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Familias Santas y Amorosas

9/1/2015

por Carl A. Anderson, Caballero Supremo

La familia cristiana debe ser apoyada en su papel fundamental para la vida y misión de la Iglesia

Carl A. Anderson

Carl A. Anderson

AL FUNDAR Caballeros de Colón, el Padre Michael J. McGivney trató de responder a la crisis en la vida de la familia que afectaba a los católicos de los Estados Unidos en el siglo XIX. De joven, él fue testigo de primera mano de los retos que su madre viuda tuvo que encarar con siete hijos en casa. Más tarde, como sacerdote, enfrentó diariamente los problemas que afectaban a las familias inmigrantes de su parroquia, como son la pobreza, el alcoholismo, los prejuicios anticatólicos y la discriminación.

La visión del Padre McGivney para la vida familiar no era simplemente de que cada familia pudiera encontrar ayuda financiera y material, especialmente en caso de la muerte de un miembro. Sino que también entendió que la santidad es el llamado de todos los cristianos bautizados. Y como sus dos hermanos lo siguieron en el sacerdocio, podemos entender cuán importante era el “santuario del hogar” en la vida de la familia McGivney.

Cuando las familias cristianas responden con fe a los designios del Creador, llegan a ser una “iglesia doméstica” que, como explicaba el Beato Paulo VI, refleja “varios aspectos de la Iglesia entera”. Desde el Concilio Vaticano Segundo, y especialmente durante el pontificado de San Juan Pablo II, ha llegado a ser claro que “la familia es el camino de la Iglesia” (Carta a las Familias).

En cierto sentido, esto significa que la familia es el objeto de la evangelización y de los esfuerzos pastorales de la Iglesia. Pero la familia cristiana tiene su propia misión. Como San Juan Pablo II escribió en Familiaris Consortio “La familia tiene la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor” (17). La misión surge desde la “comunidad de vida y amor” que empieza con la pareja casada en el sacramento del matrimonio.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “el amor conyugal implica una totalidad, en la cual participan todos los elementos de la persona”. “Su objetivo es una unidad profundamente personal, una unidad que, más allá de la unión en una carne, se dirija a formar un corazón y alma” (1643). En otras palabras, el sacramento del matrimonio involucra no sólo un acuerdo entre los esposos sino una transformación radical de los esposos.

Como el Papa Benedicto XVI escribió en Deus Caritas Est “el matrimonio basado en un exclusivo y definitivo amor se convierte en el ícono de la relación entre Dios y su pueblo y viceversa. La forma de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano” (11).

De esta manera, el testimonio del esposo y la esposa en la vida cotidiana de la familia puede custodiar, revelar y comunicar el amor mientras ellos hacen suyos los dones del matrimonio: unidad, indisolubilidad, fidelidad, y apertura a una vida nueva.

Un documento reciente del Vaticano sobre el papel y misión de la familia observó que es necesario entender mejor la “dimensión misionera de la familia como iglesia doméstica” y que “la familia necesita ser redescubierta como el agente esencial en la labor de evangelización”.

Estas observaciones hacen eco de las palabras de San Juan Pablo II durante la reunión de los obispos de Latinoamérica en Puebla, México, en 1979. “En el futuro”, dijo, “la evangelización dependerá en gran medida de la iglesia doméstica”.

Cuando consideramos la misión de la familia en este sentido, es evidente que el papel de la familia en la labor de evangelización no es principalmente una cuestión de programas, proyectos y estrategias. Estos tienen su lugar, por supuesto, pero son secundarios y deben servir para lo esencial: el amor entre el matrimonio, que ha sido elevado en y por el amor de Cristo y debido a eso, es ahora capaz de transformar la vida de su propia familia.

Durante el próximo año fraternal, promoveremos dos iniciativas para fortalecer la vida de la familia católica. La primera es Construyendo la Iglesia Doméstica: la Familia Plenamente Viva, un programa de oración familiar, meditación y Sagradas Escrituras. El segundo es el programa del Ícono de la Sagrada Familia Peregrina.

El Papa Francisco ha mencionado la necesidad de “familias santas y amorosas que protejan la belleza y la verdad de la familia en el plan de Dios y que sean ejemplo para otras familias”. Construyendo la Iglesia Doméstica y la devoción a la Sagrada Familia son dos formas en que Caballeros de Colón, en solidaridad con el Papa Francisco, puede apoyar a las “familias santas y amorosas” para la misión de evangelización de la Iglesia.

¡Vivat Jesus!