En días recientes, muchos católicos y otras personas de buena voluntad han quedado profundamente decepcionados por los comentarios despectivos dirigidos al papa León XIV por parte del presidente de los Estados Unidos. El Sucesor de San Pedro no es un político, es el Vicario de Cristo, encargado de proclamar el Evangelio y apacentar almas.
Caballeros de Colón siempre ha estado en solidaridad con el Santo Padre, reconociendo en él a un padre espiritual que llama al mundo, no a la división, sino a la unidad; no al conflicto, sino a la paz. En este momento, reafirmamos ese compromiso con claridad y convicción.
Al mismo tiempo, reconocemos que los católicos fieles pueden y se involucran vigorosamente en la esfera pública, y que las naciones tienen el derecho y el deber de salvaguardar la seguridad de su propio pueblo, siempre en conformidad con las exigencias de la justicia y la búsqueda de la paz. La Iglesia no pide a los católicos que se aparten de la vida cívica, sino que se involucren en ella y la enaltezcan, aportando a nuestro diálogo cívico la luz de la verdad, el respeto por la dignidad de cada persona humana y una preocupación inquebrantable por el bien común.
El Papa León XIV ha llamado coherentemente a la paz, al diálogo y a la moderación en un mundo marcado por la guerra y el sufrimiento. Las palabras del Santo Padre no son argumentos políticos; son reflexiones del propio Evangelio. Ya sea que uno esté de acuerdo o en desacuerdo con determinadas opiniones sobre políticas públicas, la voz profética del Santo Padre merece ser escuchada con respeto y acogida con seriedad.
Como Caballeros, estamos llamados a ser hombres de unidad, siendo seguidores de Cristo y ciudadanos patrióticos. Aliento a todo Caballero de Colón a orar por el Santo Padre, a orar por los líderes cívicos y a orar por la paz y por quienes trabajan para alcanzarla. Y renovemos nuestro compromiso con la caridad en nuestro discurso público. Que se nos reconozca, no por hacer eco de las divisiones de nuestro tiempo, sino por sanarlas. En momentos de tensión, el camino a seguir no es mayor conflicto, sino mayor fidelidad, a la verdad, a la caridad y al Evangelio.