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Un ’fuego profético de caridad’

8/1/2016

por Carl A. Anderson, Caballero Supremo

El trabajo continuo de la Orden asevera la vocación y la misión de los laicos en la Iglesia

Carl A. Anderson

Carl A. Anderson

EN JUNIO de este año, tuve el privilegio de asistir a la 28a asamblea plenaria del Consejo Pontificio para los Laicos. El Papa Benedicto XVI me había nombrado miembro del consejo y el Papa Francisco me volvió a nombrar.

Al principio de la reunión, el presidente del consejo, el Cardenal Stanislaw Ryłko mencionó que el Papa Francisco nos recordó recientemente una frase que fue popular luego del Concilio Vaticano Segundo: “Es la hora de los laicos”. Pero después, el Papa agregó, “pareciera que el reloj se ha parado”.

A su manera directa, y en ocasiones provocativa, el Santo Padre estaba planteando la cuestión de si los laicos en la actualidad están a la altura de su vocación y misión en la Iglesia. Después dijo que a los laicos se les llama a muchas iniciativas para que exhiban “la audacia necesaria para permitir que se lleven las Buenas Nuevas del Evangelio a todas las áreas de la esfera social y, sobre todo, política.

El Papa Francisco rechaza una visión que minimiza el papel de los laicos y que “poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar”.

Al reflexionar sobre estas palabras, el Cardenal Ryłko declaró, “la Iglesia misionera, una Iglesia que sale con valentía a las periferias del mundo, ve la necesidad urgente de reavivar el fuego que motivaba la vida de los profetas. Para poder llegar a esto, ¡los cristianos laicos deben redescubrir la belleza de su vocación profética en el mundo! Deben dejarse encender por este fuego y fervor misionero”.

Evidentemente, esto nos da mucho en qué pensar. Sin embargo, lo primero que podemos decir es que el reloj no se ha parado para los Caballeros de Colón. Al contrario, como la principal organización de hombres católicos en el mundo, de muchas formas, nosotros estamos adelantados.

En otras palabras, seguimos levantando “el fuego profético” que llama a los católicos a testimoniar.

Nuestra Iniciativa de Ultrasonido, por ejemplo, ha colocado 600 máquinas para ultrasonido de última generación en centros de orientación de embarazo que están salvando miles de vidas cada mes.

Nuestros programas para fortalecer la vida familiar católica, tal como Construyendo la Iglesia Doméstica, la Familia Plenamente Viva; la Hora Santa de la Sagrada Familia; y la consagración familiar a la Sagrada Familia ayudarán a desarrollar una red de parroquias apropiadas para la familia en todos los países en los que estamos activos. Estos programas motivarán a millones de familias, muchas de las cuales están heridas y en apuros, a vivir con plenitud la alegría del Evangelio.

Nuestros esfuerzos para proteger la libertad religiosa y acabar con el flagelo del genocidio cristiano ya han obtenido resultados importantes, no solo en los tribunales, sino también en el Congreso de Estados Unidos y el Departamento de Estado. Y nos hemos convertido en líderes en la provisión de ayuda directa y sensibilización sobre los refugiados cristianos perseguidos en el Medio Oriente.

Cada año, patrocinamos miles de programas de inspiración local realizados por los consejos a nivel parroquia que mejoran las vidas de millones de personas.

Y todo esto es el legado de nuestro fundador, el Venerable Padre Michael J. McGivney, cuya genialidad espiritual inspiró a generaciones de hombres católicos a avanzar con valor y enfrentar sus desafíos cotidianos viviendo con los principios de caridad, unidad y fraternidad de una manera claramente católica.

El fuego profético del que habla el Papa Francisco sigue brillando en los corazones de nuestros hermanos Caballeros alrededor del mundo. Ese fuego enciende en ellos un auténtico sentido de caridad católica, una caridad que evangeliza y trae, de manera muy concreta, una luz a las naciones.

¡Vivat Jesus!