Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. (Evangelio para el 19 de abril, Lc 24,35)
Los discípulos en el camino a Emaús no reconocieron a Jesús hasta que partió el pan. Jesús prometió que estaría siempre con nosotros, y la Eucaristía es el cumplimiento de esa promesa. Encontramos su presencia más profundamente en la Eucaristía, donde está verdaderamente presente —cuerpo, sangre, alma y divinidad— bajo la apariencia del pan y el vino. La experiencia de los discípulos en el camino a Emaús no fue una comida cualquiera, sino un Encuentro con Cristo, que nos invita también a nosotros a entrar en comunión con él a través de la Eucaristía.
Desafío del Capellán Supremo, Arzobispo William E. Lori:
Este mes, les reto a permanecer en oración y adoración durante varios minutos después de la misa para crecer en la conciencia de la verdadera presencia de Cristo en la Eucaristía.
Preguntas para la reflexión:
¿Eres plenamente consciente de que lo que recibes en la Eucaristía es el verdadero cuerpo y sangre de Cristo? ¿Sueles dar gracias en oración después de la comunión por este don inconmensurable? ¿Participas regularmente en la misa los domingos y días festivos? ¿Te esfuerzas por asistir con más frecuencia, para poder aprovechar las gracias de este gran sacramento?