuestas deberían darles una pequeña idea del amor incondicional de Dios por nosotros.