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Guía sobre Nuestra Iglesia Doméstica

5/1/2016

por Carl A. Anderson, Caballero Supremo

El nuevo documento del Papa Francisco nos proporciona una guía segura para desarrollar la vida en familia

Carl A. Anderson

EL MES PASADO, el Papa Francisco publicó uno de los más importantes documentos de su pontificado: Amoris Laetitia (La alegría del amor). En los próximos días, se escribirá mucho sobre esta exhortación apostólica post-sinodal, pero por lo pronto puede afirmarse lo siguiente: Amoris Laetitia es nuestro manual para forjar la familia católica como una iglesia doméstica. Además, es la guía para la nueva iniciativa de nuestra Orden: Construir la Iglesia Doméstica Reforzando Nuestra Parroquia.

En el documento, el Papa Francisco nos recuerda ver a la familia como ese santuario de vida y amor que está en el corazón de la iglesia doméstica: “La capacidad de las parejas humanas de engendrar vida es la senda por la que la historia de la salvación avanza”, escribe. “Visto de esta manera, la fructífera relación de la pareja se convierte en una imagen para comprender y describir el misterio de Dios mismo, ya que en la visión cristiana de la Trinidad, Dios se contempla como Padre, Hijo y Espíritu de amor. El Dios trino es una comunión de amor y la familia es su vivo reflejo. San Juan Pablo II arrojó luz sobre esto cuando dijo: ‘Nuestro Dios, en su más profundo misterio, no es soledad sino una familia, porque Él tiene dentro de sí mismo la paternidad, la filiación de hijo y la esencia de la familia, que es el amor. Ese amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo’” (Amoris Laetitia, 11).

El Papa Francisco también reafirmó sólidamente la ense ñ anza del Beato Paulo VI en Humanae Vitae sobre “el vínculo intrínseco entre el amor conyugal y la generación de amor” (68).

Más adelante el Santo Padre recordó la ense ñ anza de San Juan Pablo II en su catequesis sobre el amor humano en su Carta a las Familias y Familiaris Consortio, cuando mencionó que a través de estos documentos su predecesor había “definido la familia como ‘el camino de la Iglesia’” (69).

Claramente, el Papa Francisco también está presentando a la familia como “el camino de la Iglesia”, al tiempo que enfatiza la necesidad de una mayor atención pastoral a las familias.

En Amoris Laetitia, describe a la Iglesia como “una familia de familias” (87). Esto es especialmente cierto en el caso de nuestras iglesias parroquiales, además de que constituye la premisa fundamental subyacente a nuestra iniciativa Construir la Iglesia Doméstica Reforzando Nuestra Parroquia.

El pasado mes de diciembre, cuando el Capellán Supremo y yo discutimos nuestro programa para Construir la Iglesia Doméstica con el Papa Francisco, él nos alentó a continuar esta iniciativa para fortalecer la vida familiar, en especial animando a más familias a ser activas en sus parroquias.

Los consejos de Caballeros de Colón, basados en sus parroquias, están en una posición ideal para hacer esto. Amoris Laetitia nos invita a desarrollar un nuevo “apostolado familiar” fundamentado en ‘el testimonio gozoso como iglesias domésticas’ que por las familias transmiten (200). Esto es especialmente importante para los esposos y padres jóvenes.

El Papa Francisco nos está animando a redoblar nuestros esfuerzos para fortalecer la vida familiar. El punto central de esos esfuerzos está en nuestra nueva iniciativa de consagrar a la familia a la Sagrada Familia.

Amoris Laetitia concluye con esta oración:

“Sagrada Familia de Nazareth, concédenos que nuestras familias también sean lugares de comunión y oración, auténticas escuelas del Evangelio y peque ñ as iglesias domésticas.

“Sagrada Familia de Nazareth, que las familias nunca más experimenten violencia, rechazo ni división, que todos a quienes se ha lastimado u ofendido encuentren pronto consuelo y sanación.

“Sagrada Familia de Nazareth, haznos conscientes una vez más de la santidad e inviolabilidad de la familia, y de su belleza en el plan de Dios”.

Pido que hagamos nuestra esta oración y que agreguemos: “Sagrada Familia de Nazareth, concede que Caballeros de Colón sea un lugar donde las familias experimenten la alegría del Evangelio, crezcan como santuarios de amor y vida, y como verdaderas iglesias domésticas que sean testigos de la belleza de la familia en el plan de Dios”.

¡Vivat Jesus!