“La gente que vivía en la oscuridad, ha visto una luz muy grande; una luz ha brillado para los que viven en lugares de sombras de muerte” (Evangelio para el 25 de enero, Mt 4,16)
¿Por qué alguien querría quedarse sentado en la oscuridad? Cuando está oscuro, normalmente buscamos una fuente de luz para poder ver y ser vistos. A menos que uno esté dormido, quien permanece en la oscuridad normalmente desea pasar desapercibido. Cuando nos sumergimos en el pecado sin arrepentirnos, entramos efectivamente en la oscuridad. Al igual que Adán y Eva después de la caída, nos escondemos de Dios. Pero Jesús nos llama a salir a la luz, invitándonos a arrepentirnos de nuestros pecados, para que podamos abrazar a Cristo, la luz del mundo, que nos conduce a la vida eterna.
Desafío del Capellán Supremo, Arzobispo William E. Lori:
Este mes, les desafío a que hagan un examen de conciencia todos los días —quizás utilizando la Guía para la confesión, publicada por el Servicio de Información Católica de la Orden (https://www.kofc.org/es/recursos/fe-formacion/recursos-de-fe/servicios-de-informacion-catolica/servicio-de-informacion-catolica/) y a que se confiesen al menos una vez.
Preguntas para la reflexión:
¿Cómo afecta a su perspectiva o comportamiento la práctica diaria del examen de conciencia? ¿En qué se parece una buena confesión a salir de la oscuridad y entrar en la luz? ¿De qué maneras puede ser un mejor testigo de la luz de la verdad?