Caballaros de Colón

Lectura

Creados iguales

Impresor Favorable Impresor Favorable
1/18/2013

En 1924, las leyes Jim Crow aún no se aplicaban en muchos lugares de Estados Unidos. Martin Luther King Jr. aún no había nacido, y el apogeo del movimiento de los derechos civiles no llegaría sino 40 años después. Sin embargo, fue en esa época cuando los Caballeros de Colón encargaron y publicaron The Gift of Black Folk: The Negroes in the Making of America escrito por el famoso defensor de los derechos civiles W.E.B. Dubois.

The Gift of Black Folk presenta las diversas aportaciones de afroamericanos desde los primeros asentamientos coloniales, pasando por la Primera Guerra Mundial y hasta principios de los años 1920. Es un valioso recurso para todos los interesados en la historia de los negros, y está repleto de historias y anécdotas conmovedoras.

Cuando en 1924 se publicó por primera vez The Gift of Black Folk, muchos en Estados Unidos aún no habían aceptado la noción de que gente de todas las razas ayudó a establecer y fortalecer su nación. Para millones, el ideal “de que todos los hombres son creados iguales” era más una declaración filosófica que una realidad práctica, especialmente para aquellos de ascendencia africana.

El libro fue innovador y fue visto como una importante contribución a la historia de los negros y a la tolerancia racial. La reseña del libro de Oakland Tribune, publicada el 31 de agosto de 1924, afirmaba: “El libro es una de las más valiosas contribuciones a la literatura estadounidense publicada en una década, cuyo resultado debería ser la creación de un mejor entendimiento entre las razas. Prueba que los negros (sic) tienen el derecho de ser considerados y tratados como ciudadanos estadounidenses”.

Hoy esta última frase parece obvia, pero en 1924 el clima social de Estados Unidos era muy diferente. En esa época, Alfred E. Smith, un católico y Caballero, se encontró con una fuerte oposición cuando se postuló para presidente en las primarias demócratas. Después de que Smith se convirtiera en el nominado demócrata cuatro años después, fue recibido por las cruces en llamas del Ku Klux Klan – cuyo blanco eran los católicos, además de los negros, los judíos y otras minorías – cuando su tren entró a la Ciudad de Oklahoma.

En el escenario de la intolerancia generalizada, la Convención Suprema de 1921 había adoptado previamente la resolución, presentada inicialmente por el Maestre del Cuarto Grado John Reddin, de establecer la Comisión Histórica de Caballeros de Colón. El propósito de la comisión era combatir la historia revisionista de la época, que tendía a excluir a los grupos minoritarios del registro de los logros históricos. El proyecto fue supervisado por Edward McSweeney, quien sirvió como asistente del Comisionado de Inmigración de Estados Unidos en la Isla Ellis de 1893 a 1902.

Además de The Gift of Black Folk, se publicaron otros libros como parte de la serie de la contribución racial de los Caballeros. Como a principios del Siglo XX en Estados Unidos prevalecía el antisemitismo, y como después de la Segunda Guerra Mundial se desconfiaba de los germanoamericanos, la Orden también publicó Los judíos en la construcción de Estados Unidos por George Cohen y Los Alemanes en la Construcción de Estados Unidos por Frederick Schrader. Sin embargo, incluso antes de esta serie de libros, los Caballeros llevaban ya tiempo activos en el desarrollo de las relaciones interraciales.

La Historia de Caballeros de Colón, publicada en 1897 por William O’Neill, narraba la creación del Consejo Philip Sheridan 119 en Southboro, Mass. Antes de unirse a los Caballeros y formar el consejo, los hombres de Southboro habían pertenecido a la sociedad Literaria John Boyle O’Reilly, que había elegido como presidente a un hombre negro. O’Neill advirtió esto y escribió que los hombres de Southboro “en este acto reflejaban los principios de la Iglesia Católica, que reconoce todos los colores y razas como hijos de Dios”.

Dos décadas más tarde, durante la Primera Guerra Mundial, los Caballeros fueron los pioneros del programa “Cabañas del Ejército”, un precursor de las Organizaciones de Servicio Unido (USO, por sus siglas en inglés). Los Caballeros brindaron cuidado y consuelo a las tropas en bases militares en Estados Unidos y Francia, sin importar la raza, el credo o la religión.

El libro El afroamericano en la Gran Guerra, publicado en 1919, alabó especialmente la forma en que los Caballeros lidiaron con los problemas raciales. Su autor, Emmet J. Scott, era un afroamericano que sirvió como adjunto especial de la Secretaría de Guerra de EE.UU. Escribió sobre los Caballeros: “Otra organización rindió un gran servicio para consolar a los soldados negros en el frente. Fue Caballeros de Colón, una sociedad católica, que tiene el mérito, a diferencia de otras organizaciones de bienestar social que operaban en la guerra, de no trazar nunca una línea de color”.

LUCHAR CONTRA LA INJUSTICIA
Después de la Primera Guerra Mundial, la Orden siguió asistiendo a las tropas organizando clases vocacionales para conseguir trabajo para los veteranos que volvían, sin importar su raza. Y cuando los Caballeros encargaron y publicaron The Gift of Black Folk cinco años después, la labor de la Orden por la igualdad racial distaba mucho de llegar a su fin.

Abundan historias de consejos y miembros individuales, como la del Padre William Ryan, que trabajaba en la comunidad negra. El Padre Ryan, un Oblato de María Inmaculada, no solo sirvió en su ministerio a los afroamericanos en el sur, sino que también marchó junto al Dr. Martin Luther King Jr.

John W. McDevitt, quien sirvió como el 11º Caballero Supremo de la Orden de 1964 a 1977, también hizo mucho para fomentar la causa de la igualdad racial. Cuando se hizo obvio que algunos consejos locales dudaban en incluir miembros negros, McDevitt enmendó los estatutos de la Orden para evitar que cualquier consejo restringiera la membresía de afroamericanos.

En 1964, McDevitt fue informado que el hotel en el que tendría lugar la Convención Suprema en Nueva Orleans no permitía el ingreso de afroamericanos. Inmediatamente amenazó con desplazar el evento a otro lugar si el hotel de la convención no se integraba. El hotel lo hizo, y McDevitt sentó a un sacerdote negro en el estrado durante la Cena de Estados como señal de su compromiso – y el de los Caballeros - con la igualdad racial.

A medida que avanzaba el movimiento de los derechos civiles, los Caballeros estuvieron orgullosos justificadamente de su innovadora labor en el área de la tolerancia racial. Al hablar en 1970 – solo seis años después de que se aprobara la Ley Sobre Derechos Civiles en Estados Unidos – el Arzobispo Paul F. Leibold de Cincinnati, dijo al Consejo St. Martin de Porres 5624 que la organización nacional de Caballeros de Colón “nunca aprobó el mal del racismo”. Citando The Gift of Black Folk, el arzobispo señaló que el libro fue publicado “décadas antes de que fuera tan popular subirse al carro [de los derechos civiles]”.

Hoy continúa el compromiso de la Orden con la igualdad racial, y los afroamericanos y otras minorías mantienen posiciones de liderazgo en toda la organización.