El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es digno de mí. (Evangelio para el 28 de junio, Mt 10,38)
Nuestra condición humana caída implica una cierta medida de sufrimiento y pruebas. Nuestro compromiso como discípulos de Jesús, nos dice la Escritura, significa necesariamente tomar nuestra propia cruz de buen grado. Dios nos dará la fuerza para soportar todas las pruebas si permanecemos fieles, y nuestro sufrimiento puede resultar redentor si lo aceptamos y lo unimos a la pasión de Cristo. Esto no significa que no podamos tomar medidas para aliviar nuestro sufrimiento, pero estamos llamados a llevar con valentía nuestras cruces, incluso cuando nos enfrentamos a la persecución, y así participar en la obra salvadora de Cristo.
Desafío del Capellán Supremo, Arzobispo William E. Lori:
Este mes, les desafío a rezar cada día la Coronilla de la Divina Misericordia con la intención de unir sus sufrimientos diarios a la pasión de Cristo y en solidaridad con todos los cristianos perseguidos en todo el mundo.
Preguntas para la reflexión:
¿Llevas tu cruz voluntaria y decididamente o sientes que lo haces a la fuerza? ¿A quién recurres cuando necesitas ayuda con el peso de tu cruz? ¿A la oración y los sacramentos? ¿A tu familia, amigos y hermanos Caballeros?