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Una Iglesia de Mártires

9/1/2016

por Alex Jensen

Sembrado por laicos y cultivado por mártires, el catolicismo en Corea floreció en medio de una violenta persecución

Un cuadro representa a los 103 mártires de Corea que fueron canonizados por el Papa Juan Pablo II en Seúl, Corea, el 6 de mayo de 1984. Los santos mártires incluyen a 92 hombres y mujeres laicos, 10 misioneros franceses y el primer sacerdote indígena de Corea, San Andrés Kim Taegon, retratado con las manos juntas en el centro.

En una tibia tarde de domingo en Seúl, la gente se reúne en serenos jardines esculpidos en la colina que domina el Río Han, donde se aleja de la capital de Corea del Sur serpenteando hacia el oeste. Los autos forman una interminable procesión a lo largo de una autopista que sigue el Han, con los pasajeros aparentemente inconscientes del abrupto promontorio que se yergue sobre ellos, Es Jeoldusan – la Montaña de las Decapitaciones – donde en 1866 la persecución de Byeongin tiñó de rojo las aguas del río con la sangre de los mártires.

Los visitantes del Santuario de los Mártires de Jeoldusan posan para tomarse fotografías junto a una estatua que representa a San Andrés Kim Taegon, el primer sacerdote indígena del país. Fue decapitado a la edad de 25 años en 1846, y él y 102 mártires más son honrados cada año en el día de la fiesta de los Mártires Coreanos el 20 de septiembre.

A partir de 1791, se calcula que unos 10,000 coreanos fueron asesinados por su fe en los cinco periodos principales de persecución durante casi un siglo. El primer cristiano fue bautizado en China en 1784, y había ya miles de creyentes coreanos para cuando llegó el primer sacerdote en 1795.

“A partir de esta buena semilla nació la primera comunidad cristiana de Corea, una comunidad única en la historia de la Iglesia, ya que fue fundada enteramente por laicos”, dijo el Papa Juan Pablo II en su homilía de la canonización de los 103 mártires coreanos en Seúl en 1984. “Esta Iglesia naciente, tan joven y sin embargo tan fuerte en la fe, soportó oleada tras oleada de una feroz persecución.”

Actualmente, la Iglesia de Corea del Sur alberga a más de 5.6 millones de católicos bautizados. Y la población católica del país, en rápido crecimiento, incluyendo a los miembros de los consejos de Caballeros de Colón que acaban de recibir sus cédulas, todavía se inspira en el testimonio de los mártires.

EL ESPÍRITU SANTO EN EL REINO DEL ERMITAÑO

La llegada del catolicismo al Reino de Joseon, como llamaban a Corea hasta 1897, sucedió a pasar de circunstancias de lo menos hospitalarias. Corea era conocida como el “reino del ermitaño” por sus políticas aislacionistas tras las invasiones japonesas y manchús durante los siglos XVI y XVII.

A pesar de este aislamiento, llegaron libros de China a los estudiosos coreanos. Obras católicas, llevadas por misioneros europeos y traducidas en China, se encontraban entre las que encendieron la chispa del catolicismo; en 1784, Pedro Yi Seung-hun, el primer coreano que fue bautizado, buscó el sacramento de los misioneros en Beijing.

El Padre Jesuita Jean-Mathieu de Ventavon conoció allí a Yi Reung-hun, y lo describió como “una persona a quien quizás Dios ha criado para difundir la luz del Evangelio en un reino donde no se sabe que haya penetrado jamás ningún misionero”. Al regresar a su casa, Yi Seung-hun comenzó a evangelizar y bautizar a otros, a pesar de que el catolicismo había sido declarado ilegal en Corea por el Rey Yeongjo en 1758 y que los textos occidentales habían sido proscritos en 1776.

La comunidad católica de Yi Seung-hun prosperó, aunque habría de esperar una década antes de tener un solo sacerdote para atenderla.

“Fue un movimiento santificado”, dijo el misionero Maryknoll Padre Gerald Hammonf, quien ha tenido su base en Corea del Sur desde 1960 y sirve como capellán del Consejo Bishop John J. Kaising 14223 en la Guarnición Militar de Yongsan en Seúl. “Leían las Escrituras y trataban de llevarlas a la práctica. Aunque no tenían una estructura formal, era algo profundamente espiritual.”

Para el Reino de Joseon, el cristianismo planteaba la doble amenaza de ser tanto extranjero como un reto para una sociedad basada en los ideales del Neo Confucionismo. El primer informe oficial de opresión relata la dispersión de una reunión privada en 1785, cuando funcionarios del Ministerio de Justicia incautaron un crucifijo y otros objetos de una casa de la capital cerca de donde hoy se encuentra la Catedral Myeongdong.

Seis años más tarde, por primera vez el reino ejecutó a católicos por su fe. Los primos Pablo Yun Ji-chung y Santiago Lwon Sang-yeon fueron denunciados por sus parientes por haber dejado de celebrar los ritos ancestrales, lo cual se consideraba un acto escandaloso de rebelión.

El Papa Francisco beatificó a Yu, a Kwon y a 122 más durante su visita a Corea en agosto de 2014. Más de 800,000 testigos estaban presentes cuando el Papa dirigió la ceremonia justo delante de la reja principal de lo que había sido el palacio real de Joseon, Gyeongbokgung.

“La victoria de los mártires, su testimonio del poder del amor de Dios, sigue rindiendo frutos hoy en Corea, en la Iglesia que recibió crecimiento de su sacrificio,” dijo el Santo Padre a la multitud.

El martirio de Yun y Kwon tuvo también un impacto inmediato. Tras recibir una toalla empapada en sangre de sus ejecuciones, el obispo de Beijing envió a un sacerdote chino, Santiago Zhou Wen.Mo, a tiempo para celebrar la primera Misa Pascual en 1795.

El nuevo siglo anunciaba una época aún más peligrosa para los católicos coreanos y sus sacerdotes misioneros. En el trono se sentaba un nuevo monarca: el Rey Sunjo, de 11 años. Espoleado por la Reina Viuda Jeongsun, con un decreto real de 1801 exigió que se informara sobre todos los católicos de Joseon, lo cual llevó a una serie de ejecuciones y expulsiones despiadadas.

El Padre Zhou – que también fue beatificado por el Papa Francisco – fue decapitado ese año, junto con Pedro Yi Seung-hun y cientos de otros.

Los fieles se dispersaron para formar aldeas aisladas, donde algunos vivían según una estructura igualitaria más conforme a los Hechos de los Apóstoles que a la estructura social de Joseon. La nobleza y los campesinos se encontraron en una posición de igualdad por primera vez, pero también sufrieron una persecución indiscriminada. Hombres, mujeres y niños fueron asesinados en purgas posteriores hasta finales del siglo XIX.

A principios del 1863, estas comunidades laicas fueron fortalecidas por miembros de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París. El Padre Hammond conserva una gran admiración por esos primeros sacerdotes franceses.

“Sabían que serían martirizados, dijo. Influyó en nosotros. No todos tienen la gran gracia del martirio, pero debemos tener el sentido de los mártires y estar dispuestos a realizar un sacrificio.”

AGONÍA EN EL JARDÍN

Este año, la Iglesia de Corea conmemora el 150o aniversario de la persecución de Byeongin, el último periodo y el más mortífero de la opresión de Joseon, que cobró miles de vidas a lo largo de siete años. Las representaciones de la matanza de Jeoldusan muestran a los mártires alineados en la cima de la montaña, esperando la espada, mientras los cuerpos decapitados de los que les precedieron flotan en el río debajo de ellos.

Una carta pastoral emitida por la Conferencia de los Obispos Católicos de Corea en marzo señala que este aniversario coincide conel Año Jubilar de la Misericordia: “Es muy significativo el hecho de que la Iglesia Católica de Corea celebre su Jubileo, porque los mártires son los que perdonaron a sus persecutores y rezaron por ellos. Experimentaron profundamente la economía del amor divino y la misericordia, aún ante su muerte.”

El amor de Cristo de los mártires está ejemplificado por San Andrés Kim Taegon, uno de los 103 católicos Coreanos canonizados en 1984 por el Papa Juan Pablo II.

Días antes de su ejecución, el joven sacerdote dirigió una de sus últimas cartas de prisión a sus compañeros católicos.

“¡Mis amigos! En este difícil momento, debemos ser firmes como valientes soldados completamente armados en el campo de batalla", escribió. "A pesar de que se encuentran separados, hagan una cuerda... Dios pronto les enviará un mejor pastor que yo. Así que no se aflijan, sino practiquen una mayor caridad y sirvan al Señor para que podamos reunirnos de nuevo en la mansión eterna de Dios”.

Este sacrificio es una inspiración intemporal, según el Reverendísimo Francisco Xavier Yu Soo-il, obispo del Ordinariato Militar de Corea y un miembro fundador del Consejo St. Andrew Kim Taegon 16000. .

“Tenemos una gran deuda con este martirio y su espiritualidad, dijo el Obispo Yu. Claro que fueron los laicos católicos quienes construyeron la Iglesia Coreana, lo cual es muy especial, pero San Andrés Kim Taegon es en cierto sentido su segundo fundador.”

El legado de caridad del santo sigue creciendo, y el consejo no militar de Caballeros de Colón en Corea del Sur tomó su nombre.

Pablo Moon Chan-woong, Secretario Financiero del Consejo San Andrés Kim Taegon 16000, ayuda a supervisar el amplio rango de esfuerzos caritativos locales del consejo.

“Hace doscientos años, el Rev. Kim inspiró una fuerte fe, unidad y caridad en su gente”, dijo. “Sus palabras acerca de ‘una cuerda’ nos recuerdan el principio de la Orden de unidad, por lo tanto, nuestros miembros del consejo siempre están armados con estos maravillosos valores espirituales”.

Entre sus iniciativas de caridad, el Consejo 16000 da arroz a instituciones que atienden a los trabajadores migrantes, y ofrece becas y uniformes escolares cada semestre para los estudiantes cuyas familias están pasando por dificultades después de llegar a Corea del extranjero.

Los retos actuales de Corea provienen de una historia difícil. Después de que se otorgó a los católicos la libertad religiosa en 1882, la región cayó bajo el poder de Japón a principios del siglo XX. Luego vino el desmembramiento de la península y la guerra de Corea de 1950-53, un conflicto que aún no se resuelve.

La Iglesia fue muy acreditada por la luz que derramó durante los conflictos del siglo XX, incluyendo el proceso democratizador de la posguerra en Corea del Sur. Se espera que los católicos puedan seguir haciéndolo para los que viven en el norte.

El Padre Hammond ha visitado Corea del Norte más de 50 veces desde mediados de la década de 1990, a pesar de la notable carencia de libertad religiosa de este estado tan aislado. La Iglesia del Sur afirma que existen 52,000 católicos que mantienen su fe en silencio en esa región, repitiendo la experiencia de Joseon del siglo XIX.

“Los católicos de Corea del Norte van a dar a la cárcel junto con toda su familia, dijo el Padre Hammond. Ni siquiera pueden confesarse. Pero se puede ver en sus rostros si son verdaderos católicos. O cuando te dan la mano, la aprietan quizás un poco, o incluso están llorando.”

El Padre Hammond, quien ha recibido el agradecimiento personal del Papa Francisco por sus esfuerzos, ha negociado en ocasiones el derecho a decir plegarias cuando visita a los enfermos durante lo que él llama un “apostolado de presencia”.

Durante un desplazamiento en auto en cierta ocasión, su chofer de Corea del Norte rompió el protocolo al reconocer un rosario como “algo que vio alguna vez en posesión de su abuela.”

El más reciente, el Cardenal Andrés Yeom Soo-jung, escribió en 2010 que la historia de Corea del Norte es “un relato de gente ordinaria que hace cosas extraordinarias.


ALEX JENSEN es un periodista de medios electrónicos y escritor basado en Seúl. Está casado con cuatro hijos, y se convirtió al catolicismo después de mudarse a Corea del Sur desde Gran Bretaña en 2010.