Caballaros de Colón

Lectura

Palabras de bienvenida — Celebración de Nuestra Señora de Guadalupe

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8/6/2012

Monseñor José H. Gomez
Arzobispo de Los Angeles
 

Los Angeles Memorial Coliseum
Los Angeles, California
5 de agosto del 2012

¡Guadalupanos: los saludo con afecto!

Es una gran alegría darles la bienvenida a esta hermosa celebración de nuestra fe en Nuestra Señora de Guadalupe.

Bienvenidos a la celebración Guadalupana! ¡Qué alegría reunirnos como familia de fe a celebrar a nuestra Madre Santísima de Guadalupe! 

Quisiera expresar públicamente mi agradecimiento a Carl Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colón, y a todos los Caballeros de Colón. Han sido muy generosos y muy apostólicos al patrocinar, junto con nuestra Arquidiócesis de Los Angeles, este hermoso evento.

Y esto nos hace recordar que los Caballeros de Colón siempre han tenido un profundo amor a nuestra gente de México y un intenso celo por la “misión continental” de la nueva evangelización.

Hoy, en nombre de todos nosotros, agradezco a los Caballeros de Colón por todo lo que han hecho en el último siglo: propagar la fe en Jesucristo, defender a su Iglesia, e inspirar el amor a Nuestra Señora de Guadalupe.

Una palabra de agradecimiento al Sr. Carl Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colon y a todos los Caballeros de Colon por su amor a Dios y su devoción a Santa Maria de Guadalupe y especialmente por todo su apoyo y ayuda en esta celebración Guadalupana.

Pues mis queridos Guadalupanos: hoy estamos aquí.

Estamos aquí para agradecer a nuestra Madre.

Nuestra Señora de Guadalupe no es únicamente la Madre del pueblo de México. ¡Es la Madre de todos los pueblos de las Américas! Es la Nueva Eva. ¡Es la Madre de todos los vivientes!1; ¡Es nuestra Madre!

Ella ha estado con nosotros desde el inicio de nuestra jornada en esta vida y aún está cuidando de nosotros y de nuestras familias, con su tierna mirada y sus ojos amorosos. Ella nos guía y nos protege en todos los desafíos y alegrías de nuestras vidas.

¡Nuestra Señora de Guadalupe nunca nos dejará! ¡Ella estará con nosotros cuando por primera vez abramos los ojos en el cielo!

El día de hoy le pedimos a Nuestra Señora que impulse nuestros corazones a una nueva conversión, a un amor más profundo por su Hijo Divino, Jesucristo, a una nueva obediencia de fe para que vivamos realmente según su enseñanza y ejemplo.

Le pedimos a Nuestra Señora de Guadalupe que nos ayude hoy a comprometernos una vez más en la misión evangelizadora de la Iglesia Católica. La Misión Continental de la nueva evangelización en el siglo XXI.

Le pedimos a Nuestra Señora de Guadalupe que nos impulse a hacer un nuevo compromiso con la responsabilidad en la misión de su Iglesia Católica. La misión continental de la nueva evangelización.

Estamos llamados a llevar el mensaje de Nuestra Señora de Guadalupe a nuestro mundo, hoy,  para que Jesucristo viva en los corazones de todos los que tienen hambre de Dios.

Por eso, en estos momentos, mis hermanos y hermanas, debemos disponer nuestra mente y corazón para que podamos rezar juntos el santo rosario de la Virgen María, como una familia de Dios.

Nuestro amado beato Juan Pablo II decía que cuando rezamos el Rosario contemplamos los misterios de Jesucristo a través de los ojos de su Madre.

Mientras rezamos, tratemos de poner nuestros ojos fijos en Jesucristo. Tratemos de acudir “a la escuela de María” para que podamos “contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor”2.

Nos preparamos para el rezo del rosario pidiendo la gracia de ser fieles Guadalupanos. Pidamos la fortaleza para hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas y ¡que la Virgen de Guadalupe nos acompañe siempre!

Pidamos en este Rosario la gracia de ser buenos Guadalupanos. Pidamos la fortaleza para hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas y que ¡la Virgen de Guadalupe nos acompañe siempre!

¡Que viva la Virgen de Guadalupe!
¡Que viva san Juan Diego!
¡Que viva Cristo Rey!
¡Que viva la Virgen de Guadalupe!

 

1.Gn 3,20.

2. Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, Carta apostólica, Sobre el santo rosario, 2002, 1.