Jesús les volvió a decir: “¡La paz este con ustedes!” Como el Padre me envió a mí, así los envió yo también. (Evangelio para el 24 de mayo, Jn 20,21)
Jesús nos envía al mundo, tal como el Padre lo envió a él. Jesús tenía una misión sagrada y divina: proclamar la Buena Nueva de la salvación y construir el reino de Dios, y nosotros estamos encargados de hacer lo mismo. Como sus fieles discípulos, continuamos su misión salvadora en la tierra, de acuerdo con nuestro estado de vida. No solo «recibimos» el Evangelio; nuestra misión es dar testimonio de la Buena Nueva con palabras y acciones, viviendo el Evangelio a través de nuestro ejemplo y acercándonos a los demás.
Desafío del Capellán Supremo, Arzobispo William E. Lori:
Este mes, les desafío a que dediquen unos minutos cada mañana a preguntarle a Jesús en oración cómo pueden usar sus dones para su misión, y a que establezcan una firme intención clara y específica (grande o pequeña) sobre lo que harán ese día en particular.
Preguntas para la reflexión:
¿Con qué seriedad se toman esta misión que Cristo les ha encomendado? ¿Qué les ha enviado Jesús específicamente a hacer al mundo? ¿Cómo pueden vivir mejor esta misión en el lugar de trabajo, en su vida familiar y a través de su participación en los Caballeros de Colón?